PLAZA CERÁMICA

Yolanda Reig (ITC): "La descarbonización será viable si se acompaña de tecnologías disponibles, financiación y tiempos realistas"

Entrevista a la directora general del Instituto de Tecnología Cerámica

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CASTELLÓ. La industria cerámica es un ejemplo de resiliencia gracias a sus avances en innovación y diseño. En esta evolución juega un papel fundamental el Instituto de Tecnología Cerámica (ITC), una entidad cuyo papel ahora crece ante los retos que ha de afrontar el sector, especialmente en el rumbo de la descarbonización. La directora general del ITC, Yolanda Reig, explica las líneas de trabajo de la organización en una entrevista con Castellón Plaza. 

-¿Cuáles son las principales vías de investigación actualmente del ITC?
-En el ITC trabajamos en ocho líneas estratégicas de I+D que no son compartimentos estancos, sino capacidades que conectamos en función de los problemas reales de la industria. Nuestro enfoque no es investigar solo para generar conocimiento, sino desarrollar soluciones que ayuden a las empresas a ser más competitivas, más eficientes y sostenibles, y que permiten transferir tecnología con aplicación práctica.

 

Una de las líneas estratégicas del ITC en el contexto actual es el desarrollo de tecnologías orientadas a apoyar la descarbonización de los sectores industriales que afrontan mayores retos en este ámbito, en respuesta a la necesidad de reforzar la autonomía energética y tecnológica del tejido industrial nacional y europeo. Esta línea tiene una especial relevancia en sectores de alta intensidad energética y altas temperaturas, como el cerámico, donde el ITC cuenta con una posición sólida basada en su conocimiento tanto de los procesos de combustión como de los materiales procesados. En este marco, el ITC desarrolla soluciones tecnológicas centradas en la electrificación del calor, el uso de hidrógeno verde y otros combustibles alternativos, la captura y valorización de CO₂, la recuperación de calor y el desarrollo de materiales con menor impacto ambiental.

 

Un segundo bloque estratégico es la de materiales avanzados y sostenibles. Desarrollamos materiales cerámicos con mejores prestaciones, nuevas funcionalidades y un comportamiento optimizado en fabricación. Esto incluye tanto cerámica tradicional como cerámicas avanzadas para aplicaciones de mayor exigencia, además de técnicas de caracterización para conocer con rigor su comportamiento, estructura y propiedades.

 

También tiene cada vez más peso todo lo relacionado con la digitalización y la modelización de procesos. Yo suelo insistir en que, antes de hablar de inteligencia artificial, hay que hablar de dato industrial útil. En este campo trabajamos en captación de datos, sensórica, automatización, análisis, gemelos digitales, modelos predictivos e integración entre conocimiento físico e inteligencia artificial para mejorar procesos, consumo energético, comportamiento de equipos y control de variables críticas.

 

Una cuarta línea importante es la de química sostenible, donde avanzamos en técnicas de separación y purificación para recuperar materias primas críticas, especialmente de baterías agotadas y otros residuos complejos. Aquí hay una conexión muy clara entre sostenibilidad, autonomía estratégica europea y oportunidad industrial.

 

A ello se suman otras líneas igualmente relevantes: economía circular, con valorización de residuos, simbiosis industrial y gestión eficiente de recursos; salud ambiental, centrada en calidad del aire (tanto en ambientes interiores como exteriores), análisis de contaminantes emergentes y reducción de riesgos en entornos industriales; y ciudades y construcción más sostenibles, donde trabajamos en materiales y soluciones constructivas, eficiencia energética en edificación e industrialización de sistemas constructivos.

 

En definitiva, nuestras líneas de investigación responden a una misma lógica: transformar retos tecnológicos complejos en soluciones industriales viables. Ese es el papel de un centro tecnológico como el ITC.

 

 

-¿Qué ámbitos van a potenciar especialmente en 2026?
-En 2026 vamos a reforzar especialmente aquellas líneas en las que vemos una demanda industrial clara y en las que el ITC puede aportar una propuesta diferencial. Me refiero, en concreto, a cerámicas avanzadas, la aplicación de la inteligencia artificial en procesos industriales, la descarbonización industrial y la construcción industrializada.

