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EL CABECICUBO DE SERIES, DOCUS Y TV

Así es la agencia de viajes que ofrece tomar un café con una familia gitana rumana

En Rumanía, una agencia organiza viajes para que los turistas puedan tomarse un café en casa de una familia de romaníes. Venden una experiencia, la de conocer a una parte de la sociedad que ha estado segregada y su cultura ha permanecido poco a la vista. Los gitanos que trabajan aquí a tiempo completo se ríen de los escrúpulos de los visitantes que no quieren hacer nada que les ofenda, mientras que la empresa hace caja catalogando a cada turista por el dinero que tiene y el tiempo que pretende pasar. 

14/12/2019 - 

VALÈNCIA. Las comunidades romaníes sufrieron duramente las consecuencias de la transición del comunismo al capitalismo en los países del Este de Europa. En el socialismo, tenían pequeños trabajos de subsistencia y en muchos casos recibieron viviendas. Cuando estalló el paro en estas economías devastadas, perdieron sus empleos, vendieron sus casas y volvieron a la vida rural, a veces en infraviviendas, en otras ocasiones nómada. 

También fueron afectados por la aparición de nuevas fronteras. Los estados que alcanzaban la independencia aprovechaban esta situación para no darles la ciudadanía. Hay un libro de Capitán Swing que ha tratado tangencialmente este asunto en una serie de reportajes, Los osos que bailan del periodista polaco Witold Szabłowski.

En un documental proyectado en el festival de mediometrajes La Cabina, el cineasta alemán Dennis Stormer ha mostrado una situación desconocida y pintoresca del pueblo romaní. Se trata de una familia que trabaja de reclamo turístico. Los viajeros pueden estar en su casa tomando un café con ellos y hablando de sus cosas. Looking at Others fue filmado en 2018. 

Las imágenes recogidas de este tipo de visitas son las que uno se imagina. Los turistas fotografían a la familia, a sus animales y su casa. Como explican, la idea parte del nuevo concepto de consumo. Ya no se venden solo bienes, sino experiencias. Pasar el día comiendo con los gitanos es una experiencia. 

El proyecto se llama Tzigania Tours. Su web se puede consultar: ofrecen la vivencia de visitar comunidades históricamente segregadas y por tanto poco conocidas. "Siglos de segregación, persecución y desconfianza han construido un muro sólido entre los gitanos y las comunidades europeas, TzT está rompiendo barreras mediante la construcción de puentes que conducen a la parte gitana 'prohibida' de la ciudad donde los extraños raras veces se adentran". Una oferta que además es sostenible. "Ecoturismo", una experiencia de aprendizaje cultural "mientras nos divertimos". 

Lo más interesante del documental de Stormer es conocer la otra parte de la otra parte. Es decir, qué opinan los romaníes que están expuestos y son los que se enfrentan cada día a los turistas. Una cría, Margareta, comenta que siempre les preguntan todos lo mismo. Siempre tienen las mismas dudas. 

Es una niña que, junto a sus hermanas, ha crecido y madurado siempre rodeada de turistas. Klara, la más mayor, ha vuelto con su familia después de dos matrimonios que no han funcionado y es la que se encarga de organizar las visitas. El caso de Margareta es peor, con 14 años ha dejado la escuela para dedicarse a tiempo completo a estar en su casa para que la vean. 

De todos los que van a verlas, las que más les llaman la atención son las asiáticas. Les dicen que no quieren hacer nada incorrecto, nada que no deban y les preguntan qué tienen qué hacer, dónde sentarse y cómo. Las gitanas se ríen de ellas y les dicen que en su cultura lo normal es que los invitados se sienten en el suelo y se parten de risa viendo cómo las obedecen. Una tailandesa que aparece entrevistada se ha colocado un pañuelo en la cabeza para estar ataviada como ellas y no desentonar. 

A los visitantes les cuesta creer que los romaníes de la atracción puedan vivir en una casa. Esperarían que estuvieran en tiendas en mitad del campo. Tienen electrodomésticos, hacen vida normal, hablan inglés mejor que algunos, eso les descuadra. La imagen habitual, comentan, es la de carteristas. Ver una familia que no tiene nada de particular les escama, aunque se muestran muy orgullosos de haber derribado prejuicios con la experiencia. 

El autor se pregunta en su web si un encuentro tan superficial sirve para que dos comunidades desconocidas adquieran algún conocimiento la una de la otra. ¿Puede haber un conocimiento profundo con esta asignación de roles? En las críticas que ha recibido en otros festivales se ha calificado esta reflexión de treinta minutos como "consciente, discreta, pero sincera" y valoraban que se abstuviese de juzgar a los personajes que ha grabado para que cada uno extraiga sus propias conclusiones 

Hay un encargado del negocio que es estadounidense, Chuck. En 2005 dejó su trabajo de periodista en su país y se adentró en estas comunidades. Ahora clasifica a los turistas en tres tipos, según el tiempo y el dinero que tengan disponible: si tienen poco, pero estarán mucho tiempo, si pasarán rápido -los grupos- y dejarán mucho y si tendrán poco dinero y poco tiempo, lo que sería el turista convencional. 

Sin entrar a valorar la cultura del turista o moralizar sobre su búsqueda de experiencias, lo que da por sentado el reportaje es la mercantilización de absolutamente todo. Un encuentro con otra cultura se plantea como un negocio, con unos tiempos divididos y unos trabajadores a tiempo completo que son menores de edad. La experiencia y el conocimiento, derribar los prejuicios, es algo que el turista paga. Lo consume como un cliente. Nada que nos vaya a hacer llevarnos las manos a la cabeza a estas alturas, pero por la fuerza de la costumbre, no por otra cosa. 

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