CASTELLÓN

El legado andalusí hecho desfile abrocha con lujo, color y música medio siglo de Moros d’Alqueria

El desfile del cincuentenario del colectivo castellonense deslumbró al público, convirtiendo un espectáculo de más de 1.500 figurantes, con representación de multitud de municipios de la Comunitat Valenciana, en una nueva lección de historia sobre la presencia árabe en nuestra tierra través de los siglos.

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CASTELLÓ. El programa de actos de la Magdalena tiene desde 1945 como uno de sus puntos fuertes la lección de historia que supone el Pregó, el primer sábado de fiestas. A falta de las emociones de hoy domingo -cierre del festival de bandas, mascletà y Magdalena Vítol, la edición de 2026 se recordará precisamente por otra clase de Historia, esta vez excepcional y a cuenta del 50 aniversario de Moros d’Alqueria. La asociación que preserva la riqueza de la cultura árabe-andalusí y la tradición festiva de los Moros y Cristianos puso el broche de oro a la celebración de su primer medio siglo con un desfile inspirado en la figura de Muḥammad ibn Saʿd ibn Mardanīš, el Rey Lobo, por representar “los valores de la tolerancia y la convivencia cultural, la apertura económica y el progreso, el liderazgo territorial y la defensa del legado histórico”, ingredientes defendidos por los Moros d’Alqueria desde su fundación en 1976.

Las cifras abrumaban antes de iniciarse el desfile: más de 1.500 participantes, 24 escuadras entre moros y cristianos (8, de los organizadores de la cita), 20 caballerías, 16 bandas de música, 5 carrozas y 4 grupos de ballet. Todo, concebido al servicio de un espectáculo caracterizado por el boato, la explosión de color y música que recorrió el centro de Castellón en una cita única. Lo era por sus grandes cifras pero también por sus detalles y por su guión, marcado por la recreación cronológica de cinco siglos de legado andalusí, que evocaba distintos momentos de la historia de Al-Ándalus desde la llegada de las tropas de Ṭāriq ibn Ziyad en el año 711 hasta las últimas alquerías moras del norte del Xarq valenciano.

La noche empezó accidentada: a un ligero retraso se sumó la presencia de un individuo que obstaculizaba el trazado en su inicio. Hubo de ser la pareja de policías locales motorizada que abría el cortejo la que se ocupara de él, lo que hizo que el inicio efectivo fuera a las 20.48 h, dieciocho minutos después de lo previsto. Desde la calle Sanahuja, el desfile asombró a los espectadores en María Agustina, Gobernador, Asensi, plaza de la Paz y Puerta del Sol, para desembocar en la calle Enmedio con colofón en las Cuatro Esquinas. La variedad cromática y la espectacularidad de la música de banda fueron aplaudidos a rabiar por las y los espectadores, que respondieron masivamente a la expectación creada en torno a esta oportunidad de ver reunida en la Plana a la flor y nata de las fiestas de Moros y Cristianos de toda la Comunitat Valenciana. En el caso de los cristianos, llegados de la Vila-Joiosa, Ontinyent y Peñíscola, poblaciones de las que también fueron invitadas, cómo no, sus escuadras moras.

Desde los abanderados que abrían cada uno de los episodios de la historia que contaba el desfile, todo era un espectáculo. En el primero, la escuadra de Berebers Els Borts de Cocentaina -primero ellas y luego ellos- representaban los primeros años de la presencia andalusí y abrían el paso a la Banda de Catí y al castellonense Ballet Llum d'Orient, con la Colla Xaloc poniendo el contrapunto de la dolçaina i el tabal. Seguirdamente, el Califato Omeya de Damasco se personificaba en la escuadra Tariks de Muro, seguida de la Banda de Moró y del alcoyano ballet de Fuego de Rafa Felip. El turno del Califato Omeya de Córdoba llegaba de la mano de un cabo Batidor, imponente presencia a caballo que daba paso a la escuadra de diferentes filaes de Alcoi y la Banda de Vilafranca, seguida del ballet de Xarxa Teatre. Después, el tiempo de las primeras taifas (con Al-Muqtadir y El Cid en el lado cristiano) se hizo presente en las escuadras cristiana y mora de Ontinyent, acompañadas de la Banda de la UJI y la Banda de Vilanova en el apartado musical. Tras ellos, con la escuadra cristiana La Canyeta de Xixona y la Banda de Albocàsser se alcanzaba el ecuador del desfile.

Después, la Escuadra Negres de la Vila Joiosa y la Banda de Vilafamés recordaban la etapa del Imperio Almorávide. Sin solución de continuidad, pero con la solemnidad de los abanderados a pie y a caballo que abrían cada parte del cortejo, la Escuadra de la cristiana Compañía Destralers -también de la Vila Joiosa- comandaba la representación de la etapa histórica de las segundas taifas, dando paso a la Banda de Benicarló, tras la cual el ballet cristiano de Ana Botella sorprendía al público. Precedían sus bailarinas a la villenense Escuadra Salvajes y a la banda de su localidad, en sí mismos todo un show. Después, las escuadras de Peñíscola y la banda de la ciudad en el mar avanzaban unos metros por delante de la carroza del Rey Lobo.

Adentrándose ya en la última parte del desfile, el Imperio Almohade adquirió puro sabor castellonero y se presentaba con los moros graueros de la Filà d'En Trilles y la Banda Unió Musical Covarxina. Tras los abanderados de los almohades y el estandarte de Moros d'Alqueria, se presentaba la escuadra de mujeres de la Guardia Negra, seguida de la Colla de Dolçainers i Tabaleters de Castellón y de un Boato especial cerrado por la carroza deí Miramamoln. Las terceras taifas serían la apoteosis final, representando el canto del cisne de la presencia andalusí en nuestra tierra. Tras un cabo Batidor a lomos de un hermoso caballo, una escuadra de los Moros d'Alqueria era seguida de la Banda de l'Alcora, que antecedía a su vez a una escuadra femenina de la asociación. El esquema se repetía con el paso de nuevas escuadras de hombres y mujeres, muy vistosas y con el acompañamiento musical de las bandas de la Vall d'Uixó y de Vinaròs, así como con las evoluciones del ballet de Ana Botella.

Pero aún faltaba el postre: un increíble boato masculino precedía a una carroza real con caballeros y su equivalente boato femenino era presentado con la simulación de unos cocodrilos reptantes. Un carrusel de cinco caballos que daban paso a una nueva escuadra de los Moros seguida de la propia agrupación musical de la asociación castellonense cerraba el desfile al son de una carroza con timbales.

En definitiva, una noche para el recuerdo que fue posible gracias a que alguien lo imaginó y con otros muchos, lo hizo posible. Los Moros siempre piensan en grande y sorprenden; anoche, dejando imágenes para la memoria colectiva que se añaden a las de su primer cincuentenario.

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