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SILLÓN OREJERO

¿Pero quién tomaba Tulicrem? La publicidad de la revista Mortadelo

Mortadelo y Filemón tenían sus álbumes de la colección Olé, los cuáles se recopilaban en los tomos de Súper Humor, pero en los 70 y 80 a estos personajes donde más se les leía era en la revista Mortadelo que salía semanalmente y se heredaba entre generaciones. Así hubo lectura de muchos personajes pasados de fecha, pero también, fascinación por la publicidad. Por la que nos correspondía en aquella época y por la de tiempos pasados, que ya veíamos como surrealista

14/08/2023 - 

VALÈNCIA. Estos días, tras el óbito de Francisco Ibáñez, se sucedieron muchos momentos tacuerdas en redes sociales. Es un fenómeno lógico, pues Mortadelo y Filemón, más allá de su calidad, fue la iniciación de muchos niños en la lectura. También Zipi y Zape y Superlópez, para otros sería Tintín y Astérix y Obélix, pero el común de los mortales tiene en los personajes de Ibáñez el gran hito de su infancia lectora. Aunque cabe matizar un detalle. Para muchos, Mortadelo era el agente, pero también la revista. Una publicación semanal que traía muchos más personajes, sorteos, páginas para participar los lectores y, evidentemente, publicidad. 

En estas andábamos, cuando en una conversación de twitter con Pepe Lobo y Bibiana Candia surgió el recuerdo de un anuncio recurrente en estas páginas, el de Tulicrem. Un producto que nosotros, los contertulios, niños nacidos a finales de los 70 y principios de los 80, no habíamos probado. En un artículo del hipster del paladar, Mikel López Iturriaga, se la definía como "hija marrón y dulzona del Tulipán y prima tercermundista de la Nocilla y la Nutella". Luego decía que arrasó entre los niños "por su alto contenido en grasa y por usar reclamos como los personajes de Mortadelo y Filemón", pero lo cierto es que los testigos que nos juntamos en esta conversación ni siquiera la recordábamos en los estantes de los supermercados. Aunque según ese mismo artículo llegó a haber verdaderos adictos, como el autor de Strambotic, Iñaki Berazaluce, que la definía así: "una suerte de margarina impregnada en Cola Cao y con textura de sobrasada". 

En cuanto a la revista, hay que diferenciar entre el Mortadelo de Bruguera, que tuvo primera y segunda época, y el de Grupo Zeta-Ediciones B. Personalmente, este último lo veía como un objeto de cierto lujo. Era la época en la que tenía que pagar por él personalmente y era consciente de su valor. También de su plantilla, tenía muy buenos personajes, entre ellos, Pafman, de Joaquín Cera. Sin embargo, puede que el que más me gustase fuese el Mortadelo de Bruguera de la segunda época, que me lo compraban por sistema cada sábado y heredé muchísimos. El logo de la revista era el mejor, aparte incluía gags gracias a la forma de las letras, siempre alguno dentro de la "O" y a veces también en la "M". Creo que estos años, los más ochenteros, fueron los de más calidad, había chistes más ácidos, como que el Chollo del Un, dos, tres, estrujado por la Ofelia, respondiese "señora, que uno no es de piedra". También había muchos collages y variedad, casi parecía un fanzine.

Sin embargo, el consumismo es hoy lo importante. Y si hubiera que destacar anuncios que nunca he olvidado, que se han quedado en mi memoria tanto como las historietas, el primero sería sin duda el de mucúlese, del gimnasio Sansón de Barcelona. Aquí en la imagen tiene el lector los dos más populares. Esos sujetos que aparecían luciendo músculo los copiábamos luego a lápiz. En esa época Marvel y DC te recordaban en las viñetas de al lado que los héroes podían llevar capa o no, pero todos estaban musculados. En el cine, Stallone y Schwarzenegger enseñaban que para hacer justicia y desfacer entuertos, lo primero, era trabajar los biceps. No era extraño entonces que al ver anuncios que prometían convertirse en una persona respetada se nos fuera la atención ¡y en quince días! Lo curioso es que estos anuncios hemos comprobado, al ampliar nuestro campo de investigación con la edad, que podían aparecer indistintamente en un Mortadelo como en una Charo Medina, una revista pornográfica nacional orientada al intercambio de pareja entre matrimonios. Impactante la transversalidad del gimnasio Sansón.

Otra sorpresa. En 1984, el Gran Premio Mortadelo era impresionante. Era un concurso para dibujantes con un mínimo de 16 años que no hubieran publicado nunca. Se pedían dos páginas de creación propia, estaba claramente enfocado a la búsqueda de talento. En el jurado, entre otros, estaba el propio Ibáñez y personajes como Chumy Chúmez. Pero lo realmente impresionante es que el primer premio fuese de 300.000 pesetas. Eso era un dineral en aquella época. 

