EL INTERIOR DE LAS COSAS / OPINIÓN

Al otro lado del muro

23/10/2023 - 

CASTELLÓ. Ayer se vivió el primer día climatológico de otoño en Castelló. Recorrimos el Parque Ribalta antes del amanecer, bajo un cielo cubierto que estrangulaba la salida del sol, con una temperatura estupenda, fresca, refrescante, con ganas de atrapar los primeros fríos, tan necesarios. Mi perro Pancho corrió sin freno, sin calores, sin agobios. Paseamos y recorrimos recuerdos de viejos tiempos, aquellos veranos calurosos en Castelló paseando por este parque para que las articulaciones, en un tremendo embarazo estival, se liberaran entre las sombras de estos frondosos árboles. Paseamos y recordamos aquel bebé que tanto recorrió este parque, aquel niño que tanto jugó y se revolcó en la arena del Ribalta, buscando ese aparente placer estival de la sombría, de una corriente de aire que refrescara a mi pequeño.

Hoy, mi compañero es Pancho, con sus quince años recién cumplidos. Un perro amoroso, entrañable, viejito, que sigue mis pasos y mis emociones, que ríe y llora conmigo. Con tantos años cumplidos mi perro me recuerda a Troilo, el maravilloso compañero de Antonio Gala. He guardado celosamente aquellas Cartas a Troilo que escribiera en El País el artista, novelista, dramaturgo Antonio Gala, cuya vida se fue la pasada primavera. Aquellos artículos me acompañaron en tiempos de juventud, me enseñaron un periodismo cercano, solidario, cargado de una belleza en las palabras que nada tenía que ver con otras columnas periodísticas. La belleza de las palabras de Gala me atrapó desde el primer instante, la delicadeza y empatía con las personas y sus vidas, el respeto a una ciudadanía en plena ebullición. Pero yo quería ser Carmen Sarmiento. Estudié Periodismo porque entendí muy joven que quería denunciar las injusticias de este mundo, porque quería ser una especie de voz de los pueblos acosados, humillados, la voz y la palabra de los más vulnerables.

La Facultad de Periodismo de la Universidad Complutense de Madrid, en los últimos años setenta y primeros de los ochenta del pasado siglo, estaba llena de los mismos deseos a los que yo aspiraba. Todas y todos queríamos ser periodistas para contar la verdad de lo que estaba pasando en este país y en el resto del mundo.

Éramos jóvenes muy comprometidos con los hechos históricos que nos tocó vivir, frente a una derecha franquista y su ultraderecha que nos machacaba constantemente desde los grupos ultras de Guerrilleros de Cristo Rey, desde un cuerpo de Policía como los grises que nos agredía en las tantas y tantas manifestaciones y acciones de protestas que recorrían Madrid, desde estudiantes, sindicatos, asociaciones de vecinos. Eran momentos de gran efervescencia ciudadana, de agitación, de un hervor necesario para soterrar por siempre jamás esa dictadura que cuarenta años que apagó las luces de un país sometido.

Éramos jóvenes y combativos en Madrid, en València, donde vivimos de lleno aquella transición bajo la persecución de aquella mítica Brigada 26 de la Policía. Amnistia, Libertad i Estatut d’Autonomia. Entre los finales años setenta y los primeros ochenta, corriendo por las calles del barrio del Carme, tras ser desalojados por aquella brigada 26 del Café de la Seu. Corriendo por aquella ciudad que sentí en mi infancia, en mi juventud, que me ataba a mi familia, a mis abuelos, a una vida madrileña y a una vida valenciana.

Éramos jóvenes y combatimos en las fiestas del PCE en la Casa del Campo de Madrid, a partir de 1977, con aquellos maravillosos conciertos de Labordeta, Enrique Morente, José Meneses, Carlos Puebla, Ana Belén y Víctor Manuel, Silvio Rodríguez, Antonio Gades, Marisol, Rosa León, Luis Pastor, La Bullonera, Manuel Genera, Carlos Cano, Rosendo, Camarón de la Isla, Paco de Lucía, Sabina, Barricada, Pablo Milanés, Serrat, Kiko Veneno… y tantos más.

Éramos jóvenes y aprendimos que el mundo sufría otras dictaduras como la nuestra, Chile, República Dominicana, Argentina… que después llegó el asesinato de Olof Palme y que, mientras, nos adentramos en las injusticias de los refugiados saharauis a través del Frente Polisario, y quedamos atrapados en la ocupación de Palestina, de Gaza y Cisjordania, atrapados junto a la Organización de Liberación de Palestina, OLP.

Ya no somos aquellas y aquellos jóvenes, no somos los de entonces, no somos lo mismo. Pero prevalecen los sentimientos y reivindicaciones de la justicia social, de la paz mundial, de la lucha antifascista, de la defensa de los Derechos Humanos.

Ante el conflicto israelí hay quién se pregunta, todavía, en muchas tertulias y artículos de opinión el porqué de la adhesión con el pueblo palestino, de la solidaridad de este país, del apoyo a la paz, de la defensa del derecho internacional, y de esa angustia que nos ha encogido el corazón. España conserva décadas de relación con Palestina. Somos miles quienes hemos viajado al otro lado del muro, quienes hemos querido conocer la realidad, la verdad, el sufrimiento de un pueblo sometido desde 1948 y 1967, aislado, acorralado. Hay que vivir de cerca, y conocer, lo que viene sucediendo al otro lado del muro de la vergüenza. Es preciso, urgente, saber qué está pasando al otro lado del muro.

Éramos jóvenes, pero seguimos guardando en nuestros corazones aquellos ideales, aquellas luchas. No hemos dejado de expresar aquellos gritos, las reivindicaciones, la defensa de los Derechos Humanos, la paz, la dignidad de los pueblos. Han pasado décadas, demasiadas, y hoy no hemos bajado los brazos, no hemos callado la boca, ni cerrado los ojos. Hoy mantenemos aquellas luchas, en pie, por la supervivencia de los más vulnerables, los desposeídos, exterminados, los parias de la tierra.

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