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MINORÍA ABSOLUTA / OPINIÓN

Obsolescencia programada

8/10/2020 - 

La pandemia se ha cebado con ellos. El 80% de los fallecidos en España por la covid tenían más de 70 años. Una de las generaciones más fuertes y que más han aportado para construir nuestra sociedad del bienestar se ha ido por la puerta de atrás. 

Pero lo más grave no es que este virus haya acabado con sus vidas, sino que ha puesto en evidencia que, a partir de cierta edad, eres prescindible para esta sociedad. Así de cruel como de real.

Y es que nosotros mismos nos hemos puesto fecha de caducidad, hemos establecido una obsolescencia programada a partir de los 65 años, cuando pasas de ser útil a ser una carga para el Estado y para la sociedad. 

Estos prejuicios y discriminación contra las personas debido a su edad se llama edadismo. Un problema que teníamos aparcado y evitábamos ver, pero el coronavirus ha puesto al descubierto, y ya se ha convertido en un problema de índole internacional. De hecho, la Organización Mundial de la Salud ha lanzado la campaña Old lives matter impulsada por más de 40 organizaciones científicas, sanitarias y sociales para sensibilizar a la población y luchar contra esta actitud.

Lo vintage está de moda siempre que no se refiera a las personas. Porque el culto a la imagen y a la juventud prima en todos los ámbitos de la vida y por ende en el político. Solo basta con ver a los líderes de los principales partidos políticos españoles, que hacen de su imagen personal, su principal arma. 

Cabe destacar la actuación entre bambalinas del todopoderoso jefe de Gabinete, Iván Redondo dedicado por completo en proyectar el liderazgo de Pedro Sánchez a través de su físico, recordemos las fotos de sus manos o de sus posados en el Falcón. Redondo, el spin doctor de Moncloa, ha trasladado el marketing político propio de las campañas electorales a las instituciones, primando una estrategia política donde la forma interesa más que el fondo con el fin de perpetuar la figura del Presidente. Y en la dictadura de la imagen, la gestión queda en un segundo lugar.

Y en este contexto, las políticas dirigidas a los más mayores no son prioritarias aún siendo un colectivo que aumenta a un ritmo imparable. La esperanza de vida de la población española se encuentra entre las más altas del mundo, y la mayoría, quieren seguir activos y participando en la vida social después de los 65 años. 

Fue la generación que gestó y consolidó nuestra democracia, que trabajó para facilitarnos multitud de oportunidades, y superó importantes crisis económicas como la del 1993 o la del 2008, con menos formación que las generaciones actuales pero con más preparación para afrontar coyunturas difíciles. 

FOTO: KIKE TABERNER

Rompamos el estigma de que a partir de los 65 años eres vulnerable y prescindible, no solo por una cuestión de justicia, también de necesidad. Necesitamos de su experiencia para salir de ésta, nosotros, que hemos crecido entre algodones, y que la “guerra” que nos ha tocado vivir ha sido desde el sofá viendo Netflix.

Es el momento de abrir un camino de colaboración intergeneracional. Más en una tierra como la nuestra de emprendedores y de grandes referentes empresariales, culturales y sociales que ya forman parte de lo que se considera la “tercera edad”. Crear espacios de encuentro con lo mejor de las dos generaciones, donde los mayores aporten su sabiduría para impulsar e incentivar a los jóvenes, más instruidos y comprometidos socialmente.

Si estamos en la senda de envejecer en condiciones más saludables y activas, demos la bienvenida a la etapa de la vejez. Porque, de momento, es el único camino que conocemos para vivir más tiempo. Y en el mejor de los casos todos llegaremos ahí.

Incorporemos el concepto oriental del culto a la longevidad o la veneración a los veteranos que sí se da en otros ámbitos, como en los escenarios, donde las canas son motivo de respeto, e incluso se les dan altas distinciones. Ahí están sus Satánicas Majestades, 50 años on tour y siguen sacando la lengua.

P.D. I en la vespra de la festa, un recuerdo a otra majestad, al Rey Jaume I, que tras uno de los reinados más largos de la historia, murió a los 68 años, una eternidad para la época, lo que en la actualidad vendría a ser superar los cien años. 

Pues eso, frenemos el edadismo, que en nuestros genes llevamos la longevidad...

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