tribuna invitada / OPINIÓN

Bretton Woods II: Circularidad en movimiento

9/03/2022 - 

 Los 17 objetivos de desarrollo sostenible (ODS) son un “llamamiento a la movilización urgente a todos los países en una colaboración global” , y como tal requieren una adaptación global para poder cumplir su propósito. Con el final de esta década como límite temporal, los ODS son “un proyecto en común para la paz y prosperidad de las personas y el planeta, ahora y en el futuro”. Estos objetivos se enfrentan a enormes desafíos, uno de los cuales es la tormenta perfecta que combina la rápida aproximación de la fecha límite establecida y, yuxtapuesto, el lentísimo ritmo de su adopción a gran escala.

Dada esta coyuntura, ¿cómo puede la economía circular (EC) contribuir a alcanzar los ODS, y en particular el objetivo número 12 que se refiere a la producción y consumos responsables?

Según la Fundación Ellen MacArthur, la EC se basa en los principios de “eliminar residuos y contaminación desde el diseño, mantener productos y materiales en uso [y] regenerar sistemas naturales”. La EC se enfrenta a retos similares que los ODS, principalmente que su adopción colectiva está progresando a paso muy lento.

Este parece el clásico problema de la gallina y el huevo: ¿es la EC la causa y el ODS 12 el efecto o viceversa? Pero ¿y si todo el sistema subyacente está diseñado deliberada e incluso hábilmente para que el debate sobre cuál es la gallina y cuál el huevo se siga repitiendo en bucle, limitándolo de esta manera casi exclusivamente al ámbito académico y al de investigación empírica?

Mientras que el debate acerca de la EC y los ODS sí reciben cierta atención, según el informe de Circularity Gap del año 2021, solo el 8,6% de la economía mundial es circular. Dado este anémico impacto real en el mundo, el “debate” parece más bien “mucho ruido y pocas nueces”. La pregunta es entonces: ¿qué se necesita para conseguir un impacto real? Al fin y al cabo, un debate continuado sin impacto verdadero termina levantando sospechas e incluso perdiendo credibilidad.
¡Necesitamos un nuevo Bretton Woods!

¡Eureka! ¡Necesitamos un nuevo Bretton Woods! Necesitamos “circularidad en movimiento ”.

Las fuerzas del mercado hablan intrínsecamente en términos de crecimiento y expansión, a pesar de valientes e insistentes llamamientos a adoptar principios de valor compartido. Uno de los objetivos principales debería por lo tanto ser reducir el coste de entrada de la circularidad a nivel de diseño con tal de hacerlo económicamente viable en vez del actual modelo lineal. Al igual que de las negociaciones de Bretton Woods en 1944 surgieron instituciones globales, se necesita un nuevo conjunto de mandatos que esté adaptado a la actual amenaza existencial del cambio climático.

Para conseguir que la EC se adopte a gran escala se requiere una nueva organización mundial – fundada por estados miembro obligados legalmente – que establezca un nuevo marco regulador global, que tenga una capacidad reguladora y coordinadora, que recompense la innovación así como la colaboración público-privada y que tenga un mandato de emergencia expansivo.

En términos prácticos, la “prima verde” de Bill Gates se centra en la diferencia de coste entre productos que emiten carbono y los que no  mientras que la primera ley del movimiento de Isaac Newton afirma que “un cuerpo en estado de reposo continúa en estado de reposo y un cuerpo en movimiento continúa en movimiento a menos que se aplique una fuerza exterior” . Estas dos mentes brillantes de dos ámbitos muy distintos ofrecen inspiración muy práctica para acelerar y expandir la adopción de la EC y el ODS 12.

El concepto de “circularidad en movimiento” aspira a emplear las imparables fuerzas del mercado para convertir su actual movimiento lineal en uno circular consiguiendo los volúmenes necesarios para reducir primas verdes y así incentivar y acelerar una adopción masiva de la EC. Mientras tanto, un segundo Bretton Woods (BWII) “animaría” a todos a participar.

A pesar de que los esfuerzos de enseñar acerca de la importancia de los ODS deben continuar, la circularidad en movimiento usaría un lenguaje que incluso el seguidor más ferviente de la teoría de Friedman entendería. La circularidad debe adoptarse de manera urgente y universal, por lo que nuevas herramientas e ideas para aumentar la diversidad en la inclusión de las partes interesadas son primordiales.

Como se ha dicho a menudo, “los retos sistémicos requieren soluciones sistémicas”; por lo tanto, un factor catalizador central como, por ejemplo, BWII podría acelerar la implementación de la circularidad en movimiento. Los gobiernos nacionales deberían poner en marcha – ojalá de manera coordinada – un abanico de políticas que incentiven a los mercados a diseñar modelos de negocio centrados en la circularidad. Por su parte, los mercados harían lo que mejor saben hacer: crecer y expandir estos modelos de negocios circulares a lo largo y ancho del mundo. Sin embargo, no serían las políticas en sí, aunque sumamente importantes, las que impulsen la circularidad en movimiento: se necesita un liderazgo valiente para hacerla realidad. En el año 2015, el mundo demostró un consenso sin procedentes en la COP21; sin embargo, faltaba un liderazgo global unificado para cumplir los compromisos acordados.

El autor, Samuel Alemán, es director de Sostenibilidad del Grupo Lamberti.  Experto en Análisis de Ciclos de Vida (LCA), Cálculos de Huella de Carbono de Productos (PCF) y Estándar GRI para Memorias de Sostenibilidad.  MBA Global Management por la Thunderbird University y Máster en Sostenibilidad por la Universidad de Harvard.

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