En su perfil de X se define como la “orgullosa hija de un visionario” y añade que es una persona “apasionada por la vida en todas sus manifestaciones y la expansión de nuestra conciencia hacia un estado de paz y armonía”. Odile Rodríguez de la Fuente Parmentier (Madrid, 1973) es bióloga y productora de cine y se vio muy pronto expuesta ante los focos, a los siete años y por un motivo trágico: el fallecimiento de su padre. Félix Rodríguez de la Fuente pasó de sorprender a los españoles con sus producciones audiovisuales sobre la naturaleza en RTVE, capaces de reflejar la esencia y la belleza del mundo salvaje a través de series como El hombre y la Tierra, a convertirse en un mito instantáneo con su fallecimiento el 14 de marzo de 1980, el día que cumplía 52 años, en un accidente de avioneta mientras trabajaba en Alaska. Odile heredó una vocación de divulgación que ha plasmado en su vida profesional. Trabajó cinco años en National Geographic en Washington DC, investigando en el departamento de Historia Natural de Televisión. Dirigió durante 15 años una fundación dedicada a la memoria de su padre. Autora de varios libros, actualmente reparte su tarea profesional entre la producción audiovisual, una intensa tarea como conferenciante y la colaboración con medios de comunicación, siempre con la relación entre el medio ambiente y los humanos en el foco. El próximo miércoles 4 de noviembre participará en el II Congreso Internacional de Comunicación para la Transición Ecológica y la Economía Azul (Bluecom), en la Universitat Jaume I, dedicado en esta ocasión a la comunicación para un futuro sostenible.
- Dices que cada vez hay más noticias positivas en torno al mundo ambiental y decides poner el foco en ellas, digamos, desde tu perspectiva y experiencia. Actualmente, ¿qué nota le pondrías a nuestra comunicación ambiental? ¿Qué nos puede faltar?
- Hombre, pues yo creo que sobre todo, nos falta un mayor protagonismo, ¿no? Me da la sensación de que seguimos estando en los bordes, las sidelines como dicen los ingleses. Que no formamos parte del flujo de las noticias principales. Al deporte se le siguen dedicando muchísimos minutos, creo que como mínimo deberíamos de estar equiparados con el deporte. Ese mayor protagonismo es lo que más echo de menos.
- Y ¿qué palancas se pueden utilizar para conseguirlo?
- Bueno, creo que tiene mucho que ver con la inercia de los tiempos. O sea, creo que no va a quedar otra, porque cada vez más este tipo de noticias van ocupando un lugar central que afecta absolutamente a todo: a la economía, a la estabilidad social... porque incluso detrás de la inmigración también están las disrupciones climáticas, los desastres naturales. En fin, la cadena de suministro se ve afectada también por temas ambientales. Las bolsas. Absolutamente todo. Por eso también se trata de encontrar una mayor transversalidad, ¿no? Hablar con colegas periodistas especializados en otros temas para que vayan entrelazando las causas, el origen de muchos de los temas de los que se habla sin mencionar esas causas. Para que las cosas no queden en su burbuja. Y creo que también habría que hacer formación sobre medio ambiente a periodistas especializados en otros temas, para que tengan esa visión.
- Porque sin esa perspectiva transversal, incluso aunque el medio ambiente fuera una sección más de los noticieros, como el deporte, quedaría segmentado como una fracción aislada del resto de temas, ¿no?
- Exacto. Creo que lo cortés no quita lo valiente. Es decir, el hecho de que haya una obligación -como la sección de deportes- para hablar del estado de salud del planeta, eso no quita que se haga una formación a comunicadores y periodistas y responsables de medios de comunicación sobre cómo hay que incorporar este tipo de causas a las noticias. Porque separadas del resto, las estás brindando cojas. O sea, estás hablando de que hay un problema de hambruna, por ejemplo, pero no estás explicando cuál es la causa raíz. Eso es fundamental.
A la comunicación ambiental le falta un mayor protagonismo: las noticias de medio ambiente afectan a todos los demás temas
- A menudo se olvidan las consecuencias de segundo y tercer orden, ¿no?
- Así es, cierto.
- Quizá el problema es que entendemos la naturaleza como algo externo a nosotros, en lugar de verlo al revés, como que nosotros somos una simple parte de ella, a veces anecdótica respecto al conjunto, ¿no?
