UNA VERDAD INCÓMODA / OPINIÓN

Agenda 2030: Puente aéreo

18/12/2020 - 

 En las últimas semanas estamos presenciando lo que a todas luces será recordado como una de las grandes vergüenzas de la política de destrucción nacional que ha instalado en la ignominiosa “nueva normalidad” el presidente Sánchez. Con un peligroso vicepresidente bajo las faldas y mordiéndole los tobillos al menor desvío de “la trayectoria del terror” pactada junto con los golpistas catalanes y vascos, parece que la Agenda 2030 -el gran rodillo progre que busca acabar con nuestra Patria y, con ella, nuestras libertades y nuestra identidad- es la hoja de ruta que conduce a España hacia el más tenebroso y desconocido de los abismos. Sánchez e Iglesias ya han convertido las Islas Canarias en la nueva Lampedusa. Pero no se han detenido ahí. Se han abalanzado a patrocinar una invasión migratoria aérea, desembarcando miles de inmigrantes ilegales en decenas de ciudades de la península.

Y sí, hablamos de patrocinio. Porque no cabe otra realidad. Mientras gran parte de los españoles no podemos salir de nuestra autonomía -e incluso de nuestro municipio- de residencia para visitar a un familiar, los inmigrantes ilegales pueden deambular libremente y “a gastos pagados” por cualquier lugar del territorio nacional y lo hacen “escoltados” por unas ONG financiadas con los impuestos del pequeño autónomo propietario de una agencia de viajes que ve como inevitable el cierre del único medio que tiene para llevar el pan a su familia. Paradójico, ¿verdad? También lo es el hecho de que un inmigrante legal que viene a España cumpliendo con las leyes y que trabaja duro para sacar a los suyos adelante, tenga que ver como sus impuestos se destinan al bienestar de otros que no han tenido que soportar una travesía interminable por el desierto burocrático que supone la concesión del permiso de residencia y de trabajo.

Porque la dichosa Agenda 2030 no solo se limita a censurar que un español coja su coche diésel para ir al trabajo o llevar a sus hijos al colegio. Ni siquiera en hacerte perder tu puesto de trabajo en una fábrica o en el campo por la importación libre de productos del extranjero. Ni tampoco en imponerte el hecho de que tu hijo deba recibir educación en ideología de género o de enseñar a tu hija que el hombre, por el mero hecho de ser hombre, es un maltratador en potencia. No. Va mucho más allá. La Agenda 2030 -ese instrumento creado por unas minoritarias y acomodadas élites para condicionar la vida de millones- dictamina que la soberanía nacional ha de diluirse entra mantras en favor de “un mundo feliz”. El hecho de que el globalismo determine que un país debe renunciar al cumplimiento de su normativa de control migratorio es igual de perjudicial para la libertad de los ciudadanos que el hecho de que el Gobierno te obligue a abrir la puerta de tu casa y permitas entrar a cualquiera sin saber quién es, qué quiere o que ha hecho antes de sentarse a tu mesa. Y si alguien duda de qué es realmente la Agenda 2030, recuerden que el encargado de su ejecución en España es Pablo Iglesias, el mismo que quería eliminar las vallas de Ceuta y Melilla pero que vive en una mansión con alarma, videovigilancia y más de una treintena de guardias civiles apostados ante su puerta. Cuando hemos hablado anteriormente de élites acomodadas y de cómo buscan determinar tu modo de vida, me refería precisamente a esto. Por algo él huyó de Vallecas, ¿no? Quizá no sentía como seguro para su familia y para sí mismo el resultado de las políticas buenistas que él mismo predica desde su trono de oro.

Cataluña es el claro ejemplo del fin buscado con la -de facto- apertura de fronteras que vivimos hoy. Lustros fomentando una inmigración ilegal árabe -y rechazando la hispanoamericana por compartir con los españoles una lengua y una cultura- con cientos de millones de euros en ayudas públicas con el único fin de destruir la identidad nacional y abonar así un campo dispuesto a ser sembrado con el odio separatista.  Sánchez e Iglesias beben del ejemplo de sus socios separatistas para afianzarse en el poder. Saben perfectamente que, si en Cataluña este proceso ha servido para influir en los resultados electorales, mediante la política de la subvención, para perpetuar una estirpe de corruptos que anhelan la destrucción de todo lo que nos une, en el resto de España debe funcionar. A la fuerza.

Hace unos días conocíamos en prensa el testimonio de un traficante de personas afincado en Marruecos que aseguraba haber ganado en pocos meses más de setenta mil euros. Y amenazaba con seguir enviando pateras a Canarias si “la Unión Europea no le pagaba”. Con el beneplácito y el patrocinio del Gobierno estamos convirtiendo en millonarios a delincuentes, a ONG en lucrativos negocios y a España en una nación sometida al imperio de la corrupción por el poder. La Historia juzgará a Sánchez como a un traidor, pero quizá entonces poco quede de la Nación soberana que un día fuimos.

Ésta es una verdad incómoda, pero alguien tenía que decirlo.

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