CASTELLÓ. La falta de profesionales especializados en colocación cerámica continúa siendo uno de los desafíos estructurales de la cadena de valor del azulejo. No se trata de un problema nuevo ni de una consecuencia reciente del aumento de actividad en la construcción pero es una realidad que persiste y que, en opinión de quienes mejor conocen esta profesión, tiene solución si se persevera en acciones que pueden generar grandes oportunidades: formación de los jóvenes, atracción de personas desempleadas y colectivos como el femenino y también la innovación y el desarrollo de soluciones para la instalación que permitan mejorar la productividad. A ello se une un nuevo campo, el de la construcción industrializada que también puede suponer un motor de tecnificación que atraiga talento.
El sector lleva años advirtiendo de un desequilibrio progresivo entre la demanda de instaladores cualificados y la capacidad real para incorporarlos al mercado laboral. En ese tiempo se han impulsado iniciativas de formación, sensibilización y atracción de talento —muchas de ellas promovidas por Proalso (Asociación Profesional Alicatadores Soladores) y otras también por parte de la patronal, Ascer—, pero el relevo sigue siendo insuficiente y obliga a insistir en la búsqueda de soluciones.
Porque el reto no es menor: mientras la cerámica evoluciona hacia productos cada vez más técnicos y exigentes en instalación, una parte importante de quienes hoy dominan el oficio se aproxima a la edad de jubilación y el relevo es necesario.
Matías Martínez, secretario general de Proalso, explica que para comprender la situación actual hay que recordar el origen del problema. La crisis de 2008 fue el punto de inflexión y supuso una ruptura abrupta, con una salida masiva de profesionales que abandonaron el oficio para buscar estabilidad en otros sectores o fuera de España. Cuando la actividad comenzó a recuperarse entre 2013 y 2014, el mercado se encontró con una realidad que entonces empezó a hacerse visible: los colocadores que habían sostenido la actividad durante los años anteriores ya no estaban.
Fue en ese momento cuando Proalso, asociación profesional sin ánimo de lucro con más de 26 años de experiencia, comenzó a alertar públicamente del riesgo. "Ya en 2015 y 2016 advertimos de que íbamos hacia un embudo. Si en aquel momento se hubieran tomado medidas globales como sector, mercado y sociedad, seguramente hoy estaríamos en otra situación", reconoce Martínez. La recuperación posterior y, especialmente, el fuerte impulso que vivieron las reformas tras la pandemia terminaron por intensificar una tendencia que ya venía de atrás.
Uno de los elementos que mejor refleja la complejidad del problema es que la falta de colocadores convive con una elevada demanda de trabajo. Lejos de crecer para absorber esa actividad, las microempresas y autónomos —que constituyen el grueso de los asociados de Proalso— han reducido progresivamente sus plantillas en los últimos años.
Según explica Matías Martínez, el problema no responde únicamente a la dificultad para encontrar profesionales, sino también a las condiciones en las que operan estas pequeñas estructuras empresariales. Mantener empleo productivo resulta cada vez más difícil por el incremento de costes, las condiciones laborales, las necesidades de financiación, los plazos de cobro y, especialmente, por los requisitos administrativos y burocráticos que implica acceder a proyectos de mayor dimensión.
A ello se suma una limitación estructural del propio modelo empresarial. Muchos de estos profesionales son excelentes colocadores, con una alta cualificación técnica y una reputación consolidada en sus mercados locales, pero no necesariamente cuentan con conocimientos de gestión empresarial o experiencia en selección y dirección de equipos.
La consecuencia es que el instalador especializado y bien posicionado en su entorno mantiene hoy elevados niveles de ocupación y largas listas de espera, tanto en trabajos para clientes particulares como para operadores profesionales, en un contexto donde la demanda continúa creciendo por encima de la capacidad real de respuesta.
Desde la patronal Ascer son también conscientes de este déficit, que no es exclusivo de la provincia de Castellón ni del ámbito nacional, sino que es compartido también por otros mercados en los que la cerámica está presente y que se debe a la pérdida de empleo en los oficios tradicionales. Desde la patronal reconocen la labor de formación y promoción que realiza Proalso con quien colaboran, puesto que el trabajo de los instaladores es clave en la cadena de valor de la cerámica: "El producto cerámico no está acabado hasta que no está colocado", admiten.
De hecho, esta falta de profesionales se vuelve especialmente delicada porque coincide con un cambio profundo en el propio producto cerámico. La colocación actual poco tiene que ver con la que se realizaba hace tres décadas. El auge del gran formato, los nuevos sistemas constructivos y el desarrollo de adhesivos y materiales auxiliares han elevado de forma significativa el nivel técnico requerido.
