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al otro lado de la colina / OPINIÓN

¿Y la Seguridad Climática, para cuándo?

En el cuento infantil Que viene el lobo, parece que nadie se ha preocupado por la conclusión de que nadie estaba preparado para luchar contra el lobo

7/12/2019 - 

VALÈNCIA. Semana intensa donde las haya, de Cumbre en Cumbre y tiro porque me toca, de la Climática a la Atlántica, y a pocos días de las cruciales elecciones Británicas que servirán para reafirmar, o no, el Brexit finalmente.

En la historiografía se estudian diferentes épocas geológicas, en las cuales se han producido diferentes cambios climáticos, con presencia o sin ella de seres humanos. Hace 2.400 millones de años en la era Precámbrica, se produjo un fenómeno de extinción masiva de microorganismos anaeróbicos, y aunque parezca un contrasentido, fue por culpa de la contaminación al incrementarse las moléculas de oxigeno, como consecuencia de la fotosíntesis de ciertas Cianobacterias, pero no ha sido la única devastación.

También se produjo la extinción masiva en el Cretácico, con el fin de la era de los grandes saurios (para dar paso a la era de los mamíferos) por el denominado invierno nuclear (que anteriormente ya habría provocado otras extinciones) como consecuencia del impacto de un gran meteorito, hace unos 65 millones, que al pulverizar millones de toneladas de rocas en su explosión produjo una cortina de cenizas en la atmósfera, que impedía dejar pasar la luz.

Ya en nuestra era Cuaternaria con periodos glaciales e interglaciales, y continuos cambios climáticos, han provocado la extinción de numerosas especies y han permitido la aparición de otras, como la del Homo Sapiens, e incluso hemos visto islas continentes florecer en el “máximo cálido medieval” con la expansión de los Vikingos en Groenlandia (del danés tierra verde), después también hubo la pequeña edad de hielo en el siglo XVII, y así hasta la actualidad donde vivimos en una época de crisis climática donde la interacción del hombre con el ecosistema es desde luego altamente contaminante, por no decir destructiva.

En toda crisis hay tres fases, una previa que es el momento de la prevención, una segunda la contención que es concomitante a la crisis, y una posterior la reparativa.

En la recién pasada cumbre climática COP25 de Chile - Madrid 2019 (curioso el título) , se ha abordado el problema climático desde la perspectiva preventiva fundamentalmente, que no quiero ser muy pesimista, pero la inasistencia de los representantes de los países más contaminantes y que representan prácticamente la mitad de la población, como son la China de Xi Jinping, la Rusia de Vladimir Putin, la India de Narendra Modi, y los USA de Donald Trump, no es nada halagüeño. Porque si “es momento de actuar ya” y hay que hacerlo en un plazo de 10 años (poco más de dos legislaturas) según algunos científicos de la cumbre, me parece que no da tiempo a cambiar todo el sistema económico, acabando con los combustibles fósiles, cambiar hábitos alimenticios disminuyendo el consumo de la carne, transformar los transportes prescindiendo de los viajes en avión, como ha hecho Greta Thunberg, esa niña a la que la nueva religión ecológica-científica subió a los altares, robándole la niñez, etc., como que no da tiempo, y me parece que el cambio más o menos rápido es inevitable.

Pero el objeto de este artículo es hacerles reflexionar, a ustedes, u a las autoridades pertinentes (si lo leen) sobre la etapa concomitante de la crisis climática, “la contención” mediante acciones de Seguridad Climática, que además de las acciones actuales de intentar (mucha suerte por lo que nos jugamos en ello) evitar el cambio del clima, es intentar contener las amenazas que se están produciendo con los episodios catastróficos climáticos que de forma continuada nos atacan.

Porque además de lamentarse de que cada vez sube más el nivel de los mares, habrá que ver que hacemos con nuestras costas, donde se encuentra alojada nuestra principal industria, el Turismo, recordemos cómo Holanda es un país que vive por debajo del nivel de las aguas, luchando contra el mar.

O cuando nos quejamos de la gota fría (ahora DANA), no estudiamos soluciones urbanísticas que deshagan los estropicios de la burbuja inmobiliaria especulativa y que disminuyan las riadas; o soluciones más definitivas que las actuales (que son casi como esperar a que truene Santa Barbara) a las sequías; o ver los problemas del mobiliario urbano o de las edificaciones ante los episodios de vientos y trombas prácticamente huracanados. También podríamos seguir con los incendios que en parte son peores por la combinación de los anteriores, viento, sequía y aumento de las temperaturas, heladas y nevadas sorpresivas fuera de temporada,  etcétera, etcétera y etcétera.

No quiero ser cursilón, pero parafraseando Rabindranatn Tagore, no lloremos por no ver la luna, porque las lágrimas nos impedirán ver las estrellas, además de intentar casi lo imposible, frenar el cambio climático, luchemos por lo posible, minimizar el impacto de las catástrofes del clima, que esas se producen de continuo y nos falta mucho camino para ser más efectivos en aras de  nuestra seguridad.

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