 

En cerámicas avanzadas queremos dar un paso más en materiales de altas prestaciones para condiciones extremas y aplicaciones de mayor valor añadido. Hablamos de una línea con un gran potencial en sectores como aeronáutica, aeroespacial, automoción, energía, defensa o tecnologías duales. Es una apuesta estratégica porque combina conocimiento profundo en materiales, capacidad de fabricación y caracterización, y posibilidades reales de diversificación industrial.

 

En inteligencia artificial aplicada a procesos industriales, en 2026 vamos a centrarnos en llevar nuestras soluciones a un estadio de validación industrial real. El objetivo es consolidar GAIATEC como un ecosistema útil para la empresa, desplegando flujos de trabajo personalizados en servidores privados que garanticen la soberanía del dato y la integración de bases de conocimiento propias en entornos seguros, con una conexión robusta con los sistemas de información de las empresas.

 

En la línea de descarbonización industrial, como he comentado anteriormente, vamos a seguir muy centrados porque sigue siendo uno de los grandes retos del sector. En 2026 trabajaremos en tecnologías concretas como la optimización de la combustión para distintos combustibles mediante el diseño y la validación de sistemas de combustión de diseño avanzado, evaluando también el efecto de mezclas con gas natural sobre la calidad del producto; en captura y valorización de CO2 en corrientes reales, buscando convertir emisiones en recursos y en nuevas soluciones de secado, con diseños orientados a reducir de forma drástica el consumo energético y las emisiones. A ello se suman otras líneas igualmente relevantes, como la investigación en materiales capaces de captar CO2 y favorecer su conversión en metano renovable. Además, queremos reforzar algo que para nosotros también es clave: acompañar al sector no solo desde la tecnología, sino también desde la normalización, la formación y la asistencia técnica, para acelerar una transición viable.

 

Por último, en construcción industrializada queremos posicionarnos en un ámbito que va a crecer con claridad en los próximos años, impulsado por la necesidad de construir de forma más eficiente, más sostenible y con mayor control de costes, plazos y calidad. En este contexto, el reto para la cerámica es evidente: adaptarse a un modelo productivo más industrializado, donde los tiempos de instalación, la facilidad de montaje y la compatibilidad con procesos estandarizados son cada vez más importantes. Por eso vamos a trabajar tanto en el desarrollo de materiales y sistemas cerámicos, así como en los métodos de colocación para que estos mantengan sus prestaciones técnicas, estéticas y de durabilidad, pero que al mismo tiempo respondan a las exigencias de la construcción industrializada, evitando que la cerámica pierda competitividad frente a otros materiales.

 

Los conflictos aumentan la urgencia de apoyar la I+D y su transferencia rápida al mercado

 

-¿La guerra en Oriente Medio acelerará la descarbonización?
-No creo que la guerra en Oriente Medio vaya a acelerar por sí misma la descarbonización, pero sí que va a reforzar algo que ya teníamos encima de la mesa: la vulnerabilidad energética de la industria europea. Cada vez que hay un conflicto geopolítico de esta magnitud, vuelve la incertidumbre sobre el gas, sobre los costes energéticos y el riesgo en las cadenas de suministro. Y eso, para un sector como el cerámico, que es intensivo en energía y compite en mercados internacionales, tiene un impacto directo.

 

La descarbonización no puede depender de una crisis, sino de una estrategia industrial sólida. Europa ha marcado un rumbo claro, pero ese rumbo solo será viable si se acompaña de tecnologías disponibles, financiación adecuada y tiempos realistas para la implantación. Si no, corremos el riesgo de exigir a la industria esfuerzos muy intensos mientras compite con productores de terceros países que no tienen las mismas obligaciones ambientales ni los mismos costes regulatorios.

