el interior de las cosas / OPINIÓN

Comenzando septiembre

6/09/2021 - 

Septiembre es uno de los mejores meses del año, aunque parezca lo contrario. Con este mes comienza un ciclo que aminora el calor, que refresca las noches, que nos vuelve a conectar con la realidad tras esas necesarias vacaciones. Conectar, se conecta, y en la memoria quedan aquellos primeros días de septiembre en los que preparar el material escolar, una actividad que debería provocar un gruñido pero que aportaba cierta felicidad. Los recuerdos quedan en el maravilloso olor de los libros nuevos, y también de los heredados que nos llevaban al cariño de las manos de primas y primos, de hermanas y hermanos. Aquellos diccionarios de latín y griego de mis primas, los libros de filosofía, de literatura, usados, con notas en sus páginas, libros perfectos y maravillosos.

Las primeras mujeres de mi familia fuimos de letras y de emociones, maestra, periodista, enfermera… (Y nadie, en aquella familia, hubiera pensado que aquellas niñas y jóvenes acabarían estudiando carreras universitarias.) Mis predecesoras eran lectoras interminables que lanzaron una flecha literaria a mi corazón adolescente. Ellas, mis primas Maribel y Espe, así como una magnifica profesora de latín, griego y literatura, ‘La Pati’. Una mujer dura, regia, con un carácter agrio pero con una fuerza impresionante. Gracias a ella descubrimos a Galdós, Clarín, Machado, Pardo Bazán, García Lorca, Nicolás Guillén, Alberti, Neruda… en un colegio madrileño de Escolapias, extrañas monjas en aquellos años setenta. La Pati se centró, precisamente, en estos autores y autoras porque en aquel Bachillerato aún estaban prohibidos. Nos adentró en el mundo de Carmen Laforet, Ana María Matute, Mercé Rodorera y Carmen Martín Gaite. Además de iniciarnos en la reflexión y la crítica a través de exquisitas y seleccionadas traducciones de la antigua historia romana y griega.

Nos hizo crecer, y regresábamos a casa, cada día, en el autobús escolar que recorría  todo Madrid, sabiendo que vivíamos en un mundo insoportable, injusto y fascista. Cada noche leíamos aquellos libros, bajo las mantas, con una linterna, soñando con el cambio, con la muerte del dictador, con la llegada de una libertad que no existía y que, además, acabábamos de descubrir.  

Estos días, en los que se ha cumplido el aniversario del nacimiento de Fernando Fernán Gómez, el día 28 de agosto de 1921, en Lima, he vuelto a ver, una vez más, la magnífica película La lengua de las mariposas, dirigida por José Luis Cuerda. De nuevo me he emocionado, he recordado a aquella profesora que rompió todas las reglas y nos hizo libres y pensadoras, y he vuelto a sufrir con este país que olvida a los suyos, a las víctimas del fascismo, a tantas mujeres y hombres que siguen enterrados en cunetas y horrorosas fosas comunes.


Reviviendo la Lengua de las mariposas, es preciso remarcar que esta semana, que  hoy comienza, es la auténtica del regreso a todo, del curso escolar, social y político. Pero hay partidos como Cs, PP y Vox que llevan días derrapando. Las declaraciones del actual dirigente del PP, Pablo Casado, están siendo delirantes, insultantes a la inteligencia ciudadana. Cada vez que habla o que publica algo en redes sociales se percibe la desesperación de alguien que necesita titulares y, al final, acaba siendo mentiroso, ridículo, bochornoso. Todo un verano de despropósitos. El PP se inventa realidades no reales para justificar su existencia. En Castelló, también. Están concentradas y concentrados, únicamente, en buscar algo para atacar y destruir, aunque se tenga que inventar. Porque, si no insultan, mienten o manipulan la realidad, no existirían. ¿Quién hablaría de estos partidos si no hicieran ruido y bronca?. 

Este verano, en el que ha pasado de todo, nos ha proporcionado un brusco choque con la realidad no deseada. El precio de la luz es un atraco a mano armada. El sábado escuchaba en la radio, en A Vivir, de la cadena Ser, el testimonio de una familia barcelonesa de cinco personas, con la suerte de un único salario de 1.800 euros. Es un ejemplo destacable porque, decían que solamente podían encender la placa vitrocerámica una vez al día, además de eliminar de su vida el termo eléctrico y otros electrodomésticos. El relato era demoledor (porque se aproxima a la vida media de la ciudadanía) y se sumaba otro testimonio, en otra radio, de una vecina de La Cañada, en Madrid, con unas carencias inhumanas.

