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Manuel Arrufat: "El problema más sustancial de la citricultura no es Sudáfrica"

10/02/2019 - 

CASTELLÓN. Manuel Arrufat preside desde hace casi dos meses el Comité de Gestión de Cítricos. Vinculado toda la vida al sector (su padre ya fue un miembro destacado de la patronal estatal de la naranja), este vila-realense ha dado en los últimos años y desde su comercializadora de cítricos el salto a la representación activa de los intereses de la citricultura española y, sobre todo, de la Comunitat Valenciana. Primero con la vicepresidencia ejecutiva del CGC y, ahora, con la presidencia y también la de la interprofesional citrícola Intercitrus, que asumirá en breve dado que, por turno, le corresponde a las empresas ejercer este rol.

Conocimientos no le faltan. Unido al campo desde la cuna (su familia explota desde hace generaciones varias explotaciones agrícolas), su apellido incluso da nombre a una variedad de clementina, la arrufatina, que se generó por mutación espontánea de la clemenules en un campo de Vila-real, donde sigue residiendo. Tras un intervalo en que, como director de internacionalización, ayudó a uno de los referentes castellonenses en la fabricación de fritas y esmaltes a abrir fábricas en Brasil y Vietnam y delegaciones en Indonesia y Rusia, Arrufat retornó al sector citrícola para asumir la dirección general de la cooperativa vila-realense Real Export. Ahora, este máster Esade en Dirección de Empresas Internacionales y que habla fluidamente cuatro idiomas tiene ante sí el reto de reflotar un sector que tradicionalmente ha sido clave para la economía castellonense y autonómica.

-Acaba de acceder a la presidencia del Comité de Gestión de Cítricos. ¿Qué supone para usted el cargo y cuáles son sus objetivos?
-Soy alguien ligado personal y familiarmente a este mundo y creo que de talante bastante conciliador. El CGC representa a 130 empresas y a 25 organizaciones de productores que acaparan alrededor del 70% de las exportaciones. Creo que tenemos mucho que poder aportar a un sector que, huelga decir, está en uno de sus momentos más complicados.

-Para el campo, la actual campaña está siendo desastrosa. ¿Qué balance hacen las empresas de la primera mitad de la campaña?
-El citricultor es el eslabón más débil de la cadena y quien más sufre las consecuencias de esta crisis, pero el exportador no es ajeno a esta realidad. La temporada de clementinas precoces, de nules y de navelinas ha sido un desastre sin paliativos. Pero con las mandarinas y las naranjas tardías el panorama creemos que está siendo algo distinto: ha llegado el frío que incentiva el consumo, no amenazan las lluvias, tenemos una oferta equilibrada y escalonada y las cifras de exportación se están recuperando a marchas forzadas. La oferta citrícola sigue muy atomizada pero sí se ha dado una evolución evidente: hace décadas había unos 900 operadores, hoy estimamos que serán poco más de 300. En el camino se han quedado muchos: grandes y pequeños, cooperativas de tamaño medio y pequeñas especialmente, pero también muchos comercios privados.

-¿Qué le parece la actitud del Gobierno respecto a la crisis?
-El ministro Planas creo que ha acertado más en el diagnóstico que en el tratamiento. Cabría reconocer y agradecer que haya sido él en primera persona quien haya tomado las riendas de este asunto. Acertó cuando negó al sector que nuestro problema, ni siquiera la parte más sustancial, se debía a Sudáfrica y que había circunstancias internas y externas (europeas) que han desencadenado esta crisis. Tenemos problemas estructurales que hemos venido aplazando durante demasiado tiempo: una oferta varietal, que especialmente al comienzo de la campaña, no es competitiva –pero que, pese a todo, puede tener su mercado-; un exceso de producción de clemenules y naranjas navelinas que tenemos que comercializar en tiempo récord –no más de 60 días-, cuando hace décadas lo hacíamos en 100 o120; una estructura de la propiedad, especialmente en estas tierras, minifundista que encarece los costes de producción e impide la mecanización de los procesos, que complica la lucha integrada contra las plagas… Acertó igualmente el ministro cuando advirtió como una debilidad el tener solo un 35% de la producción citrícola asociada a organizaciones de productores (OP). De lo que no habló es de las dificultades y en ocasiones manifiestas discriminaciones a las que se enfrentan las OP privadas –las llamadas Sociedades Agrarias de Transformación (SAT)- que también sirven para concentrar la oferta y adoptar medidas de gestión de crisis; como tampoco aludió al hecho de que la ley de integración cooperativa, promovida por Arias Cañete, no ha obtenido los resultados esperados.

