en la frontera  / OPINIÓN

Roger Corman contra el racismo

24/12/2023 - 

La otra noche, y gracias a Filmin, cayó una estrella en mi jardín: El Intruso, de Roger Corman. Una cinta ruda, con asperezas en el guión, y con un presupuesto ajustadillo. No es una delicatessen precisamente, aunque tampoco es regulera, en absoluto. Tenía a Corman encorsetado en la serie-B y, aún a sabiendas de que ahora está considerado como un realizador de culto por un sector de cinéfilos, debo confesar que no había visto nada de él (la citada plataforma ofrece un amplio repertorio). Malditos prejuicios. No tengo predilección por los vampiros: salvo el Nosferatu de Murnau, obra cumbre de la Historia del Cine y, de aquella manera, la revisión que hizo Herzog en el 79 con un histriónico Klaus Kinski. Tampoco tengo especial predilección por el terror o la ciencia ficción.

La cinta, de hora y media, se rodó en 1962, un año antes del asesinato de John F. Kennedy en Dallas, noviembre de 1963. Es decir, se rodó en plena revolución por la lucha de los derechos civiles de los negros, preámbulo de otras tantas luchas. Lo de Kennedy y el Partido Demócrata (con algún que otro escepticismo en los estados sureños) supone para mí una de las mayores gestas de la historia reciente, en la dirección del respeto absoluto a las minorías. Contra el racismo: uno de los pecados más feos en mi código deontólogico de andar por casa. Y fuera de casa. La cinta de Corman (al final la califiqué con un 10) parte de un charlatán que llega un pueblo de la América profunda para insuflar ánimos a una masa de fanáticos, también de frikis y analfabetos funcionales, que no ven bien la entrada en el instituto local de una decena de adolescentes negros, pero acatan a regañadientes las nuevas leyes. El charlatán, abyecto y cobarde, enciende a la masa, incluido el KKK, para que cometan barbaridades.

Corman, con un cine contundente, como un diamante sin pulir, es de los primeros cineastas que salen en tiempo real (1962) en defensa de la supresión del apartheid norteamericano. Hay películas notorias, claro, Adivina quién viene a cenar esta noche, de Stanley Kramer, y En el calor de la noche de Norman Jewison con un Sidney Potier épico (más épico que en la de Kramer). Pero ambas pelis son de 1967, 5 años más tarde que el peculiar aullido de Corman. Décadas después hubo aluvión de cine anti-racista, incluido Spielberg con El color púrpura (1985) y, sobre todo Arde Missipi de Alan Parker (1988), cinta que reviso cada tres años y que me sigue conmocionando y poniendo los pelos de punta, con un Gene Hackman que está que se sale. En pleno 1962 no hubo aluvión, ni mucho menos: se estaba cocinando la gesta de la era Kennedy, y los artistas estaban saliendo del tremendo trauma de La Caza de Brujas iniciada tras la Segunda Guerra Mundial con el senador McCarthy de Torquemada.

El arte contra la intolerancia en estos tiempos revueltos y excitados donde algunos se escandalizan hasta por ver a unos actores en calzoncillos. Los tiempos: los revuelven los unos y los excitan los otros. Yo prefiero optar por mi estampa navideña que este año ha recaído en Corman.


La Diputación de Alicante ha incluido en la cesta navideña una botella de mistela....¡valenciana¡ Con lo rico que está el de las comarcas del Vinalopó y las Marinas. Enviamos al cuarto de pensar al presidente Toni Pérez: contra la pared un ratito con sendos tomos en cada mano. No sé que opinará de todo esto Rafa Poveda, que de estas cosas entiende un rato (y no solo de su fondillón natal, en Monóvar).

Muere Miguel Romá, que fue director general de la CAM desde finales de los 80 hasta 1992. Juan Navarro Balsalobre nos refresca la memoria en Alicante Plaza de un personaje que tras su salida de la entidad se convirtió en un filántropo generoso, acogiendo a personas migradas de todo tipo y color en su casa, Gran Casa, del Barrio Obrero de Alicante. Un hombre humilde al que le gastaron varias putadas en la entidad: Juan insinúa alguna y se calla las demás. Romá, a quien tuve el placer de entrevistar en los 2000, fue un personajazo de tomo y lomo. Lo suyo era acoger a los de las pateras y darles lo mejor que puede ofrecer una persona: amor, además de comida y asesoramiento. Anti-racismo en vena. Muy bueno también el perfil de Toni Gil en Información. Mientras, la Unión Europea endurece las condiciones para los refugiados que huyen de la miseria y para los que piden asilo político. El mundo al revés: primero hay que combatir la miseria en los países de origen, a cuenta de todos los expolios y barrabasadas que Occidente (incluyamos Rusia y China) ha cometido en África a partir del XIX.

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