- Es precisamente así. Mira, yo soy conferenciante, es parte de mi actividad profesional. Y tengo una conferencia titulada igual que un libro: Somos naturaleza. Y es precisamente en lo que más trato de incidir. Hablando de ir a la raíz, la causa raíz en la situación de crisis ambiental que tenemos a nivel global, es un problema humanista, o sea, es un problema de identidad. Un problema de cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con el entorno, porque también tiene que ver con el tipo de relación que tenemos con otros seres humanos y con nosotros mismos. Ahí la educación juega un papel fundamental en las nuevas generaciones, pero también, una vez más es un es un problema transversal. O sea, ¿cómo tratamos la salud, o el concepto del trabajo, del tiempo libre... es algo casi filosófico. Y el tipo de relación que tenemos con la naturaleza está muy embebido en nuestra cultura, con orígenes al comienzo del Neolítico, cuando empezamos a domesticar plantas y animales.

- La preservación del legado de su padre ha sido clave en su carrera profesional.
- Pero esa relación ha cambiado mucho.
- Hay una escisión. Con la revolución científica, desde sus propias bases, hay una visión mecanicista que lleva a entender a la naturaleza como una máquina. Y el ser humano era el único que tenía alma, ¿no? La revolución industrial trae una visión absolutamente extractiva, de manipulación y de explotación de un medio que está ahí. Y una visión también religiosa, de que la naturaleza está ahí para para proveernos y colocarnos en el centro de la existencia. Y así, tenemos un problema de perspectiva y un problema de identidad enorme. Eso no solamente incide sobre el estado de salud del planeta, sino sobre nuestro propio estado de salud mental, emocional, anímico. Porque no en vano las enfermedades mentales y emocionales van al alza, Lo están sufriendo especialmente las nuevas generaciones y eso tiene mucho que ver con cómo nos han educado para percibirnos a nosotros mismos. La mayoría de la gente sufre cada vez más un profundo sentido de soledad, de orfandad, de falta de propósito. Y claro, ¿cómo no lo va a sufrir si sentimos que estamos solos y que muchísima gente no sale nunca de una ciudad, por ejemplo, que es un entorno contra natura?
- En España, el salto masivo del campo al entorno urbano se ha producido en las tres últimas generaciones. Nuestros abuelos vivieron una vida mucho más parecida a la de las diez generaciones anteriores que a la nuestra actual. ¿Estamos digiriendo bien ese cambio tan grande?
- Por supuesto que no. Somos animales humanos y necesitamos de una serie de estímulos y hay realidades como la del sentido de la vista. La miopía que hoy se ve mucho por el uso de pantallas, o temas tan elementales como alergias o enfermedades autoinmunes. O sea, es innumerable la cantidad de enfermedades hoy; somos seres mucho más enfermos. En el Paleolítico, el hombre de las cavernas era un ser mucho más sano que nosotros. Las enfermedades han ido al alza a medida que nos hemos ido civilizando y hacinando en ciudades y conviviendo con animales domésticos y transformando la naturaleza que nos rodeaba. De ahí las enfermedades zoonóticas [transmitidas de los animales vertebrados a las personas]. Es un tema muy interesante para tocarlo como es debido, o sea, como una verdadera crisis existencial que nos asola. Eso es algo mucho mayor que una crisis medioambiental, por eso hablo de la necesidad de esa transversalidad, de una visión mucho más unitaria que nos lleve a darnos cuenta de que estamos en una gran y profunda crisis existencial y que hay que empezar a repensarnos como especie y a nivel civilizatorio. Esto es de esa dimensión.
La causa raíz en la situación de crisis ambiental que tenemos a nivel global, es un problema humanista, o sea, es un problema de identidad. Un problema de cómo nos relacionamos con nosotros mismos y con el entorno,
- Has dicho alguna vez que nuestro intelecto es un bisturí potente que nos está haciendo daño porque hemos ido perdiendo nuestra raíz instintiva y la capacidad de intuición. ¿Qué consecuencias tiene esto? ¿Nos falta conciencia de las mismas?
- Totalmente, sí. Uno de los problemas es que hemos perdido la conciencia. Es verdad que nuestro cerebro, ese bisturí, desde el punto de vista de un pensamiento lógico y analítico, ha ido incrementando cada vez más esas capacidades. Pero sin embargo, todo lo que tiene que ver con sabiduría, es algo que va a menos, porque la sabiduría está embebida en el cuerpo, en la emoción, en un sentir mucho más arraigado en la realidad. Y nos estamos desvinculando de la realidad, porque la realidad al final son las estaciones, el cambio del tiempo, el cambio de temperatura. Eso es la realidad, no una realidad aséptica y ficticia que hemos creado en las ciudades. Cuando te vas separando de la realidad, eso te afecta enormemente emocional y anímicamente. Pero también afecta al sentido de la sabiduría, que no es procesamiento de datos sino algo muchísimo más profundo. Es algo donde todo lo que nos hace humanos tiene una función, incluso de maneras que la ciencia todavía no sabe describir, como por ejemplo a través de la intuición.