las administraciones autonómicas (Andalucía, Valencia, Murcia y Cataluña) y la central deberían invertir en intercitrus para asegurarse la continuidad de un órgano de ámbito nacional de interlocución y de gestión 

-La única medida adoptada hasta ahora, transformar en zumo 50.000 toneladas, ¿es acertada?
-La decisión ayudará pero se adoptó tarde y debido a las rigideces de los programas operativos difícilmente se podrá alcanzar ese cupo y aliviar con ello al mercado en fresco. Pero reitero que el ministro acertó al descartar hacer de la cláusula de salvaguardia contra Sudáfrica una prioridad –que será muy complicado lograr, que deberá estudiarse pero que requiere de más tiempo y documentación- y en la necesidad de que el propio sector esté más organizado y articulado a través de una interprofesional como Intercitrus, que tendré la satisfacción de presidir. A ver si ahora demuestran que ése apoyo es efectivo: el sector deberá aportar dinero para invertir en su futuro, pero las administraciones autonómicas (Andalucía, Valencia, Murcia y Cataluña) y la central también debería hacerlo para asegurarse la continuidad de un órgano de ámbito nacional de interlocución y de gestión válido.

-¿Cuáles son los principales problemas a los que se enfrentan las empresas a la hora de situar su producto?
-Ese es quizás el problema: que no vendemos ni podemos valorizar, sino que, en demasiadas ocasiones, nos vemos obligados a situar el producto, a hacerle un hueco en los lineales entre una oferta de fruta cada vez más plural y abundante, en un contexto en el que el consumo parece que está bajando –el de zumo de naranja especialmente- mientras que la oferta de cítricos se dispara. Europa es el mercado en el que todos quieren estar.

El hecho de que en nuestro sector se exporte más del 60% de la producción (entre 3 y 4 millones de toneladas) es también clave, porque dependemos de una demanda que está si cabe más concentrada que en España –donde la frutería aún tiene un peso considerable-. En el resto de Europa, por el contrario, 10 grandes cadenas europeas concentran más del 50% de las compras. Las regulaciones que afectan a la cadena de valor, las que establecen por ejemplo los plazos de pago o la venta a pérdidas, deberían estar todas armonizadas a nivel europeo. Se está trabajando en una directiva europea contra las prácticas abusivas, pero ya veremos cómo nos afecta al sector citrícola.

-Se sigue hablando mucho de China, ¿podrían ser los mercados terceros un alivio para la fruta española?
-Casi todos los grandes países emergentes son potencias productoras (Brasil, Argentina, Sudáfrica…) y otros –como EEUU, India o la propia China- son también mercados interesantes porque es allí donde ya existe una cultura de consumo consolidada. Dependemos demasiado de Europa, donde se concentran entre un 91 y un 93% de nuestras exportaciones. Abrir nuevos mercados o consolidar los emergentes cuesta un mundo: los protocolos fitosanitarios de exportación –generalmente minusvalorados y calificados como cuestiones técnicas por los gobiernos- son auténticas barreras. Es el ministerio español, con los pocos medios que tiene y el menor poder político o de negociación que se le presupone frente a la UE, el responsable de negociar tales condiciones. Sin embargo, para los grandes acuerdos comerciales y de integración, es la Comisión Europea quien los aborda: las naranjas no ocuparon, por ejemplo, no más de medio folio –de casi un millar- en el acuerdo que la UE firmó con los Estados del Sur de África que ahora tanto se cuestiona.

-¿Es Sudáfrica la principal amenaza para la citricultura valenciana o lo es Egipto?
-Si ponemos nuestra casa en orden, este sector tiene un futuro innegable. Sudáfrica nos hace daño a principio de campaña –con sus naranjas tardías frente a nuestras navelinas precoces; y también a medio plazo, viendo lo que están plantando, con sus mandarinas tardías frente a nuestras precoces- y Egipto en la segunda parte, con naranjas de media estación y tardías y en un futuro también con sus nadorcott, tango, orri… Nosotros, pese a las muchas cosas que de forma injusta se dicen, tenemos que dar servicio a la gran distribución a la que nos debemos y hemos de tender a garantizar el suministro los 12 meses al año. No habrá almacén que pueda sobrevivir trabajando 7 meses, como mínimo necesitará hacerlo y continuar dando servicio diez meses, porque si no es así dejará de ser proveedor de la distribución moderna. Pero nuestro negocio es la naranja y la mandarina local y cuando estamos en campaña no importamos o si lo hacemos es solo para cubrir los huecos que, en momentos puntuales, puedan darse. Asegurar el futuro de nuestra citricultura pasa por mantener el servicio a nuestros clientes.