"La cerámica de hoy no es la de hace treinta años", señala el responsable de Proalso. Martínez explica que trabajar con piezas de gran formato exige herramientas específicas, inversión y conocimientos técnicos avanzados.
Esta complejidad se convierte al mismo tiempo en una oportunidad para el sector, puesto que una mayor cualificación puede ejercer como elemento tractor para incorporar a jóvenes y personas desempleadas con expectativas de desarrollo profesional. "Cuando no tienes un producto que necesitas, la solución es fabricarlo", apunta el responsable de Proalso. Fabricar el producto significa fabricar profesionales.
La primera línea de actuación pasa por atraer a los jóvenes y cambiar la percepción tradicional de los oficios vinculados a la construcción y, en concreto, a la colocación cerámica. Martínez defiende la necesidad de "generar esa semilla" y trasladar que se trata de una salida profesional con recorrido y cada vez más especializada. "Tenemos que dejar atrás esa idea de que la obra es para los que no sirven para nada más", sostiene. A su juicio, la construcción del siglo XXI requiere perfiles preparados: "Necesitamos gente buena, altamente cualificada".
Pero el foco no está únicamente en las nuevas generaciones. Proalso considera que existe un importante potencial entre personas desempleadas que pueden incorporarse al oficio mediante formación específica. La asociación ya ha desarrollado experiencias piloto, entre ellas un curso junto con Cruz Roja dirigido a 15 personas sin experiencia previa, con resultados que Martínez considera muy positivos. La clave, explica, está en presentar la colocación como una profesión con componente técnico y creativo, posibilidades de desarrollo a largo plazo e incluso capacidad para emprender y trabajar por cuenta propia. Además, destaca que se trata de una actividad que, al menos en el corto plazo, difícilmente puede ser sustituida completamente por máquinas.
Otro de los ámbitos donde reclama una mayor implicación es la Formación Profesional. Martínez considera necesario reforzar el apoyo a los centros educativos y a los docentes, que en ocasiones no disponen de suficientes recursos, materiales o experiencia práctica adaptada a la realidad actual del oficio. En este sentido, Proalso ya participa en acciones formativas para alumnado de FP a través de iniciativas como la beca RUBI y otras colaboraciones, aunque insiste en que el esfuerzo debe partir también del propio sector.

- Cursos de formación para instaladores cerámicos. Foto: PROALSO
La asociación también defiende ampliar la base profesional incorporando perfiles tradicionalmente menos representados en este ámbito. Entre ellos, Martínez subraya que las mujeres pueden integrarse plenamente tanto en la construcción como específicamente en el ámbito de la colocación cerámica.
Como siguiente paso, Proalso prepara para septiembre en Castellón una nueva iniciativa dirigida a desempleados, con compromiso de inserción laboral. El programa seleccionará inicialmente a 15 participantes para ofrecer una formación especializada que, según la asociación, actualmente tiene pocas alternativas equivalentes en el mercado.
Otra clave es la investigación y desarrollo de nuevas soluciones para instalación que mejoren la productividad y la ergonomía en el oficio, de manera que la profesión pueda resultar más atractiva para quienes tengan la opción de formarse e incorporarse a ella.
En este sentido, la construcción industrializada aparece también como una oportunidad de futuro. Desde Ascer reconocen que es una vía que puede abrir un camino para transformar la manera de trabajar en la instalación cerámica, sin suponer una amenaza para los profesionales. Trabajar en un entorno industrial, con una mayor tecnificación y robotización puede redundar en unas mejores condiciones para los instaladores, que seguirán siendo necesarios en la cadena de montaje y que requerirán de una cualificación.
Todo ello para asegurar que la cerámica siga teniendo una posición líder como material de pavimento y revestimiento más utilizado en la construcción. Según un estudio de Ascer sobre intención de reforma en 2025, el material más utilizado en las reformas ya efectuadas es la cerámica (42,3%), seguido del laminado (19,3%), que se utiliza en mayor medida que el parquet (17,9%). En este ranking, el vinilo ganaba posiciones respecto al año anterior, con un 10,4%.
En este sentido, la irrupción de materiales como el SPC (compuesto de piedra caliza y polímeros), que se utiliza ya en algunas promociones de obra nueva no responde, según Martínez, tanto a la imposibilidad de encontrar profesionales cualificados para la colocación de cerámica como a una cuestión de costes. "El SPC no compite en la misma liga de calidad que la cerámica y se utiliza porque es más económico", recalca.
También Ascer defiende que las prestaciones del azulejo difícilmente pueden encontrarse en otros materiales de revestimiento y pavimento. Las campañas de la patronal para poner en valor estas cualidades han incidido en que la cerámica es duradera, inalterable, higiénica, ignífuga, inalterable, sostenible, versátil, antialergénica y antideslizante, entre otras características.
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