Opinión

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Qué es (y qué no es) un puerto inteligente

Publicado: 22/04/2026 · 06:00
Actualizado: 22/04/2026 · 06:00
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¿Contar con una terminal automatizada o una app corporativa basta para que un puerto pueda ser calificado como puerto inteligente? La respuesta es clara: no. "Un puerto inteligente no es solo un puerto equipado con mucha tecnología, sino un puerto que utiliza la tecnología de forma alineada con una estrategia clara y unos objetivos medibles", indica el director de la Cátedra Smart Ports, Francisco Toledo. Por tanto, "es un puerto que emplea la digitalización y los datos para mejorar integralmente tanto su eficiencia como su sostenibilidad y su relación con el entorno". Es decir, "es un ecosistema conectado, gobernado por datos, interoperable, con una plataforma común para toda la comunidad portuaria y orientado al valor público, así como a la medición y la mejora continua", puntualiza Toledo. Y a todo ello cabría añadir que un puerto inteligente está siempre en proceso de transformación partiendo de estándares y colaboración con otros puertos.

Para realizar una definición clara sobre qué es y qué no es un puerto inteligente se hace necesario abordar diferentes aspectos. En primer lugar, un puerto inteligente basa su estrategia en un ecosistema en el que la tecnología está subordinada a objetivos portuarios, logísticos, ambientales y sociales claramente definidos. La Norma UNE 178110, impulsada por Puertos del Estado, explica que la tecnología por sí sola no genera smart ports, sino un modelo de respuesta estratégica propio de ecosistemas con componentes interconectados que se coordinan para obtener mejores resultados. Si un puerto tiene proyectos aislados de innovación sin hoja de ruta, sin prioridades y sin medir el impacto sobre la competitividad o la sostenibilidad no puede ser considerado como puerto inteligente.

Por otro lado, los procesos en un puerto inteligente son digitalizados integralmente a partir de sensores, plataformas digitales, IoT, análisis de datos, gemelos digitales y sistemas de automatización orientados a optimizar operaciones en tiempo real. "Obviamente, este aspecto va más allá de informatizar trámites sin un proceso y sin aprovechar los datos para mejorar la toma de decisiones", matiza el director de la Cátedra Smart Ports.

Por otra parte, un puerto inteligente potencia la gobernanza del dato, es decir, tiene claro quién genera, comparte, valida y usa la información y siempre bajo criterios de calidad, seguridad y ética. La Norma UNE 178110 apunta a la interoperabilidad y el desarrollo de una plataforma digital común apoyada en estándares semánticos como condición para hablar realmente de smart port. En el otro extremo encontraríamos un puerto con múltiples sistemas cerrados, sin integración ni estándares comunes, que impiden compartir información entre autoridades portuarias, terminales, aduanas, navieras, etc.

Los datos, el nuevo oro del siglo XXI

En opinión de Toledo, "no cabe duda de que los datos son el nuevo oro del siglo XXI y, como bien apuntan algunos economistas son ya el quinto factor de producción. Por eso, es fundamental implantar sistemas interoperables para compartir datos y aquí las Autoridades Portuarias tienen un papel esencial. Necesariamente deben compartir datos y extraer valor de ello".

Otro aspecto clave en un puerto inteligente es la sostenibilidad desde una triple vertiente: económica, ambiental y social, lo que se traduce en más competitividad, reducción del impacto ambiental y contribución al bienestar social. La digitalización permite, por ejemplo, monitorizar emisiones en tiempo real, optimizar consumos energéticos, impulsar energías renovables y apoyar objetivos de descarbonización y economía circular.

Además, un puerto inteligente no es solo infraestructura física. La Norma UNE 178110 identifica la experiencia de cliente como una de las dimensiones esenciales de un puerto inteligente. Un smart port ofrece servicios digitales de alto valor (ventanilla única, trazabilidad en tiempo real, información predictiva, servicios personalizados, etc.) a navieras, cargadores, operadores logísticos y otros usuarios. "Si el puerto se limita a ofrecer muelles y superficies sin canales digitales transparentes, sin tiempos de respuesta predecibles y sin servicios informacionales avanzados no se puede definir como inteligente", defiende Toledo.

El puerto como eje de la transformación digital y sostenible

En otro orden de cosas, el fortalecimiento de la comunidad y la cohesión social se sitúan también como eje central de la transformación digital y sostenible en el ámbito portuario. Un puerto inteligente mantiene una sólida relación con la ciudad y el hinterland mediante datos abiertos, participación, proyectos de innovación compartidos y mitigación de su impacto sobre el entorno. Su modelo es el de integración puerto‑ciudad. Un puerto inteligente no tiene nada que ver con el concepto de recinto opaco y aislado que solo se relaciona con la comunidad puntualmente y que no tiene canales estables de diálogo ni proyectos compartidos.

Otra de las características propias de un puerto inteligente es la integración de la seguridad física, la ciberseguridad y la protección de datos en su modelo de gestión a través de plataformas de ciberseguridad avanzada y protocolos compartidos entre autoridad portuaria, terminales y otros actores. Al contrario, un puerto que conecta sistemas críticos sin políticas de ciberseguridad, sin formar a su personal y sin contar con planes de contingencia para incidentes digitales o físicos está lejos de la consideración de smart port.

Anticipación y gestión de riesgos

Y, directamente relacionado con el punto anterior se encuentra la resiliencia y la gestión de riesgos eficiente en cualquier circunstancia. Así, según explica el director de la Cátedra Smart Ports, "un puerto inteligente utiliza datos, simulación y análisis predictivo para anticipar y gestionar riesgos derivados del cambio climático, disrupciones logísticas, ciberataques o crisis sanitarias porque se vale de digitalización bien diseñada para mejorar la capacidad de respuesta ante eventos extremos y reducir vulnerabilidades sistémicas". "Es todo lo contrario que un puerto que optimiza al máximo la operativa diaria sin contemplar escenarios de crisis ni planes de continuidad de negocio basados en información en tiempo real".

Por otra parte, por lo que respecta a innovación, automatización y talento, "las tecnologías solo generan valor cuando van acompañadas de organización del trabajo, formación y cultura de innovación", señala Toledo. "Un puerto que introduce automatismos sin rediseñar los procesos ni acompañar la necesaria gestión del cambio y la capacitación de las personas difícilmente podrá verse plenamente como un puerto inteligente", añade.

Finalmente, cabría destacar la importancia de la colaboración, el uso de estándares y la "coopetencia". Cada vez es más habitual que los puertos inteligentes se apoyen en marcos comunes que les permitan compartir soluciones y aprender de otros puertos. En opinión de Toledo, la "coopetencia" (colaboración + competencia) es una valiosa vía para compartir riesgos tecnológicos, impulsar plataformas de ciberseguridad y avanzar en innovación conjunta.

Cátedra Smart Ports

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