 

Desde mi punto de vista, este tipo de conflictos no cambia la dirección, pero sí aumenta la urgencia de apoyar la I+D y su transferencia rápida al mercado. Eso exige apoyos reales a las empresas y a los centros de investigación como es el ITC para seguir mejorando la eficiencia energética, escalar la electrificación a hornos industriales de gran capacidad, optimizar los sistemas de generación de H2 y reducir los costes de producción, y también acelerar tecnologías como la captura de CO2. Una transición mal acompasada puede debilitar al propio tejido industrial que queremos transformar.

 

Por tanto, más que acelerar la descarbonización, lo que hace esta guerra es recordarnos que autonomía energética, competitividad industrial y transición tecnológica tienen que ir de la mano.

 

-¿Cuáles son las alternativas de descarbonización más maduras?
-En el ITC llevamos años trabajando en distintas rutas de descarbonización, pero disponer desde 2023 de la Planta Piloto Hipocarbónica nos ha permitido dar un paso muy importante: validar tecnologías en condiciones mucho más próximas a la realidad industrial. Eso es clave en un sector como el cerámico, donde la viabilidad técnica, económica y operativa tiene que demostrarse antes de plantear una implantación real en fábrica.

 

Hoy, las alternativas testeadas más maduras son la electrificación para secaderos y hornos de cocción de baldosas cerámicas, y para la fabricación de fritas, el uso de hidrógeno verde, aunque en este último caso está demostrado que, por el momento, no es económicamente viable. Nosotros seguimos trabajando en otras alternativas. Al final, la transición no va a apoyarse en una única tecnología, sino en una combinación de soluciones en función de cada proceso industrial.

 

Además de la actividad experimental, hemos puesto a disposición del sector herramientas prácticas como la Guía de Ahorro Energético y la Guía de Tecnologías Hipocarbónicas para la Industria Cerámica, que están siendo muy utilizadas por las empresas como documentos de referencia para orientar sus decisiones.

 

La apuesta de Equipe por el horno eléctrico ha sido un punto de inflexión para que fabricantes de maquinaria se planteen su diseño, construcción y comercialización

 

-El horno eléctrico ya ha empezado a operar en Equipe, ¿cuántas empresas del azulejo se han interesado en esta tecnología?
-
La implantación del horno eléctrico en EQUIPE Cerámicas ha generado un interés importante en el sector cerámico, pero también en otros sectores y en las administraciones públicas. En el ITC hemos recibido ya en planta piloto, donde tenemos el prototipo previo al industrial de Equipe, la visita de más de 500 entidades, entre empresas, asociaciones empresariales, administraciones y otros agentes interesados. Eso demuestra que ya no estamos hablando de una posibilidad teórica, sino de una tecnología que se sigue con atención porque ha acreditado su viabilidad.

 

Vemos que las empresas empiezan a percibir la electrificación es la alternativa real para la fabricación de baldosas cerámicas. El hecho de que Equipe haya apostado por implantar esta tecnología en producción y con buenos resultados, mejoras en consumo y en la operativa del horno, ha sido un punto de inflexión para que fabricantes de maquinaria, incluidas grandes empresas proveedoras, se planteen su diseño, construcción y comercialización.

 

Este avance no surge de una actuación aislada del ITC, sino de una línea de trabajo sostenida durante años en descarbonización industrial en colaboración muy directa con la UJI y con proveedores de maquinaria. Ahora el reto ya no es solo demostrar que funciona, sino facilitar que su implantación sea técnica y económicamente viable para más empresas.

 

-¿Cuándo podría el sector culminar su transformación energética?
-
Es difícil poner una fecha. Está claro que hay hitos marcados por el Pacto Verde Europeo en donde, aunque la industria pueda presionar para acompasar mejor algunos plazos, el camino no tiene retorno. Yo hablaría de un proceso de transformación por fases: hay tecnologías que empiezan a estar más cerca de la realidad industrial y otras que todavía necesitan recorrido, validación y, sobre todo, mejores condiciones económicas para su implantación.