En cuanto a carencias, violencias e injusticias, la historia se repite, siempre, y no hay manera de restaurarla. Sabemos de desigualdades insufribles, de ataques continuos  y sin piedad de los Derechos Humanos, de guerras perdidas, de guerras sin sentido que orquestan los países del primer mundo en la búsqueda de intereses económicos, en la promoción de la industria armamentística. 

Afganistán está en medio de estos contextos. Porque ha sido un conflicto sin sentido. Una ofensiva estadounidense, como la mayoría, que ha vuelto a poner de relieve la ignominia, los errores y el escaso valor de la vida de las personas para las estrategias internacionales. Esas personas, esos pueblos inocentes, siempre quedan en el medio de la nada de las decisiones de los despachos de los señores dueños de este mundo. Ahora, debemos acoger a todas las personas migrantes que llamen a nuestra puerta, es una obligación y se trata de nuestra conciencia.

Este pasado mes de agosto ha sido explosivo. He tenido experiencias extremas, extrañas y otras bellísimas. La noche del sábado 14 de agosto fue tórrida y sospechosa. Una madrugada cercana a los 30 grados en las montañas, un tránsito insoportable hacia los treinta y muchos que dominaron el día siguiente. El 15 de agosto, día de la Asunción de la Virgen María, quedó marcado en rojo en todos los calendarios. Festes d’Agost en numerosos municipios, barrios, comunidades de propietarios de apartamentos de Benicàssim. Festes de Morella, de Sant Roc. Pero, en Morella,  Els pelegrins, ni danzaron, ni recitaron. Las quintas y los quintos morellanos llevan dos años sin su fiesta.

En Castelló, esa misma noche, y según explicaron las entidades climatológicas, “el aire descendente logró vencer la inversión de capas bajas. Si trazamos el recorrido descendente del aire desde niveles medios por la adiabática seca hasta superficie, vemos cómo la temperatura teórica a alcanzar era de 43 ºC, que fue la que se registró”. El alegre balcón de mi casa ha perdido todas sus flores y hojas verdes, se quemaron aquella noche.

Estuve en Els Ports y, tras el ecuador de agosto, la montaña comenzó a despedir el verano con la formación de las tormentas vespertinas. Enormes y poderosas nubes ocuparon el cielo morellano, creciendo entre ellas, compitiendo en los cuatro puntos cardinales. En la ciudad de Els Ports las tormentas siempre son espectaculares, torrenciales y bellísimas, si no producen estragos. El conjunto urbano de la ciudad es el escenario perfecto para la lluvia que, allí, en medio del océano montañoso, vierte furiosamente sus gotas sobre tejados y piedras, creando torrentes entre las cuestas y las calles empinadas. La muralla contiene y desagua estos excesos. 

Es septiembre, y huele a esos libros nuevos, al papel recién salido de las imprentas, a los lápices, cuadernos, rotuladores y esas eternas gomas de borrar. Huele al plástico nuevo que forra los libros y recuerdo a dos niños impacientes, pendientes de que sus libros no tuvieran arrugas ni bolsas de aire. Aquellas tardes y noches en una casa cantonera morellana en la que escuchabas Mama, no te pases, no está quedando bien, repite ese forrado que el plástico no está ajustado. Maravillosas horas recordando la vuelta propia al colegio, el aroma de las gomas de nata, de cada una de las páginas de un libro. Y el primer día, esa jornada de emociones que nadie puede contener. Esos niños que acompañas al colegio con una sonrisa, dispuestos a enseñarte que la vida ya es cosa de ellos y de sus sueños. 

(Hoy siento, todavía, el olor de aquellos libros nuevos, de las gomas de borrar, de los lápices de colores, del plástico de los libros de mis hijos. Hoy siento que Aimar y Biel vuelven al colegio con esa mochila cargada de aquellos olores y sentimientos que vivieron sus madres y sus padres, los mismos que hemos experimentado desde la infancia y la estima infinita).