¿Qué nos está pasando? ¿Es esta la normalidad?

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TRIBUNA LIBRE

Con el asunto de Ceuta le viene que ni pintada la oportunidad y la excusa para no convocar. No se explica, de otro modo, la insultante pasividad del presidente en este asunto

Publicado: 10/09/2026 · 06:00
Actualizado: 10/09/2026 · 06:00
  • Pedro Sánchez.
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Pretendía en este artículo, quizá contagiado por el actual clima de polarización y enfrentamiento en redes y medios, ser muy duro con las actuaciones del presidente del Gobierno y las circunstancias que rodean sus decisiones, pero tras darle unas vueltas y una conversación con un buen amigo y excelente profesional, he decidido no sucumbir ante el actual ambiente de polarización, enfrentamiento e incluso odio y voy a ser crítico, muy crítico pero no voy a contribuir al enrarecimiento de la convivencia entre españoles. Por supuesto no pienso faltar al respeto de nadie; el respeto es un valor que se gana uno mismo a través de su dignidad. 

Está constatado y es una evidencia que el intervencionismo en la economía, aunque sea moderado, provoca una grave distorsión del mercado. Pues imaginen y visualicen ocho años de intervencionismo agresivo y dogmático no solo sobre la economía sino sobre todos los niveles del Estado y de la sociedad, judicatura y tribunales, fuerzas armadas y de seguridad del Estado, Ibex, empresas, etc., colonizando todos los niveles institucionales y dejando sin mecanismos defensivos a la sociedad. Unos mecanismos defensivos, de amparo y salvaguarda, que deberían proteger a los ciudadanos precisamente contra acciones que pudiera ejecutar el Gobierno y su presidente.

Por otro lado, pueden seguir imaginando, ya sin esfuerzo, que un presidente de Gobierno tiene el control total del presupuesto nacional, haciendo y deshaciendo a su antojo, con lo que el gasto del Gobierno es un cubo de fugas (ver Arthur M. Okun) pues aunque sus votantes opinan que ese gasto puede solucionar problemas sociales y económicos del país, la realidad es que canalizar fondos hacia empresas, individuos y organizaciones afines no resuelve problemas ni ayuda a los necesitados.

Este gasto requiere financiación mediante impuestos y deuda, y ambos generan daños a la economía nacional. A medida que los fondos fluyen a través del Gobierno se desperdician infinidad de recursos en burocracia, mala gestión y planificación deficiente por lo que cuando el resto de fondos disponible llega al sector privado, empresas y trabajadores, esto induce a modificar sus actividades laborales y de inversión (subvenciones, subsidios...). Es lo que Okun define como "Cubo de fugas", es decir, solo una fracción de los impuestos recaudados cumple con lo prometido por el presidente. Es como transferir agua en un cubo lleno de agujeros. 

No quisiera herir la sensibilidad de algunos lectores, pero sigan imaginando, y profundicemos en otras armas que el presidente de Gobierno utiliza para conseguir sus fines, como son, muy importante, la Ley del secreto bancario y el Ministerio de Hacienda; la actividad financiera de los contribuyentes españoles se ve sometida a una cada vez mayor vigilancia financiera en un sistema tutelado por el Ministerio de Hacienda que parece creado para delincuentes, obligando a los bancos a denunciar ante el Gobierno a los clientes que utilicen demasiado efectivo o realicen alguna actividad inusual. Es decir, desde el Gobierno se tiene acceso ilimitado a toda nuestra información financiera con la excusa de prevenir el blanqueo de capitales, que por otra parte desde su organización (PSOE) es plato del día con innumerables casos ya en los tribunales.

Con la Ley de Secretos oficiales, otra arma a disposición del presidente y su Gobierno, tiene el coladero perfecto para ocultar todas sus actividades y no dar cuenta pública de ninguna de ellas, sobre todo de las más comprometidas y que deambulan en la zona gris entre la legalidad y la ilegalidad. Siempre que el escrutinio público le ha pedido explicaciones sobre ciertas actividades la respuesta del Gobierno ha sido que están amparadas por la Ley de Secretos oficiales.

Y voy a detenerme aquí para no alargar más de lo debido este preámbulo. Con todo lo expuesto en el artículo anterior y en este, alguien se preguntará por qué este presidente sigue en el Gobierno. Probablemente ese 30% que pase lo que pase piensa que gestiona muy bien, que es soberbio en la jefatura, no sé, que viene la derecha...pero vamos a destacar unas cuantas situaciones que nos evidencian justo lo contrario.

Recordemos la tragedia del covid 19, en la que fue el segundo país del mundo, este presidente y su gobierno, en gestionar peor dicha pandemia. O sea, el penúltimo a nivel mundial, con más de 130.000 muertes debidas a su mala gestión.

