Tres generaciones y casi 80 años tras la barra: el Bar Las Planas, templo del almuerzo en el Grau de Castelló

CASTELLÓN

La sepia y los bocadillos son las especialidades de una familia Guillamón que lleva desde 1947 al frente de un local sin el que no podría entenderse la restauración en el distrito marítimo

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CASTELLÓ. Esfuerzo, dedicación, pasión por la restauración y cocina tradicional de calidad. Una fórmula que, en 1947, Amadeo Guillamón y María Celades aplicaron a la hora de fundar el Bar Las Planas en el Grau de Castelló. Hoy, después de casi 80 años de constancia y trabajo tras la barra, son tres las generaciones que han regentado un local que vertebra la restauración del distrito marítimo y sin el que no podría entenderse la cultura del almuerzo en el puerto de la capital de la Plana.  

"Fueron mis abuelos, en 1947, los que decidieron venirse al Grau y abrir Las Planas tras llegar a Castelló muy jóvenes procedentes de Llucena y Villahermosa. En su día, la primera planta era un hostal y la planta baja el restaurante, pero el hostal cerró y ahora solo queda el bar. Desde muy pequeños, todos hemos mamado el negocio. Primero mi padre, quien nació en el 1950 y con 12 años ya ayudaba a mis abuelos en todo lo que podía. Después mi hermano, que es quien regenta el bar ahora, y yo, al igual que mi padre, nos hemos criado en el bar. Así es como ha ido pasando Las Planas de generación en generación", explica Vicente Guillamón a Castellón Plaza

Desde su apertura, el crecimiento del Bar Las Planas y el del Grau como distrito han ido siempre a la par. Sin ir más lejos, Vicente explica como el restaurante regentado por la familia Guillamón fue el primer negocio de la localidad en el que pudo verse la televisión en blanco y negro. No solo eso, sino que la terraza del local era un lugar muy frecuentado por las familias de los marineros, no en vano el balcón era el sitio ideal para, desde las alturas, ver cómo y cuándo llegaban los barcos con sus tripulantes (y maridos o padres) a bordo.  

Foto: ANTONIO PRADAS

El tiempo pasaba, la sociedad evolucionaba y Las Planas pasaba de abuelos a padres y de padres a hijos al ritmo que se consolidaba como un templo del almuerzo en el Grau de Castelló. "Sí es verdad que, por suerte, nuestros almuerzos han cogido fama y gustan a la gente. Nuestras especialidades son la sepia con salsa verde y los mejillones con su 'picaeta'. También los bocadillos, siendo el más famoso el bombero con sombrero, hecho con lomo, queso, tomate y huevo frito", detalla Vicente. 

Su comida deja huella. Tanto es así que son muchas las personas de Madrid, Zaragoza u otros lugares de España que veranean en Castellón y se acercan a probar la cocina de Las Planas año tras año. "Nuestra clientela es bastante fija y hay gente que lleva toda su vida viniendo aquí. Personas que venían de fuera de Castellón a veranear a Benicàssim o el Grau con sus padres y, muchos años después, siguen viniendo al bar pero con sus hijos. Nos alegra y reconforta ver como, año tras año, la gente sigue confiando en nosotros. El boca a boca es lo que ha hecho grande a Las Planas y esperamos que siga así", expresa Vicente. 

El visitante que no conozca Las Planas debe saber que su menú no varía y es el mismo a cualquier hora del día. La sepia y los mejillones son las estrellas como tapa o entrante, mientras que para acabar de llenarse son los múltiples bocadillos con los que cuenta la carta a los que se les atribuye el papel de protagonistas. 

Un bocadillo de sepia en Las Planas. Foto: ANTONIO PRADAS

Las Planas, propiedad de la familia Guillamón tras toda una vida de alquiler

Desde sus inicios y a lo largo de todos sus años de actividad, los Guillamón han regentado Las Planas en régimen de alquiler. Sin embargo, hace apenas unos meses todo cambió y la familia pudo completar su obra con la adquisición en propiedad del local en el que tantas horas han pasado. "Comprar el local siempre ha sido el sueño de mi padre. Él llevaba muchos años intentándolo, pero las propietarias nunca lo habían querido vender. Tras su defunción, nos encontramos con la sorpresa de que las dueñas querían desprenderse de él y lo tuvimos claro: era su ilusión, el lugar en el que se había criado y no podíamos hacer otra cosa que aceptar", revela Vicente. 

Ahora, ya lo tienen todo. Solo les queda seguir como siempre y a lo de siempre: "Somos un bar antiguo, familiar y de comida tradicional. Podemos ofrecer al cliente un trato con el que se siente a gusto, la confianza de que va a almorzar bien y nuestra absoluta disposición para que siempre que quiera venga a repetir", sentencia Vicente. 

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