CASTELLÓ. Los embalses de la provincia de Castellón inician 2026 en su mejor situación hídrica de los últimos siete años. A fecha de enero, los pantanos de las cuencas del Mijares, Palancia y Sénia almacenan de media el 56,65% de su capacidad, según los últimos datos de la Confederación Hidrográfica del Júcar (CHJ). Se trata del mejor arranque de año desde 2019, cuando las reservas se situaban en el 58,23%.
El dato confirma la recuperación progresiva de los recursos hídricos tras varios ejercicios marcados por la sequía y consolida la mejora que ya se apuntaba al inicio del actual año hidrológico. Desde octubre de 2025, cuando los embalses rondaban el 50% de su capacidad, las lluvias registradas durante los últimos meses han permitido seguir recargando tanto los pantanos como los acuíferos, además de reducir las necesidades de riego en la agricultura.
La fotografía de las reservas hídricas en el arranque de este año es más positiva que en ejercicios anteriores. En enero de 2024, en pleno episodio de sequía extrema, los embalses de Castellón apenas alcanzaban el 32% de su capacidad, lo que obligó a activar restricciones al riego. En 2025 el año comenzó con un 53,97% de reservas; en 2023, con un 49,27%; en 2022, un 45,47%; en 2021, un 51%; y en 2020, un 45,08%.
Por sistemas, los datos muestran una situación desigual pero, en conjunto, claramente favorable. El embalse de Arenós, el de mayor capacidad de la provincia, almacena 53,25 hectómetros cúbicos, el 48,01% de su volumen total. Le sigue Sitjar (Sichar), con 37,31 hm³, lo que representa un 75,67% de su capacidad, consolidándose como uno de los embalses en mejor estado.
También destacan l’Alcora, que se sitúa en el 86,23% (1,18 hm³); Ulldecona, al 83,20% (9,15 hm³); y Onda, con un 83,36% (0,83 hm³). El embalse de Regajo alcanza el 62,79% (3,77 hm³), mientras que María Cristina, aunque continúa siendo el más rezagado, se sitúa ya en el 37,75% (6,96 hm³), muy por encima de los niveles críticos registrados en enero de 2024, en pleno episodio de sequía, cuando apenas estaba al 9% de su capacidad.
La sucesión de episodios de lluvia registrados desde el otoño han tenido un efecto acumulativo sobre las reservas, así como a una menor presión sobre el recurso por parte del regadío. La situación resulta especialmente positiva para los agricultores de la provincia, que en 2024 se vieron obligados a afrontar recortes en el suministro y un incremento de costes derivados del uso intensivo del riego ante la falta de precipitaciones.
Con estos niveles, Castellón afronta 2026 con un escenario de mayor estabilidad hídrica y sin previsión de restricciones a corto plazo, aunque desde el organismo de cuenca insisten en la necesidad de mantener una gestión prudente del agua. Tras varios años marcados por la escasez, la provincia inicia el año con reservas sólidas y un horizonte más despejado para el campo y el conjunto de los usuarios del sistema.
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