-¿Quién es el enemigo entonces?
-No es inteligente hablar de enemigos cuando uno quiere hacer negocios. La configuración de los precios citrícolas se produce aguas abajo: desde el punto de venta al productor, no al revés. Por tanto, no es un proceso que dependa tanto de la relación de la oferta y la demanda, aunque es obvio que también incide, especialmente en campañas como la presente en la que no solo aumentó la producción española sino la de todas las zonas productoras mediterráneas.

-¿Qué le piden a Europa para tratar de que el sector mejore?
-Pues que se comporte de forma similar a EEUU, China, Australia, la India, Korea o Japón, países que –a veces incluso con exceso de celo, como en el caso nipón- son productores citrícolas y quizás por ello también grandes mercados, pero que se toman muy en serio evitar que les entre plagas y enfermedades foráneas. Aquí, Bruselas juega a contemporizar los intereses de los países productores del sur con los importadores del norte. El negocio de los Países Bajos es el portuario, es la importación desde zonas no comunitarias como Sudáfrica o Egipto porque no sacan tanto margen cuando trabajan con nuestra fruta, que les llega por camión.
Después de que nos haya entrado desde América la Xylella, de que el insecto vector que porta la bacteria que supone la mayor amenaza para la citricultura mundial – el Citrus greening- se haya asentado en Portugal y Galicia seguramente procedente de África, de que suframos el Cotonet de les Valls, este sí llegado de Sudáfrica y tantas otras plagas y enfermedades, como el Trip de la orquídea, que sucesivamente se instalan en nuestras plantaciones y que sabemos que llegan a través de las importaciones, estamos cargados de razones para exigir a Europa que se eleve el nivel de protección, no comercial, sino fitosanitario.

estamos cargados de razones para exigir a Europa que se eleve el nivel de protección, no comercial, sino fitosanitario... y sudáfrica ya adopta el tratamiento en frío para exportar a muchos mercados

Hemos de salvaguardar nuestros campos de la Mancha negra. Sudáfrica, por primera vez en muchos años, ha reducido los rechazos por este patógeno en puertos europeos, no así Brasil o Argentina, de donde siguen llegando muchas partidas infectadas por este hongo. Habrá pues que mantener este protocolo en un caso y ser más exigentes en los otros. Debemos reclamar, junto a ello, que se aplique el mismo tratamiento de frío o parecido al que nos resignamos nosotros para no extender la Ceratitis. Prevenirnos frente a la irrupción de la Thaumatotibia leucotreta, que está omnipresente en Sudáfrica y que supone una seria amenaza para los cítricos y para otras tantas frutas y que está extendido por casi todo ese continente, pasa por aplicar el único cold treatment que reconoce la comunidad científica. Hemos de protegernos también frente a otras tantas moscas de la fruta si cabe más agresivas que la del Mediterráneo, que sabemos también padecen por ejemplo en Egipto, como la de la mosca del melocotón y otras moscas como la asiática, que, otra vez, acaba de localizarse en campos italianos… No pedimos nada excepcional: Sudáfrica ya acepta este tratamiento para todos los mercados que antes citaba y la única razón que da para no aplicarlo a sus envíos a Europa es que es una garantía inasumible en términos logísticos. Y lo es, según reconocen, con arreglo al ingente volumen de envíos que realizan a la UE. Aquí las únicas razones que Europa debiera aceptar son las garantías fitosanitarias porque están jugando con nuestro futuro.

Y se insiste en reivindicar que la fruta que entre en Europa sea tratada, en campo o en poscosecha, con las mismas sustancias activas que nos permiten a nosotros. Pese a que eso sobre el papel se debe cumplir, tenemos sospechas fundadas de que tal cosa no se produce, que se podría estar jugando con los plazos de dispersión de los fitosanitarios para que no sean detectados… En cualquier caso, tales prácticas agravarían la competencia desleal e incluso podría afectar, en su caso, a la seguridad alimentaria. Europa podría poner algo más de su parte para indagar en este terreno. Por ejemplo, la inspección en origen –como nos reclaman a nosotros otros tantos países terceros- podría ayudar a detectar tales prácticas, amén de a garantizar la fitosanidad. Utilizar productos prohibidos en Europa para luchar contra las plagas sería triplemente injusto: de un lado nos introducen sus patógenos, que requieren más inversión y más esfuerzo para combatirlos; del otro, se permiten usar armas que no están a nuestro alcance y finalmente -en tanto están restringidas las sustancias permitidas en Europa- la repetición de los tratamientos acaba por generarnos resistencias e ineficacias en nuestros campos…  

