tribuna libre / OPINIÓN

¿Estamos contando bien?

17/04/2020 - 

VALÈNCIA. Desde que comenzó la pandemia del virus SARS-CoV-2 hemos visto una gran variación en los números que han ofrecido la prensa y el Gobierno. Algunos se preguntan si es debido a que los datos han cambiado o, por el contrario, a que los han dado mal. ¿Están informando bien de lo que pasa?

Se habla mucho de la letalidad, que podríamos definir como el porcentaje de muertos que produce una enfermedad en un lugar y un periodo concretos. Pero, uno de los problemas que hemos tenido en España desde el principio es que los representantes públicos, y también los medios de comunicación, han comparado la enfermedad que produce el coronavirus —llamada Covid-19— con la gripe. 

Sin ir más lejos, a mediados de febrero la periodista Ana Pastor junto a Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias y portavoz del Ministerio de Sanidad, dijeron en el programa El objetivo de la Sexta que la gripe mataba a más personas que la Covid-19. Después de esto, periódicos como el Abc o Público ningunearon la nueva enfermedad diciendo que la letalidad de la gripe era superior a la del coronavirus, así que ¿para qué preocuparse? 

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Ahora bien, los datos que ya ofrecía la Organización Mundial de la Salud (OMS) en esa fecha para el coronavirus eran del 2%, es decir, hasta veinte veces más letal que la gripe. A día de hoy la OMS ha aumentado esa cifra hasta el 3,4%, y esto ocurre porque estamos viviendo la pandemia en directo. Es decir, cuando la enfermedad llega a otros países puede tener un impacto diferente por las características de cada sociedad. Así que en este caso la variación del porcentaje no se debe a un error, sino a que los datos pueden cambiar.

Pero, más allá de todo esto hay preguntas que merecen una respuesta: ¿es tan alta como dicen la letalidad en España? ¿Está dentro de lo esperado? ¿Qué pasa con Alemania y Corea del Sur? ¿Realmente muere allí menos gente?

 La respuesta vuelve a estar en la calidad de los datos que utilicemos. Para entenderlo mejor vamos a mostrar un ejemplo. Imaginemos un virus que mata a la mitad de los contagiados y que duplica su número todos los días. Además, hay que tener en cuenta que esta enfermedad ficticia tarda una semana en matar desde que se contagia. 

El primer lunes de la epidemia solo tendríamos dos casos, así que las autoridades sanitarias podrían quitarle importancia. «Es cierto que hay muchos muertos e infectados en otros países —dirían llamando a la calma— pero aquí solo tenemos dos casos, no va a ocurrir nada, así que no hace falta tomar medidas». Ahora bien, al lunes siguiente la situación habría cambiado un poco con 250 infectados y el primer muerto.  «¡Pero hombre! —dirían esta vez—, «solo hay un muerto y 250 afectados; eso es una letalidad del 0,003%; ¡La gripe mata treinta veces más! No nos volvamos locos ni seamos alarmistas».

«Hay tanto descontrol que algunos expertos en análisis matemático han calculado que en España hay diez veces más infectados que los oficiales

Al lunes siguiente, ya con 30.000 infectados y 128 muertos —hay que recordar que la enfermedad tarda una semana en matar— la gente empezaría a preocuparse. Pero, si las autoridades hicieran el mismo cálculo obtendrían un número igual de bajo, y eso a pesar de que al final la mitad de los enfermos acabarían falleciendo. Aunque las epidemias no ocurren de forma exponencial —solo lo parecen en las primeras etapas— este ejemplo nos sirve para entender que algo no funciona. ¿Qué está fallando? La respuesta es bastante sencilla. Cuando se calcula la letalidad de una pandemia en directo —y no en los libros de historia— no se puede contar como supervivientes a los que aún están en el hospital, porque podrían morir y estarías contando de menos. Si en el ejemplo anterior no hubiéramos tenido en cuenta a los enfermos, y solo a los muertos y los curados, nos habríamos dado cuenta desde el principio que la situación era muy grave.

El coronavirus no mata tanto como nuestra enfermedad ficticia, pero sí lo hace igual de lento —tarda unas dos semanas en hacerlo—. Eso explica por qué algunas fuentes oficiales y medios de comunicación ofrecen datos de letalidad en Alemania del 0,34% y en Corea del Sur del 1%, cuando los datos reales ahora mismo serían del 5% y el 3%. Estas cifras son más similares al 3,4% calculado por la OMS y resuelven un misterio que nunca lo fue: los datos estaban mal calculados. Pero ¿qué ocurre en España? Si repetimos este razonamiento para nuestro país el resultado es del 29%. ¿Muere aquí más gente o nuestros datos tienen más errores?

Una de las dificultades a la hora de hacer los cálculos en España es que las autoridades no están haciendo suficientes test para verificar el número real de infectados, algo que en Alemania y Corea del Sur sí han hecho. Hay tanto descontrol que algunos expertos en análisis matemático han calculado que en España hay diez veces más infectados que los oficiales. Y eso hace que, posiblemente, también haya diez veces más recuperados. A los muertos es más fácil seguirles la pista porque los casos más graves acaban en el hospital y son diagnosticados. Así que, teniendo en cuenta que no se hacen suficientes test, estaríamos hablando de que la letalidad en España también rondaría ese 3,4% teórico que ha calculado la OMS.

En resumen, lo que ocurre en España es que por un lado existe un sesgo que aumenta la mortalidad por no hacer las pruebas suficientes, y por el otro un error obvio y conveniente —y tal vez no casual— que permite a las autoridades dar valores más creíbles de letalidad y enmascarar la falta de diagnósticos. Porque en este caso y una vez más, siempre es más fácil explicarle al pueblo una mentira conveniente que contarle la verdad. Sobre todo cuando esa mentira ofrece resultados parecidos y evita tener que explicar qué cosas se están haciendo mal. 

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