CASTELLÓ. Cerca de 300 toneladas. Eso es lo que pesa, en residuos urbanos, una semana de Fallas en Burriana. Del 15 al 20 de marzo, mientras la ciudad disfrutaba de mascletàs, verbenas y actos falleros, la contrata municipal de limpieza de FOBESA trabajaba cada jornada para que las calles amanecieran limpias. Ahora, con la fiesta cerrada y los monumentos convertidos en recuerdo, es momento de hacer balance. Las Fallas no solo incrementan los residuos. También transforman la ciudad. Desde el 14 de marzo, muchas calles se cerraron para el montaje de carpas, monumentos y zonas de conciertos, lo que obligó a reconfigurar las rutas de recogida y reubicar contenedores en calles adyacentes con acceso garantizado para los vehículos del servicio.
Los camiones de recogida, de grandes dimensiones, debieron adaptarse a itinerarios alternativos y trabajar en espacios más reducidos. Aunque la planificación comenzó semanas antes, con previsión de cortes y reorganización de contenedores, durante las fiestas la coordinación entre el Ayuntamiento y FOBESA fue constante para anticipar y resolver cualquier incidencia en tiempo real.
La noche más intensa: la cremà
El momento más exigente llegó con la nit de la Cremà, en la madrugada del 19 al 20 de marzo. Cuando los monumentos falleros terminaron de arder, arrancó uno de los turnos más intensos del año. El objetivo era retirar los restos y dejar la ciudad limpia antes del amanecer. Para ello se desplegó un dispositivo formado por tres conductores y dos peones, apoyados por cuatro camiones dumper, una pala frontal, una retroexcavadora y una miniexcavadora con cepillo de arrastre. Solo los residuos inertes generados por la Cremà —restos de monumentos, madera calcinada y escombros— sumaron aproximadamente 62.500 kilogramos, que debieron retirarse en pocas horas en una ciudad que aún mantenía muchas calles cerradas al tráfico.
Los datos de recogida de 2026 reflejan con precisión cómo cambia el perfil de residuos durante la semana fallera. El total acumulado —sin contar los inertes de la Cremà— se distribuyó entre más de 212.000 kilos de RSU, 15.000 kilos de materia orgánica, 4.460 kilos de envases y más de 5.000 kilos de cartón. El día de mayor actividad fue el 19 de marzo, con más de 41.000 kilos de RSU recogidos, coincidiendo con la jornada final de les Festes. Al día siguiente, el 20 de marzo, la cifra bajó hasta los 33.440 kilos, señal de que la ciudad ya iniciaba su retorno a la normalidad.
Un operativo reforzado
Para afrontar este incremento de actividad, el servicio se reforzó hasta alcanzar los 33 profesionales, 20 efectivos más que en otras festividades locales. El operativo incluyó 12 operarios adicionales de limpieza viaria y 8 profesionales de la conducción, además de más de 50 contenedores de refuerzo repartidos por el municipio. Durante la semana fallera también se realizaron limpiezas específicas tras cada mascletà, repasos diarios en los alrededores de casales y mesones, y revisiones continuas de las zonas de contenedores, tanto en el centro como en los barrios.
El jueves 20 de marzo, Burriana despertó tras la noche de la Cremà con sus calles en condiciones. Los monumentos habían desaparecido, los itinerarios recuperaban su trazado habitual y los contenedores volvían progresivamente a sus ubicaciones de siempre. El concejal de Vía Pública, Mario Trullen, ha destacado que “detrás de esa imagen cotidiana hay semanas de planificación conjunta entre el Ayuntamiento y el servicio de limpieza. Porque mientras Burriana celebra sus Fallas, hay un equipo que trabaja para que la fiesta deje solo recuerdos, y ninguna huella de suciedad en sus calles”.