la opinión publicada / OPINIÓN

¡Rusia es culpable!

29/01/2022 - 

Nada más lejos de mi intención que atormentarles con la guerra del abuelo y la fosa de nosequién -como con singular bondad y un gran sentido de la empatía comentó en su día Pablo Casado al respecto de los "carcas" de la memoria histórica- pero indudablemente hay cuestiones que, para sopesar en sus justos términos, requieren cierta perspectiva.

Rusia, por ejemplo. Son muchos los líderes de opinión, medios de comunicación, y desde luego los Gobiernos, que apuntan a Rusia y su presidente, Vladimir Putin, como únicos responsables de la atmósfera prebélica desatada por la concentración de tropas de Rusia en las fronteras de Ucrania. Y es lógico que así sea, al menos en una parte sustancial, puesto que es un país (Rusia) el que acumula tropas en la frontera con vistas a no se sabe si presionar, condicionar determinadas decisiones o, sencillamente, invadir.

Ocurrió hace más de ochenta años. Recién finalizada la Guerra Civil Española, el bando victorioso ansiaba protagonizar nuevas hazañas bélicas. Hubo en 1940 un primer amago de entrada de España en la II Guerra Mundial, tras la entrevista entre Franco y Hitler en Hendaya. España coqueteaba con la invasión de Gibraltar y la posibilidad de expandir sus territorios en el norte de África, pero la cosa no cuajó. Un año después, en junio de 1941, tras invadir Alemania por sorpresa la Unión Soviética, el entonces ministro de Asuntos Exteriores español, número dos oficioso del régimen y cuñadísimo de Franco, Ramón Serrano Suñer, profirió desde un balcón "¡Rusia es culpable!" a una enfervorecida audiencia de falangistas.

Para Serrano Suñer Rusia era culpable, entre otras muchas cosas, de haber provocado la Guerra Civil, en peculiarísima relectura de los orígenes del conflicto. Y por ello se pertrechó una división de voluntarios, la División Azul, la mayoría de ellos falangistas, pero también aventureros, gente sin nada que perder, e incluso republicanos que querían hacerse perdonar sus "pecados" (también fue el luego director de cine Luis García Berlanga, por cierto).

La aventura le pudo salir muy cara a Franco cuando, en apresurada redefinición diplomática conforme se evidenciaba que los alemanes iban a perder la guerra, España pasaba de la "no beligerancia" (es decir: estamos con Alemania, aunque sin combatir) a la neutralidad. De hecho, en los estertores de la guerra mundial Stalin planteó derrocar a Franco (en represalia por lo que en esencia constituyó un claro acto de guerra de España contra la URSS), y fue el premier británico, Winston Churchill, quien lo impidió (uno tiende a sospechar a veces que el motivo de que Churchill caiga tan bien a determinada derecha española tiene más que ver con esto que con su papel de valladar contra el nazismo).

En fin. Hoy asistimos a un nuevo éxtasis de "¡Rusia es culpable!", y hay que decir que en algunos aspectos se plantean las cosas con similar profundidad y respeto por los hechos que en 1941. Con el aliciente añadido de que dicho entusiasmo ya no es privativo de la derecha española, pues el gobierno español, o al menos la parte mayoritaria (el PSOE), también participa con entusiasmo, incluso militarmente, del dispositivo preventivo de la OTAN contra Rusia. Con mucho más entusiasmo, sin duda, que otros países (Francia, Alemania, y desde luego la propia Ucrania) que leen el conflicto sin tanta pasión y con la preocupación que a fin de cuentas cabría tener ante un país con un ejército enorme, un arsenal nuclear también enorme, y que tiene manifiestamente claro que las proclamas y el entusiasmo bélico de ciertos europeos se desvanecerán en el preciso instante en el que comiencen los tiros.

Tiros que -esperemos- posiblemente no lleguen a dispararse nunca. Pero, aunque así sea, las desavenencias también pueden tener consecuencias de otro tipo, como por ejemplo el suministro energético y la extrema dependencia de Europa, y sobre todo el norte de Europa, del gas y el petróleo rusos (España depende del gas argelino y además tiene cierta ventaja comparativa en la regasificación de gas licuado, lo que quizás explique en parte el sorprendente ardor guerrero de Pedro Sánchez. Eso y que tal vez el presidente crea que los rusos también piensan que Europa acaba y empieza en los Pirineos y se quedarán en la frontera francesa, en caso distópico-improbable de invasión rusa).

Puede que Rusia sea culpable, pero también es cierto que hace poco más de treinta años que se disolvió la URSS con el compromiso de que la OTAN no cercaría al heredero de la URSS, Rusia, como lo está haciendo, incluyendo en el cerco a países que formaban parte de la propia URSS. La pretensión de incluir a Ucrania en dicha alianza "defensiva", comprensiblemente, es un hito más, no menor, en esta política expansionista, que choca, a su vez, con el expansionismo ruso.

La verdad es que no tengo nada claro qué ganamos los europeos extremando el enfrentamiento con nuestro vecino militarmente más poderoso, que además es nuestro principal suministrador de materias primas. Incluso aunque España esté relativamente lejos del foco del conflicto. Pero igual es que estoy completamente abducido por la propaganda y desinformación rusas que, como es sabido, campan a sus anchas por las redes sociales (sin duda, en este caso, a la vista de los argumentos de unos y de otros, se me antoja mucho más eficaz que la occidental, especialmente anglosajona).

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