 

No vamos a ver un cambio inmediato ni uniforme. Las empresas irán incorporando aquellas tecnologías que mejor encajen con su proceso productivo, su capacidad de inversión y su contexto energético. En algunos casos veremos avances más rápidos en electrificación; en otros, el recorrido vendrá por combustibles alternativos, la recuperación de calor, el uso de baterías de calor para almacenamiento térmico, la captura de CO2 o combinaciones de varias tecnologías.

 

La clave no es tanto cuándo terminará, sino cómo se gestiona esa transición sin debilitar al sector. Y ahí será fundamental acompasar exigencia regulatoria y apoyo económico. La transformación energética se va a producir, pero para que sea sólida debe hacerse con planificación y con una implantación realista en fábrica.

 

Quedarse quietos también tiene un coste. La descarbonización exige inversión, pero también obliga a revisar cómo se quiere competir en los próximos años

 

-Ante las dudas que puedan existir en el sector por la inversión que comporta la descarbonización, ¿qué les explicaría?
-Les diría que quedarse quietos también tiene un coste, y probablemente cada vez mayor. La descarbonización exige inversión, sí, pero también obliga a revisar cómo se quiere competir en los próximos años. No todas las empresas tienen que recorrer el mismo camino, pero sí conviene empezar a ordenar prioridades y a identificar qué actuaciones pueden aportar valor desde el inicio.

 

Ahí es donde desde el ITC podemos ayudar. No se trata de trasladar soluciones genéricas, sino de analizar cada caso con criterio técnico: el tipo de proceso, el consumo energético, la configuración de planta y la capacidad real de implantación.

 

-No obstante, ¿considera que la UE ha de flexibilizar los plazos para reducir las emisiones de CO2?
-
Lo que creo es que hace falta acompasar la ambición climática con la realidad industrial. Por el momento, y pese a los esfuerzos de las asociaciones empresariales, la Comisión Europea mantiene la hoja de ruta tanto en reducción de emisiones gratuitas como en plazos de implantación. Son objetivos muy ambiciosos y, por eso, Europa y también la administración nacional deben reforzar mecanismos realmente eficaces para facilitar la transición.

 

Si queremos que esta transformación llegue de verdad al tejido industrial, especialmente a los sectores intensivos en energía, hace falta combinar ambición climática con política industrial. Eso implica apoyar la validación de las tecnologías en entornos piloto, facilitar la implantación en fábrica y evitar que el esfuerzo recaiga de forma desproporcionada sobre las empresas medianas y pequeñas.

 

Nosotros, con una capacidad limitada de influencia en las políticas industriales, estamos manteniendo reuniones con diferentes ministerios y entidades vinculadas con la transición energética para que conozcan, por un lado, la realidad industrial de Castellón y, por otro, una visión técnica y rigurosa de la situación. Las políticas que se diseñan en los despachos deben venir respaldadas por instrumentos de apoyo eficaces o llegaremos a las fechas marcadas sin industria.

 

-¿Por qué camino ha de transitar el azulejo para garantizar su viabilidad?
-La viabilidad del azulejo pasa, en primer lugar, por seguir reforzando un sector estratégico para nuestro territorio, con una gran capacidad industrial, tecnológica y exportadora. Pero, precisamente para proteger su futuro, también tenemos que pensar más allá del propio producto y aprovechar mejor todo el conocimiento, la tecnología y la visión de mercado que se ha generado en Castellón en torno a los materiales de recubrimiento.

 

Las empresas fabricantes de baldosas conocen muy bien los mercados, las aplicaciones, la prescripción, el comportamiento de los materiales y las tendencias en recubrimientos. Ese conocimiento debe servir para seguir evolucionando el producto cerámico, abrir nuevas soluciones y reforzar su posicionamiento en mercados donde la diferenciación será cada vez más importante.

 

Además, otras partes del ecosistema ya están demostrando capacidad para proyectarse hacia otros ámbitos. Las empresas de fritas y esmaltes son, en realidad, compañías químicas con conocimiento transferible a otros sectores, y las de maquinaria cuentan con capacidades en proceso, automatización, control y diseño de equipos que pueden encontrar recorrido en otras industrias.

