La nueva tragedia ferroviaria también golpea la campaña electoral

Análisis

Comunitat Valenciana

  • Pedro Sánchez junto a García-Page, en el Puesto de Mando Avanzado tras la tragedia.
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VALÈNCIA. El terrible accidente registrado este miércoles en Urda (Toledo), que hasta el momento se ha cobrado 68 vidas, es una de las peores tragedias ferroviarias ocurridas en la historia de España. Un fallo en el sistema de seguridad y posteriores errores humanos, según explicó ayer el ministro de Transporte, Óscar Puente, serían las causas por las que el AVE de Renfe habría chocado con el tren Iryo que se encontraba detenido en la misma vía. 

Una catástrofe donde las pérdidas humanas centran la atención de instituciones, medios y sociedad, pero que también conlleva importantes consecuencias desde el punto de vista político, especialmente cuando precisamente este jueves faltará un mes para la celebración de las elecciones generales y apenas 13 días para el inicio de la campaña.

Así, el siniestro acaecido en Urda supone también un terremoto político puesto que modifica de forma intensa el curso de la actualidad y condiciona de manera ineludible la hoja de ruta que la distintas formaciones tenían trazada para el 29N. 

Lógicamente, el impacto de esta tragedia aboca a un cambio de registro inmediato de la precampaña que, en especial, estaba protagonizando el PSOE y su candidato, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez. Así, en los últimos días, las apariciones televisivas del dirigente socialista en programas como La Revuelta, sus bailes en los mítines o el icónico beso a su esposa en un reciente acto político, habían generado un estilo desenfadado al relato del candidato del PSOE. Es más, antes las críticas del líder de la oposición, Alberto Núñez Feijóo, desde las redes socialistas replicaban al eterno rival con memes y mensajes resumidos en la frase: "Prohibido divertirse".

Sin embargo, tras el accidente, la planificación existente para los próximos días, al igual que el tono ligero e informal que se venía adoptando especialmente en redes para la campaña, debe reiniciarse ante la crisis ineludible que conlleva la tragedia ferroviaria. Dado que, precisamente, desde el punto de vista de la comunicación, resultará imposible desviar la atención de lo ocurrido durante un periodo de tiempo difícil de concretar.

Por tanto, el Gobierno de España y también el PSOE tiene ahora un problema en el control de la agenda. Si en su momento se convocaron las elecciones con el problema de la vivienda como eje discursivo de la misma, un tema donde PP y Vox podían estar más incómodos por su rechazo a los últimos decretos planteados, ahora —o al menos en los siguientes días— el asunto central a tratar es el de la seguridad ferroviaria en España.

Una materia donde, además, llueve sobre mojado puesto que este mismo año, concretamente el 18 de enero, ya se produjo otro grave accidente en este caso en Adamuz (Córdoba) donde se registraron 46 muertos y 152 heridos y por cuya gestión la oposición (PP y Vox) ya pidió la dimisión del ministro de Transporte, Óscar Puente. En esee caso, la tragedia se encuentra judicialmente en fase instrucción y una de las diligencias más esperadas está fijada precisamente para el día 12 de noviembre, dado que están citados los técnicos de Renfe e Iryo para comparecer y proceder formalmente al volcado y posterior análisis de las cajas negras de los trenes.

 

 

Así pues, desde el punto de vista político, la catástrofe devuelve la oportunidad a la oposición de centrar la atención en uno de sus mayores objetos de críticas durante la legislatura: el ministro Puente y su gestión del transporte ferroviario, que al margen de los ataques por el accidente de Adamuz, también se han concentrado en el funcionamiento de Cercanías. Todo ello mientras el foco se centra en la revisión de posibles responsabilidades de su departamento en la tragedia acontecida este miércoles.

Una circunstancia que apunta a modificar el papel de un ministro que, durante mucho tiempo en la legislatura, estuvo considerado como un activo importante para Sánchez, por su carácter vehemente y atrevido en redes sociales, que servía como estilete del Gobierno en los contraataques frente a la oposición. Un rol que, ahora, será probablemente más cuestionado e incluso podría tornarse tóxico, más aún cuando Puente se mantiene como ministro —sin visos a abandonar el cargo, tal y como señaló en la rueda de prensa de ayer— y además deberá hacer campaña como cabeza de lista por Valladolid al Congreso.

 

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