- Entonces, esa reconexión es una importante asignatura pendiente.
- Afortunadamente la naturaleza y nosotros mismos somos muchísimo más de lo que logramos llegar a comprender con el intelecto, incluso con la ciencia, ¿eh? Estamos perdiendo especies que ni siquiera conocemos, estamos coartando nuestro potencial sin siquiera saber realmente en qué medida estamos haciéndolo. Todo lo que podemos lograr y llegar a ser. Entonces, una mente que no está arraigada en algo mucho mayor, se vuelve neurótica, se pierde en su propio laberinto. Necesita estar embebida en algo muchísimo mayor, para poder construir sabiduría y para poder tomar decisiones adecuadas. Y eso es parte de lo que estamos viendo hoy día. Tenemos tanto poder económico, energético y tecnológico... y sin embargo muchas de las decisiones se toman sin sabiduría y conllevan consecuencias terribles. Jugamos a ser dioses sin serlo. Y claro, al final pagamos las consecuencias. Pero todo tiene que ver con esa desnaturalización.
- Adolfo Plasencia me dijo que el ignorante más peligroso es el que ignora que no sabe.
- Tiene razón. Yo ahora estoy ayudando a mi hijo con su asignatura de Filosofía, en 2º de Bachillerato. Y alucino. Porque me digo, ¡pero bueno, si ya en la Grecia antigua -o sea Platón, Sócrates- los grandes pensadores se preguntaban qué nos ha pasado para perdernos en una especie de laberinto del que nos está costando muchísimo salir! Ese es el problema, que estamos perdiendo todas las referencias, aunque ya nos trazaron un camino muy claro los grandes pensadores y filósofos. Creo que ellos estaban más cerca del origen de esta escisión, y cuanto más nos alejamos, más nos cuesta darnos cuenta de esa ignorancia. Sócrates ya dijo aquello de "solo sé que no sé nada".
Estamos en una profunda crisis existencial y que hay que empezar a repensarnos como especie y a nivel civilizatorio
- Y cuando se plantean soluciones ¿no pecamos también de cierto adanismo? Esa idea de "nadie ha sabido resolver este problema, pero yo lo voy a hacer".
- Adanismo e individualismo, que también es parte del problema. Es muy cómodo el individualismo.
- Algunas veces has dicho que la naturaleza es un antídoto para nuestra inseguridad y problemas como la depresión o la ansiedad. Hoy, cuando lo que funcionan son los mensajes sencillos, ¿habría que decirle a la gente algo tan simple como "vete al campo, sal, aunque sea una vez al mes"?
- Sí, para conectar de nuevo con lo que eres. ¡A veces es tan simple! Mira, estamos viendo un fenómeno muy interesante: hay una especie de criba. Se están separando cada vez más segmentos de la sociedad. Por un lado están por un lado los hiperconsumidores de redes sociales, de TV, de medios que cada vez van más rápido y lanzan mensajes más cortos. Y sin embargo, también está surgiendo el podcast largo, un formato en el que se puede hablar con profundidad. Ahí hay una criba. Por ejemplo, yo tengo redes sociales, Instagram y X. Y sin embargo, mi feed es maravilloso, porque claro, yo elijo cosas que me ayudan a crecer. Me llegan muchas noticias científicas relacionadas con la naturaleza, historias de esperanza, de rescates de animales, de tal. Y cuando me dicen "es que las redes son un horror" respondo "pues mira, serán las tuyas, porque las mías son la bomba".
- Porque has elegido que sea así y no de otra manera. Conscientemente.
- Sí, y cada vez que lo veo me da un mogollón de ideas, desde noticias a nivel global. Y cuando veo cosas que no sabía, pienso "tengo que hablar de esto en la radio". Es como una ventana al mundo y también depende del algoritmo. Y escucho muchísimos podcast que profundizan en temas que me interesan. La gente está empezando a ver su propio reflejo con los famosos algoritmos, en los medios que consumen y en lo que consumen. Y así se están creando diferentes grupos.
