CASTELLÓ. El juego patológico ha cambiado de rostro. Si hace dos décadas las máquinas tragaperras y los salones de juego definían el perfil habitual, hoy las apuestas deportivas, las plataformas digitales y la combinación con otras adicciones han configurado una realidad más compleja. Así lo refleja el estudio realizado por Patim a partir de los datos acumulados durante los últimos veinte años (2001-2025) de atención especializada a unas 600 personas con problemas de juego patológico en la Comunitat Valenciana.
La organización constata también que el perfil de las personas atendidas rompe algunos estereotipos tradicionales. La mayoría mantiene una actividad laboral, conserva responsabilidades familiares y presenta un elevado grado de autonomía. Son pacientes funcionales, que suelen solicitar ayuda cuando las consecuencias económicas, jurídicas o familiares hacen imposible seguir ocultando el problema. No suelen presentar un cuadro tan desestructurado que requiera un internamiento residencial y acuden a tratamiento ambulatorio de forma regular, incorporando la terapia en su rutina cotidiana.
"Llegan todavía con una capacidad suficiente para desarrollar un abordaje ambulatorio, como quien sale del trabajo y se presenta en la consulta con la esperanza de reparar algo antes de que termine de derrumbarse", explica el presidente de Patim, Francisco López y Segarra. Pero mantener un empleo o una vida aparentemente estable no impide la pérdida progresiva del control. Al contrario, esa apariencia de normalidad suele retrasar la demanda de tratamiento y dificulta que el entorno identifique el problema, ha reiterado en la presentación del estudio que ha tenido lugar en la Fundació Caixa Castelló.
En cuanto a las diferencias de género, el informe señala que el juego patológico sigue siendo una realidad predominantemente masculina. Entre 2023 y 2025, el 95 % de los pacientes atendidos fueron hombres y el 5 % mujeres. Sin embargo, Patim advierte de que ellas suelen llegar más tarde a tratamiento debido al estigma social y a la asociación de la conducta de juego con cuadros de ansiedad, depresión o soledad.
Detrás de la consulta suelen aparecer también otros problemas. Las deudas económicas, el deterioro de las relaciones familiares, los conflictos laborales y los asuntos jurídicos forman parte de un proceso que avanza de forma gradual. El informe constata que el 59 % de los problemas legales detectados está relacionado con hurtos o robos y que un 23 % corresponde a situaciones de morosidad. Las cantidades adeudadas superan los 25.000 euros en uno de cada cuatro casos.
Inicio más temprano
La investigación muestra que el inicio en la conducta de juego se produce cada vez más pronto. Nueve de cada diez pacientes atendidos reconocen que comenzaron siendo menores de edad, con una edad media de inicio situada entre los 14 y los 17 años. Sin embargo, el acceso al tratamiento se retrasa hasta la treintena, una brecha temporal que evidencia un "silencio clínico" que obliga a impulsar estrategias como el Ludens, un programa de prevención de la adicción al juego de ámbito escolar y comunitario impulsado por el catedrático de Psicología Básica de la Universitat de València, Mariano Chóliz, y colaborador de Patim.
El cambio más visible se aprecia en la forma de jugar. El juego presencial continúa vigente, pero el juego online ha ganado protagonismo entre las personas menores de 35 años. Lejos de sustituirse, ambos formatos conviven. En la actualidad, las apuestas deportivas constituyen la principal modalidad entre los hombres atendidos por la entidad, representando el 40 % de los casos, seguidas por las máquinas tragaperras, con un 34 %.
El equipo profesional de Patim alerta además de que la ludopatía raramente aparece de manera aislada. La combinación con el consumo de alcohol y cocaína se ha convertido en una constante creciente y el 64,47 % de los pacientes presenta patología dual, con trastornos de salud mental asociados o coexistencia de varias adicciones.
Patim subraya el papel decisivo de las familias y apuesta por modelos terapéuticos basados en el acuerdo y la corresponsabilidad, alejados de enfoques exclusivamente directivos. La entidad recuerda además que la ludopatía debe entenderse como una enfermedad crónica y que la recuperación requiere intervenciones sostenidas en el tiempo.
El nuevo perfil del jugador obliga a revisar las estrategias de prevención y detección precoz. "La adicción ya no puede asociarse exclusivamente con la exclusión social severa. Cada vez más personas mantienen una vida aparentemente normal mientras conviven con una pérdida creciente del control", apunta el informe.
Los salones de juego se multiplican en diez años
La entidad muestra su preocupación por la expansión de la oferta de juego. Según recoge el informe, el número de salones de juego en la Comunitat Valenciana ha aumentado un 81 % durante la última década, mientras las plataformas digitales han multiplicado las oportunidades de acceso. Los especialistas consideran necesario reforzar las medidas de prevención y protección de los colectivos más vulnerables, así como avanzar en una regulación más restrictiva sobre las máquinas de juego instaladas en establecimientos de hostelería.
Patim, que cumple cuarenta años de trayectoria, ha atendido desde 1985 a más de 7.000 personas en programas relacionados con el tratamiento y la intervención frente al juego patológico y otras adicciones. La entidad sostiene que el fenómeno ya no puede explicarse únicamente desde la falta de voluntad individual, sino que responde a la combinación entre vulnerabilidades personales y un entorno cada vez más digitalizado y diseñado para favorecer conductas adictivas. «La salud no puede limitarse a intervenir cuando el daño ya se ha producido. También debe actuar sobre las condiciones que favorecen la aparición del problema», concluye López y Segarra.
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