CASTELLÓ. Una de las cosas realmente complicadas en la vida es encontrar una vocación. Hay a quien le sale fácil, como hacer una tortilla. Otros, se pasan la vida buscándola sin encontrarla. En cambio, están aquellos que, sin esperarlo, dan con ella y la convierten en su profesión. Este último es el caso de Almudena Monzó, enfermera titulada pero molinera en su día a día y que se dedica a transformar el grano ecológico y de proximidad en harina elaborada de forma artesanal.
"Yo estudié enfermería, luego hice un Máster en Cooperación Internacional y Desarrollo Local y, al final, la vida me trajo hasta Altura. ¿Por qué? Pues porque llegó un momento en el que empecé a enamorarme de lo local y a coger consciencia de lo importante que es el ámbito rural, el no perder los oficios y los saberes tradicionales. En medio de todo ese proceso, me llegó la oportunidad de hacerme molinera y coger las riendas de Era y así llevo unos meses", explica Monzó a Castellón Plaza sobre cómo la vida le llevó a un lugar que jamás hubiera imaginado.
En Altura, la propietaria de Era se dedica a seleccionar grano de proximidad para, mediante un proceso artesanal y de molienda en piedra, convertirlo en harina ecológica. "Moler el grano en piedra, a diferencia de lo que sucede con otro tipo de procesos más industriales, evita que se eleve la temperatura durante el proceso y que el grano pierda propiedades nutricionales. Esto es algo que valoran mucho los amantes de hacer pan y harina y que permite conservar su sabor y aroma", expone Monzó.

El resultado, es la consecución de hasta ocho tipos de harinas distintas: 'centeno', de sabor intenso y que destaca por su menor capacidad de generar gluten; 'Aragón 03', una variedad tradicional que aporta una textura especial a la miga; 'florencia aurora', con un alto contenido en proteína; 'fuerza', seleccionada por su capacidad para desarrollar masas con buena estructura y resistencia; 'khorasán', suave, dulce y versátil; 'espelta', destacada por su flexibilidad y perfil nutricional; 'sarraceno', la ideal para crepes, tortitas, galletas y repostería; y 'arroz', libre de gluten y muy versátil.
Además de harinas, Monzó elabora macarrones con parte del grano que dispone y distribuye sus productos a distintas panaderías u obradores de la Comunitat. "Actualmente, trabajo con 18 comercios distintos, y todos valoran mucho el proceso de elaboración y las características del producto final. Mis harinas no encajan con todo tipo de producciones, pues son complicadas y normalmente quienes me compran son artesanos o cocineros que elaboran pan o productos similares en sus restaurantes", sigue la dueña de Era.
La proximidad, el eje que articula el proyecto de Era
Podría decirse que, aquello que más valora Monzó a la hora de escoger el grano con el que va a trabajar, es su origen. No en vano, la responsable de Era es una fiel defensora del producto de proximidad e intenta que el género que elige "sea nacional o esté lo más cercano posible". "Cada vez la población está más sensibilizada y le da más importancia a cuidar su salud, a lo ecológico y al kilómetro cero. Yo siempre he defendido, y así lo aplico en el día a día de Era, lo importante que es cuidar el producto y al productor local y es por ello que trabajo con el grano más cercano que tengo a disposición", defiende.
Una vez sentadas las bases de su proyecto, Monzó mira al futuro con ambición pero, sobre todo, con ilusión, y espera poder ampliar no solo su oferta de productos sino también el personal que trabaja en Era. "Podría decirte que aspiro a vender más harina, pero realmente no. Lo que me gustaría es desarrollar nuevos productos, que los profesionales se interesen por él y quieran incorporarlo a sus elaboraciones y, a largo plazo, poder contratar a alguien y generar empleo. Eso sí que sería un éxito rotundo", sentencia.
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