una obra de teatro refleja la crudeza del campo de concentración

'La voz de mi abuelo': 60 minutos en Mauthausen bastan para ver el sinsentido de una guerra

Inma González recupera en 'La voz de mi abuelo' el testimonio de Manuel Díaz, superviviente del campo de concentración de Mauthausen. 60 minutos de monólogo que, con sensibilidad y humor, abanderan el sinsentido de las guerras y el fascismo

26/11/2019 - 

CASTELLÓ. “Las guerras sirven para muy poquitas cosas. He comido perros, gatos, pero nunca he odiado a nadie”. Esta solo es una de las muchas revelaciones que hizo Manuel Díaz en una entrevista de dos horas y media, concedida en 2003 para un medio francés. Su relato como superviviente del campo de concentración de Mauthausen era importante para retratar uno de los momentos más atroces que ha vivido nunca la humanidad. Pero además, este español que fue apresado por el ejército nazi también tenía mucho que decir sobre su paso por el ejército republicano, su estancia en el campo de refugiados de Argelés (Francia), por el campo de exterminio de Gusen, o sobre cómo cada día de su vida vio morir a cantidad de personas que apenas conocía. 

"Mi abuelo y mi abuela se conocieron en Francia, después de la liberación del campo de Mauthausen, y entonces nació mi madre. Ellos querían volver a casa, pero no podían ir a la España de Franco. Así que hicieron vida allí hasta que años después consiguieron, a través de un familiar, un papel que les permitió regresar y aquí nacieron mis tíos. Sin embargo, a mi abuelo no le gustó el país que se encontró y se volvió a ir. Nunca me he criado con él al lado, nos hemos visto a distancia", explica Inma González, quien pese a vivir la experiencia de su antecesor desde muy lejos, a finales de 2018 puso voz a sus memorias a través de una obra teatral. 

"No fue hasta los 25 años que me enteré del verdadero pasado de mi abuelo. Todo empezó cuando me entregaron una cinta de grabación en la se oía como le entrevistaban unos jóvenes periodistas. Al tiempo volví a Francia por trabajo, pero no llegué a hablar del tema con él. Entiendo que hablar de tal atrocidad con tu familia es doloroso... contárselo a un desconocido siempre será más fácil. Lo que tuve claro es que me tocaba a mi poner forma a sus recuerdos y esta es mi forma de expresarme", asegura la artista. Inma González arrancó su aventura como intérprete en el año 2000 tras estudiar Arte Dramático en la Escuela de Jorge Eines. Casi veinte años actuando que le han valido para ser candidata a un Max, meterse en la vida de García Lorca, con las Bodas de Sangre, o para explotar al máximo las posibilidades del clown. De ahí que Mauthausen, la voz de mi abuelo se cuente desde la crudeza, pero también desde el amor y el humor. Su paso por Castellón dejará un espetáculo en Betxí, el próximo sábado 30, con motivo del Reclam. 

"Me enteré con 25 años y ahora tengo 41, pero está siendo un proceso muy bonito. Todo lo que mi abuelo tuvo que padecer, ha sido al final un regalo que me da a mi interpretar su historia y contarla. Es muy satisfactorio y liberador porque a muchos lugares donde voy la gente me para para contarme también sus memorias", asegura la intérprete. Y es que configurado como un monólogo, González se hace eco de la estancia de su abuelo en el campo de concentración desde 1940 hasta la liberación del mismo por parte del ejército estadounidense. 60 minutos en los que entran en juego el humor, la narración oral y el "cuenta cuentos". Un trabajo que la malagueña hizo bajo la dirección de la dramaturga Pilar G. Almansa.

"Pese a todo mi abuelo era un tipo muy cachondo. Y eso, mezclado con la juventud, fue lo que le hizo tirar para delante", cree González, quien considera además que la mayor enseñanza que da la obra es la capacidad que tenían los deportados españoles de perdonar. "El discurso con el que yo me he encontrado a lo largo de los años es que todos han sabido perdonar, que nada tiene que ver con la impunidad y el olvido." Manuel Díaz vio con sus propios ojos cómo sacaron los negativos de Francisco Boix del campo de concentración, pruebas que en la posguerra fueron utilizadas para inculpar a dirigentes nazis. Su estancia estuvo además marcado por el frío, las ejecuciones, el recuento y los andrajos. 

Sobre el escenario, el horror se cuenta con calma y sencillez. Sin alharacas, porque lo que quiere la actriz es que cale, sin intermediarios, un mensaje claro: "Es difícil que se vuelva a vivir lo que vivió mi abuelo, pero los derechos se siguen atentando a pequeña escala. No con la infraestructura que tenían los alemanes, pero se está repitiendo. Se nos olvida que hace poco gente de aquí necesitaba exilio. No salgo de mi asombro en cómo nos olvidamos tan rápido. Hay políticos que blanquean este tipo de discursos y es muy triste. Por eso, acercarse al testimonio de mi abuelo y otros españoles te hacen ver el sinsentido de fomentar cantos, rivalidades y diferencias". 


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