- Cámaras de eco.
- Exacto, exacto. Y eso hace que a veces tengas la sensación de que vienes de otro planeta, según con quién hables. Y te planteas "¿seré yo la que vengo de otro planeta?". Por los temas de los que te hablan. Soy consciente de que vivimos como en realidades paralelas. Pero sigue habiendo temas que humanistas y totalmente transversales. ¡Y que no son complejos ni requieren tiempo! Te doy un ejemplo, hace muchos años, cuando yo estaba en National Geographic, les propuse que hiciesen una campaña con ONGs para meterse en el hueco de los anuncios de televisión, para hacer publicidad de la naturaleza. Se trataba de hacer clips cortos, de la duración de un anuncio, con música e imágenes de naturaleza, imágenes impactantes. Imagínate, ¡con la biblioteca de imágenes que tienen ellos! Hacer una alianza con músicos que contribuyeran con su música de forma gratuita, con ONGs. Solo naturaleza y música. Y al final, la frase de la campaña y los logotipos de las ONGs para que luego pudieras ampliar información o colaborar con ellas. Porque la naturaleza habla por sí sola, ¿no? Es el mejor ejemplo de la simplicidad, de la belleza y del orden que hay detrás de la complejidad. Imaginas la complejidad que hay detrás de algo que te que te enamora, que te seduce, que te entra por los ojos... y que a la vista es tan simple. La propia naturaleza es la mejor herramienta para enganchar y seducir.

- Como conferenciante, Odile Rodríguez de la Fuente atesora una larga experiencia.
- Cuando hablas de poner más el foco en las noticias positivas frente a tantas de tipo negativo en el tema medioambiental, ¿no se trata un poco de hacer de la necesidad virtud?
- Es verdad lo que dices, pero es un tema también de personalidad, diría. Nos están volviendo casi un poco adictos al conflicto, a lo negativo. Lo he notado en mi propia vida. Te juntas con gente y solamente hablas de cosas terribles, ya no puedes tener una conversación tranquila, sobre filosofía, sobre pensamiento, sobre temas profundos. Ahora ya nos quedamos en lo superficial y en el apocalipsis del mundo, y en lo peor de la política. El ambiente es muy tóxico. Lo que me lleva a que también es un tema de cuidado personal. Y te dices "para ya de ver esto y de escuchar esto porque es tóxico, te está cabreando y te está cambiando por dentro". Y nos estamos volviendo seres irreconocibles.
- O sea, que es una especie de autodefensa.
- Sí, es cuestión de entender que también hay mucho bien en el mundo, mucho más de lo que pensamos y de lo que nos brindan los medios de comunicación. A nada que te pongas. Por mi trabajo, afortunadamente, continuamente estoy viendo avances científicos, tecnológicos, pensadores, gente que está detrás de cambios increíbles, que está haciendo iniciativas que son de quitarse el sombrero. Gente que te reconcilia con la humanidad. Y es que nos hace falta llenarnos de esa parte que también está ahí, pero que nos la están hurtando. Al final, creo que también es una estrategia para tener a todo el mundo desesperado y que luego sea mucho más fácilmente manipulable que si somos gente sosegada, empoderada y con un sentido de comunidad, con criterio.
- Y que no se deje enfrentar así como así.
- Exacto. Se trata de preservar lo que nos hace humanos y tenemos que hacerlo por nosotros mismos. Sinceramente, creo que hay mucha más luz que oscuridad en el mundo.
La gente está empezando a ver su propio reflejo con los famosos algoritmos, en los medios que consumen y en lo que consumen
- Hablas también de la necesidad de un replanteamiento del paradigma económico. Aquí, en un territorio costero e industrial, si hablamos de economía azul constatamos esa tensión entre la sostenibilidad y la rentabilidad económica. ¿Cómo se compatibilizan?
- Este es uno de los temas en los que más pongo el foco y fíjate que al principio la economía era uno de los temas que menos me gustaban del mundo. Y ahora estoy literalmente obsesionada y leyendo muchísimo sobre historia de la economía. Tiene una importancia sin parangón para entender cómo hemos llegado a la situación actual y hay que meterle el diente. Porque marca la corriente del río y no podemos nadar contracorriente. Lo primero es cambiar la corriente del río. Y hay muchas propuestas de economistas para cambiarla, con ejemplos como la economía circular, la economía del bien común... o la economía de la rosquilla de Kate Raworth. Hay muchas propuestas, partiendo de cosas simples como que el concepto de la externalidad tiene que desaparecer e incorporarse al coste final de los productos. ¡Hay que incluir el coste ambiental, por Dios! Es que es de sentido común. Son cambios elementales y fundamentales por hacer si de verdad queremos llegar a tiempo. Solo así es posible el cambio con el que soñamos, si queremos que de verdad surta efecto. Por eso te digo que hay que formar también a periodistas centrados en economía y hablarles de estas propuestas. Porque es algo transversal, lo medioambiental afecta a todo, desde el urbanismo a la arquitectura, la economía... a todo.