 

Por tanto, la clave es fortalecer nuestro clúster y, al mismo tiempo, desplegar mejor todo el potencial del ecosistema que ha crecido a su alrededor.

 

-En investigación, ¿qué medidas se deberían llevar a cabo para reforzar las líneas de investigación? ¿Hay apoyo suficiente de la administración? ¿Hacen falta más alianzas con la universidad?
-Para reforzar las líneas de investigación hacen falta más foco, más colaboración y, sobre todo, más capacidad de transferencia. Para ello es fundamental el apoyo de la administración. Aunque existe, necesitamos más agilidad, por ejemplo, en la tramitación presupuestaria, la incertidumbre no es buena, en las verificaciones de los expedientes y, sobre todo, necesitamos instrumentos para escalar las tecnologías desarrolladas.

 

Hay un “valle de la muerte” entre la obtención de resultados en un entorno relevante y la implantación industrial. Es fundamental validar las tecnologías innovadoras a una escala que permita a las empresas minimizar el riesgo y facilite su transferencia al mercado. Para ello necesitamos financiación para demostradores, también living-labs, entendidos como espacios de validación de tecnologías que requieren inversión en activos. Ahí estamos, intentando trasladar a la administración la necesidad de este tipo de programas.

 

Tenemos equipos de investigación muy preparados y una red de colaboración muy consolidada con empresas, asociaciones, universidades y otros centros tecnológicos. En nuestro caso, la relación con la UJI es fundamental y estratégica, y esa conexión entre conocimiento y aplicación industrial ha sido siempre una de las bases del ITC.

 

-En el ámbito laboral ¿existe déficit de perfiles cualificados?

-Sí, existe una creciente dificultad para captar determinados perfiles cualificados, y eso ya es una preocupación real para el sector. No hablamos solo de relevo generacional, sino de la necesidad de atraer talento preparado para una industria que hoy exige mucho más que hace unos años: más tecnología, más digitalización, más conocimiento de proceso, más sostenibilidad y más capacidad de adaptación.

 

Si hablamos de estudios de grado, el sector necesita perfiles de ingeniería química, industrial y ambiental, pero también matemáticas, informática, ciencia de datos, diseño, arquitectura y construcción, entre otros. Es decir, perfiles capaces de moverse en entornos cada vez más interdisciplinares y de responder a retos complejos con una visión práctica.

 

Por eso, la cuestión no es solo formar, sino también atraer y fidelizar. Las nuevas generaciones buscan desarrollo profesional, buen entorno de trabajo, seguridad, conciliación y sentido en lo que hacen. La industria tiene que ser capaz de transmitir que aquí hay carrera, tecnología, estabilidad y proyectos con impacto real. El talento existe, pero hay que saber atraerlo, desarrollarlo y retenerlo.

 

En este sentido, el ITC está participando en el proyecto europeo Skills4EII 2025-2029 que tiene como objetivo anticipar y desarrollar las competencias necesarias para que las industrias intensivas en energía (incluyendo la cerámica) avancen con éxito hacia modelos más sostenibles, digitales y circulares.

 

La iniciativa reúne a asociaciones sectoriales, centros tecnológicos, universidades y empresas de distintos países europeos pretende identificar tendencias tecnológicas que afectarán al empleo industrial, detectar brechas actuales y futuras de competencias, definir perfiles profesionales emergentes, y promover soluciones formativas que permitan acelerar la transición del sector hacia modelos de industria baja en carbono, digitalizada y orientada a la eficiencia de recursos.

 

La iniciativa reúne a asociaciones sectoriales, centros tecnológicos, universidades y empresas de distintos países europeos pretende identificar tendencias tecnológicas que afectarán al empleo industrial, detectar brechas actuales y futuras de competencias, definir perfiles profesionales emergentes, y promover soluciones formativas que permitan acelerar la transición del sector hacia modelos de industria baja en carbono, digitalizada y orientada a la eficiencia de recursos.

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