CASTELLÓ. La estructura varietal de los cítricos de Castellón está en proceso de cambio como respuesta a las amenazas que en los últimos años han puesto en jaque su rentabilidad. La estrella del campo castellonense, la Clemenules, intensifica su descenso productivo junto a otras variedades de clementinas tempranas y de media estación, acuciadas por la intensa competencia de la fruta sudafricana en el arranque de campaña; a ello se une la afección de plagas y el aumento de costes de insumos por unas mayores exigencias de manejo agronómico, que están relegando a las clementinas en favor de otras alternativas con mayor rentabilidad para los productores.
La previsión de cosecha de la Conselleria de Agricultura para la campaña 2026/2027 ya muestra las señales de este cambio en el mapa citrícola de la provincia. En la actual campaña, aunque las clementinas siguen concentrando el grueso de la producción, pasan de 369.458 a 335.034 toneladas, un descenso del 9,3%, mientras que el subgrupo de mandarinos e híbridos crece un 25,9%, de 67.057 a 84.403 toneladas. El propio informe apunta entre las tendencias que explican esta evolución a la búsqueda de variedades más rentables, en un contexto de descenso de la superficie productiva.
Mientras la producción total de mandarinas se reduce un 3,9%, la evolución de sus variedades es muy diferente. Las clementinas pierden 34.424 toneladas en un año, mientras que los mandarinos e híbridos incorporan 17.346 toneladas y las clementinas tardías suman otras 3.302 toneladas. También aumentan los satsumas, aunque sobre un volumen mucho menor, un 8,8%, hasta 1.702 toneladas.
De esta forma, las clementinas pasan de concentrar alrededor del 84% de la producción de mandarinas de Castellón a representar cerca del 80% en la previsión para esta campaña. En paralelo, el subgrupo de variedades de mandarinos e híbridos elevan su peso desde aproximadamente el 15% hasta el 20%. No se trata, por tanto, de una caída homogénea de todas las variedades, sino de una modificación progresiva de la composición del cultivo.
El desplazamiento tiene también una lectura comercial. Según explica Carles Peris, secretario general de la Unió Llauradora i Ramadera, los productores de Castellón han ido relegando progresivamente las variedades más tempranas de clementina porque su periodo de comercialización coincide aún con la presión de la fruta sudafricana en los mercados europeos. Durante la última década, Sudáfrica concentra su presencia especialmente en septiembre y octubre, coincidiendo con el inicio de la campaña citrícola valenciana, lo que incrementa la presión competitiva sobre estas producciones.
Esta circunstancia ha llevado a parte de los productores a buscar variedades que ocupen otros momentos del calendario. Peris señala especialmente a los híbridos, cuya producción se concentra en buena medida a partir de diciembre y enero, cuando la campaña sudafricana ya ha terminado y, por tanto, existe una menor competencia de este gran proveedor en los mercados europeos. Según explica, estas variedades han mostrado hasta ahora una mayor rentabilidad y una mayor facilidad de salida comercial.
El cambio también se refleja en la evolución de las distintas familias de clementinas. Las variedades tempranas caen un 10,6%, hasta 43.842 toneladas, mientras que las de media temporada retroceden un 11,2%, hasta 258.104 toneladas. Por el contrario, las clementinas tardías aumentan un 11,1%, hasta 33.688 toneladas.
Los costes de producción, otro hándicap
Peris apunta además a otro factor que está restando atractivo a las clementinas: sus costes de producción. Según explica, en los últimos años el manejo agronómico de estas variedades se ha encarecido por su mayor exposición a determinadas plagas, una presión que este año se ha manifestado especialmente con la araña roja. El incremento de las necesidades de tratamiento supone una mayor inversión para el agricultor y, en consecuencia, reduce el atractivo económico de unas variedades que ya afrontan una mayor presión comercial en el inicio de campaña.
La propia Conselleria recoge en su informe el impacto de las condiciones de la campaña sobre las plagas. El documento señala que las temperaturas persistentemente elevadas favorecen que se encadenen los ciclos de determinadas plagas y dificultan su control mediante los tratamientos habituales, y cita expresamente la incidencia de la araña roja en la campaña. También relaciona las altas temperaturas estivales con un incremento de las necesidades de riego y, por tanto, de los costes de producción.
En este contexto, variedades como extratempranas como Clemenrubí o Marisol han ido perdiendo presencia en la provincia, según Peris, mientras que los productores han orientado progresivamente parte de la superficie hacia variedades que permiten desplazar la comercialización hacia otros momentos del calendario.
El movimiento no se limita a las mandarinas. En Castellón también aumentan las naranjas Navel, un 10,7%, hasta 94.114 toneladas, mientras que el conjunto de las naranjas dulces crece un 6%, hasta 131.240 toneladas. En cambio, las naranjas blancas retroceden un 5,1%.
El propio informe de Agricultura resume esta tendencia al señalar que las variaciones de producción "no son homogéneas entre especies y variedades" y vincula esta evolución con "la búsqueda de variedades más rentables". La previsión de 2026/2027 ofrece así una fotografía de un sector que, además de afrontar una reducción de superficie y distintos problemas productivos, está adaptando su mapa varietal en función de las condiciones de producción y de las ventanas de comercialización.
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