La libra egipcia, por otra parte, se ha devaluado un 110% en dos años, la lira turca, el rand sudafricano, el peso argentino, el real brasileño… todos se han depreciado fuertemente o han fluctuado, en el mejor de los casos. Estas turbulencias monetarias distorsionan también los mercados internacionales, inyectan artificialmente competitividad a los sectores locales afectados y alimentan la competencia desleal de países con costes laborales, medioambientales y sociales ya de por sí mucho más bajos. Bruselas debiera ser sensible también a estos aspectos.

-¿Qué supondrá para el sector citrícola la aplicación del Brexit?
-El Reino Unido se ha mantenido en los últimos años como el tercer mercado exportadore, a distancia de Alemania y Francia, con unas 300.000 toneladas por campaña. El británico es un destino estratégico y tradicional por su estabilidad, de los cítricos españoles. Desde el referéndum, sin embargo, solo proyecta incertidumbre. Ni Theresa May creo que a estas alturas, a menos de dos meses para ratificar o no el acuerdo de ruptura, puede vaticinar cuál será la solución. Venimos trabajando codo con codo con el Ministerio de Agricultura, en el que hemos encontrado un aliado, así como con la Secretaría de Estado de Comercio y tenemos protocolos para poder afrontar cualquier tipo de Brexit. Pero en caso de que no haya acuerdo, es evidente que los problemas en la frontera serán importantes y el impacto serio.

-También se habla de la necesidad de apostar por nuevas variedades que amplíen la campaña, pero las buenas tienen royalties muy elevados y los agricultores no pueden apostar por ellas. ¿Las empresas pueden verse perjudicadas?
- La investigación varietal es muy lenta, costosa, requiere de muchos años de pruebas en campo y además tiene que estar enfocada a resultados. Probablemente, no hemos sabido o podido aprovechar el IVIA para este fin. En este sentido, creo que es inexcusable que el CGC –cuyos asociados son los que mejor pulso pueden tener sobre las necesidades reales del mercado- debe de estar presente en sus órganos de dirección, como ya lo están las cooperativas, los sindicatos agrarios o incluso los de clase. Necesitamos un IVIA fuerte y creo que se están dando pasos en este sentido para potenciarlo, pero convendría tender más puentes entre la investigación y la iniciativa privada que después va a implementar esas innovaciones tanto en materia varietal como fitosanitaria, en la lucha contra las plagas y enfermedades nuevas que nos están entrando o que ya padecíamos.

debemos trabajar en el valor añadido que supone la producción ecológica y los programas de residuo cero, en los que poco a poco vamos avanzando, impulsar las marcas de calidad y mantener nuestros estándares con un suministro regular y homogéneo

- ¿Han valorado otras vías para dotar de valor añadido a la fruta autóctona?
-Ofrecemos un servicio excelente, tenemos más calidad y especialización varietal, brindamos mayores garantías en materia de seguridad alimentaria y sostenibilidad medioambiental y económica que la producción de terceros países… Allá donde sea posible, debemos trabajar en el valor añadido que supone la producción ecológica y los programas de residuo cero, en los que poco a poco vamos avanzando, impulsar las marcas de calidad y mantener nuestros estándares con un suministro regular y homogéneo…. Eso es lo que nos va a diferenciar de las naranjas o mandarinas de otras procedencias. Esas son las ventajas competitivas con las que podemos revalorizar nuestro producto.

-Intercitrus acaba de volver a la vida. Usted que será el próximo presidente, ¿qué futuro le augura?
-Nunca antes se había dado una situación de tanta convergencia de intereses entre el agricultor y el exportador. Asumiré la presidencia próximamente de la interprofesional porque, por turno, tocaba hacerlo a la Asociación de Organizaciones de Productores integradas en el Comité de Cítricos. Aún es pronto para hablar, pero sí estamos decididos a darle un renovado impulso. Hay que forjar consensos y quizá el más importante de ellos es la necesidad de retomar las campañas de publicidad y promoción para incentivar el consumo. Lo abordaremos, pero necesitamos tiempo: no nos conformaremos con lanzar una campaña de forma precipitada, sin tener claro el público y los mercados sobre los que incidir. Habrá que estudiarlo y eso requerirá su tiempo. Una segunda línea será reclamar a Bruselas mayores exigencias fitosanitarias a las importaciones de países terceros para evitar la entrada de plagas y enfermedades.

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