Las promociones televisivas no eran extrañas. En este caso, traemos la de la época del Un, dos, tres que yo más recuerdo. En su día, la gente más mayor vio la sustitución de La calabaza Ruperta por la bota Clotilde con consternación. Fue una traición a sus sueños, de hecho, la calabaza había estado del 72 al 83. No obstante, a mí me marcó El Chollo y el Antichollo. Estuvieron del 84 al 86, los posteriores Boom y Crack los vi yo mismo a su vez como otra traición. Aunque más que por televisión, al Chollo de lo que más le recuerdo es de los chicles. Diría que los cromos de esos chicles fueron los mejores cromos de rascar jamás difundidos. Se parecían a las pruebas de los concursos de televisión en las que había que dar la vuelta a paneles. Lo miserable era que acertar rascando no garantizaba el premio, sino que te permitía entrar en un sorteo. Timo muy popular en los reclamos infantiles de la época y su letra pequeña. En este crossover del Chollo en las páginas de Mortadelo, lo que no se podía olvidar era que, como se ha mencionado unas líneas atrás, si Ofelia estrujaba al muñeco, este se excitara sexualmente. Se aludía ¿al tamaño de los senos de la mujer? y a una posible lujuria de una pera rosa con patas. Esa escena era difícil de digerir cuando estas empezando a desarrollar tu sexualidad. Otra España, qué duda cabe. 

Los juguetes y complementos para chicas también marcaban a fuego. Incluso hoy, cada vez que hay algo que no se puede saber, sigo cantando "secretitos, secretitos", referencia que pillará cualquier espectador de televisión infantil de los años 80. Por mucho que estuvieran orientados al comprador femenino, los juguetes para chicas interesaban a todos, eran igualmente complejos y sofisticados o no, y a la vez, tarde o temprano acababas jugando con ellos también porque no vivíamos segregados por sexos. En este caso, destacar la línea de chándales de la Srta Pepis, marca catalana famosa por sus maletines de maquillaje. Ríete de la fiebre de Barbie. Y luego un anuncio de Berjusa que era bastante inquietante. Se trataba de un recién nacido "igual, igual a un recién nacido de verdad", el problema era que su tamaño era mucho mayor que el de las niñas que salían alrededor. Era un recién nacido con 15 años que estaba a punto de poder fumar y entrar en los bares. Tenía la cabeza del tamaño de la Pedro Piqueras, casi parecía más una escena de una película sobre extraterrestres simpáticos, tan populares en los 80. 

Sobre la gastronomía infantil de la época, a la mencionada Tulicrem habría que añadir a su competidora Nocilla, que estaba por todas partes, y a Sugus, cuya promoción de reunir la palabra Sugus con los envoltorios de sus caramelos no era nada sencilla. Aparte, conseguirlo solo servía para entrar en un concurso, lo que era una manipulación de las ilusiones muy Fahrenheit 451. En este anuncio de Peta Zetas, sobre de piedrecitas pica pica con estallido al entrar en contacto con la saliva que  no necesita presentación, lo llamativo para mí siempre fue el diseño de este reclamo. Te prometían fajos de billetes y relojes. Parecía más la promesa de una noche fantástica en el bingo. Sobre el anuncio de Mimosín que hay al lado, yo jamás vi esa mochila. La verdad es que me hubiese encantado, porque me resultaba simpático el personaje. De hecho, cuando regalaron llaveros, tuve varios. La mochila, no obstante, existió, todocoleccion, una vez más, lo prueba.

Cabría añadir muchos anuncios más que se quedaban para siempre en la memoria, como los de las bicicletas y ciclomotores Torrot. Uno de sus modelos, con asiento alargado y amortiguadores en la rueda de atrás, fue la bicicleta de mis sueños. Sufro aun con el trauma que me supuso que cuando me compraran una fuese una BH de paseo.  También los rotuladores Pelikan, que a mediados de los 80 no prometían dibujar bien, sino trasladarte al espacio exterior con su estuche de dos pisos con el que querían evocar a las naves espaciales y la vida en las galaxias. Qué decir de los billetes Mortadelo, difícil olvidar la sociedad expendedora, la Credit-Risa Bank, quizá más respetable que las criptomonedas, por otro lado. Igual que los juegos de CEFA o toda la gama de Mattel, que alcanzaba la elite con los muñecos de Secret Wars y sus escudos animados. Había mucha ansia por consumir al acabar uno de estos tebeos semanales, aunque hay que citar que muchas veces también anunciaban novelas juveniles e incluso cómics franco-belgas de gran calidad. En fin, es curioso cómo los anuncios también acaban molando. Lo digo mucho, si ahora cayera en mis manos un catálogo de navidad de El Corte Inglés de 1986 podría darme un infarto de la emoción.

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Escribe todos sus reportajes con viñetas, Jess Ruliffson cree en el cómic como medio para hacer periodismo. Su gran obra, Invisible Wounds, es lo que pretende. Tratar de acercar la figura de los veteranos de guerra no para juzgarlos, sino para comprenderlos. Es una colección de testimonios en primera persona de ex marines que aborda temas tan dispares como la homofobia, el suicidio y el estrés postraumático con un enfoque aséptico, pero con una fuerte carga emocional inevitable

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