Agroseguro estima que las indemnizaciones a agricultores superan los 125 millones 

La conservación de humedales, aliada del clima y también del sector agrícola

 El sector agrícola, cada vez más afectado por el cambio climático, puede beneficiarse de acciones de restauración de humedales que a su vez buscan frenar el calentamiento: el carrizo que se siega en un proyecto de conservación se entrega a agricultores locales, que lo emplean para mejorar el rendimiento de sus cultivos.

7/12/2022 - 

TORREBLANCA (Marta Montojo/ EFE). La mayor impredecibilidad de las precipitaciones, que se han reducido en frecuencia pero, cuando llueve, "caen más trombas de agua", compromete los ingresos de agricultores como Tico Marín, quien asegura a EFE estar "pasándolo bastante mal" a medida que se agravan los impactos del calentamiento global.

Tras un verano especialmente duro en España, en que se han batido récords de días de calor extremo, Agroseguro estima que las indemnizaciones a agricultores sólo por la falta de precipitaciones, las altas temperaturas y los golpes de calor “registrados de manera constante durante el final de la primavera y el verano” suman ya más de 125 millones de euros.

Por otro lado, la depresión aislada en niveles altos de la atmósfera (DANA) registrada en la Comunidad Valenciana a mediados de noviembre implicó movilizar hasta 8 millones de euros para indemnizar al sector agrícola por los daños.

A la planta “le cuesta más” salir adelante ahora que hace 20 años, lamenta Marín, que en sus cultivos -producción de proximidad-, en el entorno de las lagunas del Prat de Cabanes (Castellón), aprovecha el carrizo segado en las tareas de conservación del proyecto europeo LIFE Wetlands4Climate y lo emplea como acolchado, "en lugar de usar plástico", apunta.

"El acolchado mantiene la humedad del suelo, no deja salir las hierbas porque hace de capa de aislante y ahora en invierno nos valdrá para dar más calor", sostiene el agricultor, algo que resulta "más ecológico", dice, pues evita, por ejemplo, recurrir al plástico o a los herbicidas.

Marín y su hijo, quien trabaja con él en el campo, reciben el carrizo gratis por parte de la iniciativa europea, que busca dar con una gestión de los humedales mediterráneos que logre maximizar la capacidad de estos ecosistemas de absorber CO2 naturalmente a fin de convertirlos en aliados en la lucha contra el cambio climático.

Cuando los humedales costeros están en buen estado de conservación, se calcula que son capaces de secuestrar carbono a largo plazo con tasas hasta 55 veces más rápidas que las de los bosques tropicales.

Efectos medioambientales

Sin embargo, cuando están alterados, las zonas húmedas pueden ser importantes fuentes de gases invernadero como el metano, cuyo potencial de calentamiento mundial es más de 80 veces mayor que el del CO2 durante los 20 años tras ser liberado a la atmósfera.

Cerca de la mitad de los humedales españoles están actualmente “alterados o muy alterados”, algo que -además del impacto climático negativo- representa malas noticias para la biodiversidad del ecosistema.


Como parte del proyecto Wetlands4Climate, Sonia Montferrer, técnico ambiental en la Fundación Global Nature, recalca la importancia de la siega del carrizo en las labores de conservación de la turbera de Prat de Cabanes porque “la tendencia natural de esta planta es crecer hasta hacer desaparecer el agua” y “necesitamos mantener la lámina de agua abierta”, incide.

La especialista agrega que, además de cortar el carrizo, hay que retirarlo de la laguna pues, si se dejara flotando en el agua, llegaría un punto en el que la planta se hundiría, empezaría a pudrirse y terminaría emitiendo metano.

Así, desde Fundación Global Nature lo dejan flotar sólo un par de días para por fin sacarlo, acumularlo en montones, dejarlo secar, a los dos meses triturarlo y entregarlo después a los agricultores de la zona, que lo incorporan en sus cultivos para aislarlos térmicamente, reducir el uso de agroquímicos y aumentar la humedad en el terreno.

Beneficios

“Para ellos es beneficioso” subraya Monferrer, mientras que para los técnicos ambientales supone devolver a la naturaleza “lo que en principio sería una un producto sin utilidad ninguna”.

La biodiversidad del humedal, por su parte, también se beneficia de estas intervenciones, pues la siega de carrizo deja espacio para la avifauna, que en el Prat de Cabanes es especialmente diversa -según la ambientóloga- gracias a las lagunas de gran profundidad que creó la maquinaria para la extracción de turba, sustancia que durante décadas se usó como combustible y como abono para el campo.

Ahora las turberas son consideradas ecosistemas de alto valor ecológico e incluso se estudia incluirlas en la definición de “carbono azul” -que por ahora hace referencia a entornos marinos-, dada la capacidad de retener carbono de la turba, sustancia que los expertos climáticos recomiendan dejar intacta para no liberar ese CO2 que debería fijarse durante el mayor tiempo posible si se quiere frenar el calentamiento.

“Lo interesante de un espacio natural sería crear un efecto mosaico”, precisa Monferrer, de forma que combine zonas de lagunas profundas con otras de poca profundidad para diferentes tipo de aves, y con otras con vegetación para las aves que viven entre el carrizo. 

Noticias relacionadas