CHIPS EN EL BELVEDERE / OPINIÓN

Un nuevo ciclo para 'normalizar' el fenómeno startup

10/11/2022 - 

Era una conclusión obvia pese al explosivo final del Web Summit 2022 protagonizado por el presidente de Portugal, Marcelo Rebelo de Sousa: tecnologías que hasta hace poco parecían inalcanzables tienen ya el nivel de madurez necesario para democratizarse y están disponibles para la mayoría, incluidos los emprendedores.

A ese nivel, la batalla está en los modelos de negocio, lo cual podría aminorar en adelante la intensidad del sobredimensionado foco de atención puesto desde hace unos años sobre las startup frente a otras formas empresariales. En especial, en detrimento de esas medianas empresas consolidadas, con patentes y atrevidas apuestas por la I+D, que compiten en sectores clave, pero fuera del radar de la exposición pública.

Mientras expositores y organización se afanaban por recoger los restos de la fiesta, se podía recorrer con calma los mostradores vacíos de las startup en el Web Summit (71.000 asistentes). Aún permanecían expuestas las ideas que habían venido a vender tantas empresas jóvenes talentosas de países de los cinco continentes (¿China?). Ninguna sorpresa relevante.

En cierto modo, es una buena noticia. Las startup irán desprendiéndose de la ansiedad por presentarse como instrumentos para la inversión especulativa en tecnologías recalentadas, o al menos no necesitarán mostrarse como tales tan explícitamente. Y se presentarán como lo que son: soluciones de nicho en sectores que inevitablemente van a estar concurridos, en los que habrá más actores compitiendo, pero en los que la necesidad es tan grande que a todos les corresponderá parte del pastel.

Si se serena el mercado, después de las distorsiones que generan un boom de liquidez como el que hemos vivido y una crisis de inflación como la actual, nos vendrá bien a todos. Incluidas esa gran mayoría de empresas medianas (entre 20 y 500 millones de facturación) que deben ser nuestra gran preocupación en la transformación digital de la economía.

Dos son las urgencias en estos momentos: la primera, la disponibilidad de desarrolladores de software, que empieza a adquirir dimensiones de cuestión de Estado. En todos los ámbitos. Madrid y Barcelona están pagando salarios de locura debido a la escasez. Lo que vivimos en València es la consecuencia de ello, somos el siguiente escalón, pero ahí estamos.

En cuanto a la segunda urgencia, el chief technology and strategy officer mundial de Siemens, Peter Koerte, me explica que el 86% de compañías medianas, muchas de ellas industriales, claves para la competitividad de la economía en regiones como la valenciana, tienen enormes problemas para dejar atrás la herencia tecnológica, el legacy.

Décadas de operación con los sistemas y los dispositivos anteriores a la actual revolución digital no se cambian de la noche a la mañana. Las grandes corporates pueden dedicar enormes recursos a su transformación y las startup suelen comenzar de cero, son nativos digitales. Pero la clase media empresarial no lo tiene tan fácil.

Se impone en la competición de startups del Web Summit la georgiana Theneo, una plataforma de inteligencia artificial (IA) que permite a importar colecciones de API (importante manejar el concepto, es fundamental en la digitalización) e integrarlas con un sistema sencillo de drag and drop (arrastrar y soltar), para convertirlas en una variedad de lenguajes de programación.

La gran virtud de Theneo es que está pensada para todos los miembros de la plantilla, desde desarrolladores hasta empleados sin conocimientos técnicos. Democratización de la tecnología, vengo a decir.

La española Gataca queda finalista con su solución creada en el MIT para disponer de una sola identidad digital, controlada por el usuario y administrada a través de una billetera de ID como una clave maestra para preservar la privacidad de Internet. Y, junto a ella, la startup de tecnología médica y farmacéutica austriaca Biome Diagnostics.

Tuvieron que defender sus proyectos ante un jurado formado por el presidente de Y Combinator, Geoff Ralston; el cofundador y director ejecutivo de Monte Carlo, Barr Moses; la socia fundadora y directora ejecutiva de 500 Global, Christine Tsai; y Bettina Rotermund de Siemens Xcelerator. Ahí es nada.

En el debate sobre qué es primero si el huevo o la gallina, si la tecnología o las personas que lideran una startup, no cabe ninguna duda: en el caso de las compañías low tech, el factor determinante son los emprendedores; en el caso de las med tech y deep tech, la balanza se decanta de forma abrumadora por la tecnología. Si dispones de una buena patente o un desarrollo informático de primer nivel y no vales como CEO, tranquilo o tranquila, el inversor lo encontrará.

Compañías jóvenes low, med y deep tech comparten la misma etiqueta, la de startups, pero no son iguales, como sabe cualquier conocedor del mundo de la tecnología. Personas con talento y buenas condiciones para emprender están distribuidas por todo el mundo, afortunadamente para todos, porque dinamizan la economía. Sólo las empresas deep tech y, en menor medida, las med tech, tienen la capacidad de liderar la transformación de sistemas productivos.

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