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memorias de anticuario

La necesidad de reivindicar el arte hispánico

18/10/2020 - 

VALÈNCIA. Antes de volver, la semana que viene, a cuestiones más divulgativas déjenme poner sobre la mesa un tema que me planteo últimamente. Hace a penas unos días se ha celebrado el Día de la Hispanidad. Una fecha que cada uno celebra, o no, a su manera, faltaría más, pero que en los últimos años está sirviendo, con cierto pesar, para que acreditemos fehacientemente las profundas diferencias que existen entre españoles, en cuanto a la idea de España y el papel de ésta en los últimos cinco siglos. En esta ocasión me ha dado por reflexionar un poco sobre la apreciación que tenemos por nuestro arte más allá de que nos fascine la Alhambra de Granada, el Museo del Prado, el Acueducto de Segovia o la Lonja de la Seda; así como si podemos hablar de un arte español con características propias diferenciado suficientemente de otras escuelas nacionales europeas. Como he dicho en otras ocasiones, ya que me estoy metiendo, como en mí es habitual, en terrenos complejos, estos artículos dominicales lejos de tener una ambición académica más bien los planteo a vuelapluma con una finalidad de promover la reflexión, por lo que dejo, obviamente, mucha información en el tintero. 

Por mi experiencia personal, y los datos que la avalan son bastante incuestionables, que no son otros la cotización que recibe en los mercados el arte español, pienso que, salvo significativas excepciones, nuestro arte no tiene el aprecio que sí tiene la producción artística de otros países europeos. Y esto abarca el arte antiguo, pero también el contemporáneo. Ello se debe a que, en España, actualmente y desde hace unos años, no existe un coleccionismo artístico tan potente como en otros países de nuestro entorno, por mucho que escuchen cosas distintas en los minutos que los telediarios dedican a la feria Arco u otros certámenes.

 Tendríamos que comprobar, y cabría que reflexionásemos sobre la cuestión de, hasta que punto cierta indolencia a la hora de relacionarnos con la idea de España no ha jugado, y juega, a la contra a la hora de poner en el lugar que merece nuestro arte. Es algo que no tengo claro del todo, pero no me parece algo ilógico que si existe una evidente desafección en parte de la población con la idea de lo español, eso traiga como consecuencia que la promoción, protección y consumo de cultura española no ocupe uno de los primeros lugares en el orden de preferencias de consumo cultural de una parte importante de la ciudadanía. Asimismo habría que añadir un hecho que no es tan baladí como parecería a primera vista: el evidente alejamiento de una parte importante de la población de todo aquello que tenga que ver con las creencias y prácticas religiosas, hecho que en absoluto valoro, la ha distanciado con una parte nada despreciable de nuestra producción artística, puesto que no hay que olvidar que, precisamente entre el final de la Edad Media y el siglo XIX, la temática de índole religiosa es, con diferencia, la más abundante. Nos gustará más o menos, pero este es un hecho indiscutible. 

Plato de cerámica de Manises siglo XV

Lo cierto es que en más de una ocasión obras importantes de nuestro arte han de salir de España, siempre con el permiso de la Junta de Calificación, para encontrar un mejor comprador de estas fuera de nuestras fronteras.  De hecho, la mejor imaginería española del Barroco, los Sorollas más buscados, o las piezas de cerámica de Manises más importantes se están vendiendo en el mercado internacional con mejores resultados en subastas o ventas privadas. Si, como ha sucedido, la Junta de Calificación no permite que la pieza salga de nuestro país por considerarla suficientemente relevante para el patrimonio histórico artístico, el precio al que hay que aspirar a la hora de venderla es sensiblemente inferior al que tendría si esta pudiera ser ofrecida a un comprador, público o privado, extranjero.

Igual que el etnocentrismo, que en ocasiones enarbolamos sin darnos cuenta, para defender que lo nuestro es lo mejor es hijo del desconocimiento (y sólo hace falta viajar o mejor pasar una larga temporada en otro país), también sucede que la falta de acercamiento a nuestro patrimonio, con cierto grado de profundidad, nos conduce inevitable y paulatinamente a un desapego que nos lleva al silencio en el mejor de los casos, y en el peor a afirmaciones sobre éste del todo punto erróneas y superficiales. En ocasiones el enemigo lo tenemos dentro cuando nos hacemos pábulo de teorías defendidas allá y acullá, y no somos capaces de rebatir ciertas opiniones emitidas desde el mundo cercano a lo negrolegendario sobre nuestro arte y artistas. 

Una de las pinturas negras de Goya.

Digamos como marco general que pocos países pueden ofrecer a quienes habitamos y a quienes nos visitan una variedad tan enorme de manifestaciones artísticas que España (aprovecho aquí para decir que lo que para unos nos diferencia, para mí nos enriquece). Intento ponerme en la piel de un norteamericano que en una semana visita Galicia, la Meseta y sus ciudades históricas, Andalucía y acaba en nuestra ciudad tomando una paella en la huerta. Otra característica de nuestro arte concretamente el de la cerámica es la enorme variedad existente, con características propias en unos y otros territorios debido a las diferentes condiciones geográficas, con el aislamiento de unos espacios respecto de otros e incluso por las características climáticas y sociales. 

 No creo que exista una escuela nacional que tenga tres piedras miliares, que atraviesan la columna vertebral del arte universal, como Velázquez-Goya-Picasso. Es un hecho tan importante, aunque sea por la enorme influencia que irradiaron en el arte que vendría después de estos, que nunca hay que dejar de citarlos.  Por otro lado, todavía existe cierto prejuicio a tratar otro de nuestros valores culturales: el arte islámico e hispano-morisco como ajeno a lo hispánico cuando en realidad deberíamos presumir del mismo y de un mundo cultural al que le debemos algunas de las obras más refinadas de la Edad Media en el tiempo en que el Islam ocupó buena parte de la península ibérica. Cierto, todavía no estaba formada España como estado pero la influencia y asimilación del arte islámico en nuestra cultura todavía se manifiesta.

Finalmente, no debemos olvidar una parte inmensa de nuestro arte que hoy, todavía, es un perfecto desconocido para buena parte de los españoles, y del que deberíamos hablar en otra ocasión: el arte colonial hispanoamericano, que es aquel que se produjo en los territorios de Hispanoamérica mientras pertenecieron a la Corona Española como Nueva España desde su conquista a finales del siglo XV y principios del XVI hasta la independencia y fundación de los distintos países. Un arte de gran riqueza decorativa en todas las disciplinas, que recibió de lleno y casi al unísono todas las influencias del Renacimiento europeo, del Barroco y del Rococó, pero que, asimilando estas influencias, fue incorporando detalles distintivos de la cultura propia que se iba generando paralelamente y anterior a la conquista. 

Obra de arte colonial de Nueva España.


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