CASTELLÓ. Hay negocios que una vez nacen y se consolidan, perduran de generación en generación. En 1985, en La Barona, se fundó Casa Julián, un restaurante que en sus orígenes hacía de bar, de carnicería, de tienda e incluso de lugar para jugar a la lotería y que con el paso del tiempo se ha ido consolidando hasta convertirse en un templo del almuerzo, de la comida tradicional y en un punto de encuentro para ciclistas y moteros de toda la Comunitat.
"Nacimos en 1985. Por aquel entonces, yo era un niño, pero mis dos hermanos y yo ya ayudábamos a mis padres en el restaurante. Poco a poco fuimos evolucionando y haciendo comida tradicional, casera y brasa. Empezó a venir más gente y ampliamos el bar. Gracias a Dios, la gente a seguido respondiendo y el fin de semana viene gente de todos lados, además de mucho ciclista y mucho motero a almorzar. Para nosotros es un logro muy importante, pues no dejamos de ser un negocio ubicado en una pedanía de Vall d'Alba y que tiene un Cacau d'Or y un Solete de la Guía Repsol", explica Jorge Julián, dueño del negocio, orgulloso a Castellón Plaza.
Y es que a veces el éxito reside en no tocar lo que funciona, por eso la apuesta en Casa Julián es ser fieles a su estilo y dar a la gente aquello que le gusta y que va a buscar a La Barona: comida tradicional elaborada con productos de la zona. "Nosotros hemos sido siempre de cocinar tradicional. Es lo que nos ha hecho diferentes y no hemos cambiado nada. Los guisos que hacía mi madre se siguen haciendo igual, y aunque siempre se hace algún pequeño cambio para mejorar, la gente agradece el venir aquí y poder tomar un buen puchero, un plato de olla o una parrillada", detalla el máximo responsable del restaurante.

Uno de los platos de carne a la brasa que se sirven en Casa Julián
Otra de las particularidades del bar y que lo hace especial es su decidida apuesta por el producto de Castellón, y es que para Julián es vital que los negocios de la zona se apoyen unos a otros. "Al final esto es una cadena en la que todo rueda y en la que todos salimos beneficiados. Si tu compras aquí el pan, ayudas al panadero, y lo mismo sucede con las carnicerías, pescaderías y demás. Aseguras un producto de calidad y echas una mano al vecino, pues en los tiempos que corren si no nos ayudamos nosotros está complicada la cosa", expone.
Casa Julián, un lugar de peregrinaje para ciclistas y moteros
Cuando llega el fin de semana y se hace hora de almorzar, Casa Julián se llena de gente, sobre todo de ciclistas y moteros que salen de ruta y paran en La Barona a cargar las pilas. "Siendo sinceros, nos hemos convertido en un punto de encuntro para deportistas y gente que sale en moto. Al final, no hay que olvidar que Castellón es la segunda o tercera provincia más montañosa de España, hecho que trae que la gente salga a disfrutar de nuestras carreteras y entorno. Por suerte, todos ellos valoran nuestra comida y estamos muy agradecidos", cuenta Julián.
No en vano, conocedores de su tipo de cliente, en Casa Julián cuentan con el denominado 'plato ciclista', uno muy demandado antiguamente y que todavía se sigue pidiendo para almorzar. "Al que pide el 'plato ciclista' le sacamos la típica ensalada con su tomate, cebolla y aceitunas, pan con tomate y ajo aceite y su plato hecho de tortilla francesa, jamón serrano y queso tierno. Para cerrar, es imprescindible el carajillo", informa el dueño del restaurante sobre la composición del plato.

Ciclistas y moteros llenan Casa Julián a la hora de almorzar
El hándicap de la ubicación y el apoyo de la provincia
A pesar de que el negocio vaya viento en popa, a nadie se le escapa que el estar ubicado en La Barona es un hándicap que en ocasiones es muy difícil de salvar. Y es que la pedanía, situada en pleno interior de Castellón, cuenta con alrededor de 200 habitantes, hecho que provoca que las comunicaciones no sean las mejores y que el rango de público de Casa Julián sea más limitado. "Muchas veces me paro a pensar en el mérito que tenemos. No tenemos, ni mucho menos las infraestructuras de una capital, pero hemos conseguido que la gente coja el coche y venga a comer aquí. No contamos con las comunicaciones que pueden tener otros lugares pero estamos muy orgullosos de poder sacar esto adelante", relata Julián.
El restaurante cierra los lunes y martes para, a partir del miércoles, encarar cinco días que tienen su punto álgido en el fin de semana. Los más mayores, como bien especifica Julián, "podrán rememorar los guisos y los platos de antaño", y los demás contemplar el "interior de Castellón mientras disfrutan de comida tradicional como pueden ser unas manitas de cerdo, unas albóndigas o un chuletón a la brasa".
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