También nos acordamos del temporal Filomena y de la erupción del volcán de La Palma. Sin comentarios a sus promesas incumplidas y a su falta de previsión con el temporal.

Comentario aparte tiene el triste episodio de la Dana en Valencia, con 232 fallecidos y su despreciable actuación. Sin comentarios.

Con el apagón eléctrico a nivel nacional se lució, además de las vidas que se perdieron por el mismo. Y volverá a ocurrir. Ideología pura.

Con el accidente de ferrocarril de Adamuz, que más que accidente pareció una sentencia de muerte, por el estado deplorable de las vías y falta de mantenimiento. Creo que fueron cincuenta y tantos compatriotas fallecidos.

Las carreteras nacionales en mal estado por falta de mantenimiento e inversiones y las muertes causadas por ese motivo a lo largo de los años, son miles.

La gestión pésima de las guerras de Ucrania y Gaza y el posicionamiento contra natura en el que nos ha metido, provocando el enfado de nuestros socios y amigos.

La generación del problema de la vivienda y su agravamiento a medida que intenta legislar. 

El desastre con la inmigración y sus políticas ideológicas de efecto llamada.

El desastre de los incendios, año tras año, y su inacción.

Todas estas desgracias, que algunos han calificado de eventos inusuales, tienen un común denominador y es que han sido pésimamente gestionadas. La característica predominante ha sido que nuestro presidente y su Gobierno ha buscado siempre un culpable que casualmente estaba fuera de su Consejo de Ministros. Este presidente que no miente, solo cambia de opinión, no es que haya eliminado las responsabilidades políticas. Es que ha conseguido que solo existan para sus adversarios. 

Recordemos ese toque de incompetencia al que hacía referencia en el artículo anterior y lo unimos a lo que la gestión pésima de estas desgracias nos revela, concluimos que el patrón es, a saber, una absoluta falta de previsión, una descoordinación total, usar la propaganda para construir su relato exculpatorio, clara ausencia de responsabilidades y acusar siempre a los demás de sus errores.

El lector pensará que he olvidado la última desgracia, muy importante y significativa, pero no, la he dejado para el final a propósito. Como no, se trata de la invasión de Ceuta, territorio español, por parte de Marruecos. Y esto sí que enlaza con la pregunta que nos hacíamos en el artículo anterior, ya que desde hace más de dos años llevo preguntándome qué salida se buscará el presidente para eludir todas sus responsabilidades y desmanes y evitar sentarse en el banquillo.

Muchos actores de la política, del periodismo, de la sociedad civil se regocijan de lo próximas que están ya las elecciones generales. Entonan el tic-tac para el actual ejecutivo y hacen sus cálculos sobre los posibles resultados. Pues no. Es cierto que con todo lo que sabemos a día de hoy, sobre la corrupción que le rodea, los casos ante los tribunales de su entorno familiar, de sus ministros, de su organización, de sus allegados políticos, etc. podríamos pensar que es suficiente para que se retirara y convocara elecciones. Pero él no piensa así. Lo que sabemos no es nada, ni la décima parte de lo que conoce el mismo, ya que solo él está al corriente de todas las causas que se podrían abrir en su contra si se supiera todo; y esta es la cuestión principal, el terror que tiene a sentarse en el banquillo y por supuesto a las consecuencias de  la acción de los tribunales.

Barajando posibilidades pensé en la utilización de una nueva pandemia, como el reciente hantavirus, para que desde el Gobierno, aprovechando la ocasión declarara un estado de excepción y retrasase o eliminase la convocatoria de elecciones. Pero con el asunto de Ceuta le viene que ni pintada la oportunidad y la excusa para no convocar. No se explica, de otro modo, la insultante pasividad del presidente en este asunto.

Es más, lo que está pasando en Ceuta es una estrategia concertada, o no, con Marruecos cuyo fin último es cronificar la situación, generar malestar social que acabará en estallido y en algún patinazo de la oposición, incremento de la polarización y un ambiente social que le dará la excusa idónea para declarar un estado de excepción y no convocar elecciones, aduciendo que no se dan las circunstancia para que el pueblo español vote con libertad. Amparado, por supuesto, por el Constitucional.

Por cierto, con la suspensión cautelar de la Ley de nietos por parte del Tribunal Supremo, la cosa se le complica.

Por lo tanto, mi recomendación a los señores Feijóo y Abascal es que se suban a un avión, vuelen a Washington y Tel Aviv, y expongan cuál es la situación, solicitando ayuda técnica para desentrañar las incógnitas sobre los asuntos secretos del presidente, ya que preguntarle en el Congreso qué tiene Marruecos contra él hemos comprobado que no conduce a nada y además se parte de risa.

Ricardo Romero es especialista en estrategia de impacto y gestión empresarial

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