- ¿Por qué se ha deteriorado tanto la palabra activismo?
- Creo que tiene que ver con los tiempos. Y no hay más que ver lo que está pasando en Barcelona, en París. Cómo se ha hurtado, desdibujado y manipulado. También el ecologismo, desde la política se ha desdibujado completamente. No tiene nada que ver con esto en lo que se ha convertido hoy. Por tanto, creo que tiene mucho que ver con la deriva actual: hay muchísimo ruido, todo es muy tóxico y es clave no dejarte manchar por toda esa toxicidad, volver siempre a la esencia. Personalmente, hago un esfuerzo mental por por no perder el eje de lo que realmente quiero decir para no perderme en ese ruido. Estamos en un momento de tanto caos y ruido que es muy fácil que absolutamente todo quede manchado por eso.
- En el congreso Bluecom de la UJI, el próximo miércoles hablarás en la conferencia de clausura sobre el presente y futuro de la comunicación ambiental. ¿Qué lenguaje puede funcionar ahora mismo para llegar a la gente de forma auténtica y eficaz?
- Desde mi humilde opinión, en la conferencia pienso utilizar como referente a mi padre y cómo él logró llegar a todo tipo de personas, desde catedráticos a políticos pero también a pastores que no sabían leer ni escribir, también a los niños... absolutamente a todo el mundo. Y la clave en su comunicación, aparte de él mismo -porque como producto de comunicación, era imposible mejorarlo- era la seducción de la propia naturaleza, como herramienta fundamental. No aleccionar, no colocarte tú en un pedestal y situar al resto de la gente como ignorante o idiota. Es la seducción: enseñarte un lugar donde desees ir. Ahí hemos perdido la esencia humanista, lo que te decía al principio, esta es una crisis existencial. Entonces, hay que unificar los mensajes que tienen que ver con la naturaleza y el resultado tiene que ser un mensaje de reencontrarnos con ella, un mensaje humanista y profundamente seductor. Es la clave, en mi opinión.
- Hablando de tu padre, ¿cómo puede llegar la admiración por una persona como tu padre a traspasar las generaciones y llegar a gente que ni lo llegó a conocer en su momento?
- Pues gracias a los trabajos que hizo. Es simplemente transgeneracional, y hay que recordarlo pero para que nos sirva a nosotros. En el libro que le dediqué -Félix, un hombre en la tierra- lo planteé como una especie de un manual para reencontrarnos. Precisamente para salir de esta crisis existencial, un asidero que nos marca el camino. Yo creo que no se trata solamente de recordarlo con añoranza como una persona muy popular de aquella época, sino como alguien que realmente es útil a día de hoy porque nos puede marcar el camino, sigue siendo esa persona. La mejor manera de preservar su legado es utilizarlo.
La naturaleza habla por sí sola, ¿no? Es el mejor ejemplo de la simplicidad, de la belleza y del orden que hay detrás de la complejidad
- Finalmente, ¿cuál es el proyecto que más te ilusiona actualmente, de lo que estás haciendo?
- Pues un documental que todavía está muy en ciernes, pero que tiene toda la pinta de que va a salir, y me va a obligar a viajar a África, entre otros lugares. Eso forma parte de la ilusión, pero sobre todo porque porque va a tratar de responder a la pregunta del gran proyecto que hubiera hecho mi padre si no hubiese fallecido. Me entusiasma, porque él iba a tocarnos ahí como una especie más: el animal humano. Ese iba a ser su gran tema, y además muy necesario. A él le preguntaron muchas veces en aquella época "doctor, ¿cuál es su especie favorita?" y la gente especulaba "será el halcón, o el lobo..." y él respondía que sin lugar a dudas era el animal humano. La que más le inquietaba y más preguntas le suscitaba. Va a ser lo que él hubiese querido hacer, pero no centrado en la fauna ibérica o en el lirón careto, sino en el animal humano.