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La ganadería de Castellón aguanta pero preocupa el reto de la bioseguridad, el cambio climático y los acuerdos comerciales de la UE

La producción de carne de la provincia sacrificada en mataderos de la Comunitat crece un 7,5% en 2025. La Unió valora que pese a las dificultades del sector no se ha producido una merma de explotaciones

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CASTELLÓ. La ganadería de Castellón mantiene por ahora una situación de estabilidad pese a las constantes amenazas que afronta el sector primario. El primer avance de las estadísticas ganaderas de 2025 publicado por la Conselleria de Agricultura dibuja una actividad sostenida y, según la valoración de La Unió Llauradora i Ramadera, sin señales de una pérdida relevante de explotaciones en la provincia.

Uno de los indicadores que apunta en esta dirección es la evolución de la producción de carne procedente de explotaciones castellonenses y sacrificada en mataderos de la Comunitat Valenciana. Durante 2025 se alcanzaron las 53.166 toneladas frente a las 49.463 del ejercicio anterior, lo que supone un incremento del 7,5%.

Por especies, el mayor volumen correspondió al sector avícola, con 36.965 toneladas, seguido del porcino (9.268), bovino (2.172), conejo (2.117), ovino (1.698), equino (899) y caprino (46 toneladas).

No obstante, desde La Unió piden interpretar estas cifras con prudencia porque únicamente reflejan los animales sacrificados dentro de la Comunitat Valenciana. El responsable técnico de ganadería de la organización, Francis Ferreres, recuerda que una parte muy importante de la producción provincial sale hacia mataderos ubicados en Aragón, Cataluña —especialmente en la zona de Girona— o Castilla-La Mancha, por lo que estas estadísticas solo representan una pequeña parte del volumen total generado por las explotaciones castellonenses.

La evolución de la cabaña ganadera a 31 de diciembre de 2025 muestra comportamientos desiguales según especies. El ovino cerró el año con 83.396 cabezas frente a las 82.969 del año anterior, mientras que el bovino aumentó de 19.468 a 19.892 animales.

Por el contrario, el porcino registró un descenso desde las 630.085 cabezas de finales de 2024 hasta las 613.008 de cierre de 2025, mientras que el caprino pasó de 20.401 a 18.765.

Precisamente el comportamiento del porcino —el principal subsector ganadero de Castellón— es el que más atención concentra. Sin embargo, Ferreres descarta que esta reducción responda a un cierre de explotaciones y apunta a factores coyunturales ligados al propio ciclo productivo.

Según explica, el dato de censo corresponde a una fotografía concreta del momento en el que las explotaciones comunican su situación a la administración, por lo que algunas podrían encontrarse en una fase transitoria tras la salida de animales hacia sacrificio y antes de incorporar nuevas cabezas.

Esta interpretación cobra especial relevancia en una provincia que concentra alrededor del 60% de toda la producción porcina de la Comunitat Valenciana y que contaba con 522 explotaciones activas en 2024, último dato disponible.

De hecho, desde la organización agraria aseguran que tanto en porcino como en avicultura continúa existiendo interés por mantener la actividad y que, cuando algún titular decide abandonar la explotación, en términos generales no se están detectando especiales dificultades para encontrar continuidad empresarial.

Pese a esta resistencia del sector, la ganadería afronta varios desafíos que condicionarán su evolución a corto plazo. Entre ellos destaca el refuerzo de la bioseguridad como herramienta clave para evitar la entrada de enfermedades animales.

Durante 2025 una de las principales preocupaciones ha sido la vigilancia frente a la peste porcina africana (PPA). Aunque no se ha detectado ningún caso en explotaciones agrarias de la Comunitat Valenciana, la Conselleria activó medidas preventivas centradas en el control de la sobrepoblación de jabalíes y en el refuerzo de los protocolos de bioseguridad en las explotaciones.

También la gripe aviar obligó durante parte del año a aplicar medidas de prevención, como el confinamiento de las aves de corral, que finalmente permitieron cerrar el ejercicio sin incidencias destacables. O más recientemente, la enfermedad de Newcastle, con hasta diez focos detectados en explotaciones avícolas de la Comunitat mantiene activas medidas de vigilancia y control por parte de la Conselleria de Agricultura. 

Junto al riesgo sanitario, el cambio climático aparece como otra amenaza creciente, especialmente para la ganadería extensiva. Las altas temperaturas registradas en las últimas semanas aceleran el secado de los pastos primaverales y obligan a recurrir antes de tiempo a alimentación complementaria como paja o cereales, con el consiguiente aumento de costes, tal y como indica Ferreres. 

A ello se suma la inquietud por los acuerdos comerciales impulsados por la Unión Europea con terceros países. Desde La Unió advierten de la entrada en vigor del acuerdo de libre comercio con Mercosur o el acuerdo con Australia generan preocupación entre los productores, especialmente de vacuno y ovino, ante el impacto que podrían tener sobre la competitividad del sector. La denuncia es clara: mientras la UE impone cada vez más exigencias normativas, ambientales y de costes a los productores europeos, se facilita la entrada de productos de terceros países que no están sujetos a esos mismos estándares, según denuncia la Unió. 

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