CASTELLÓ. La inmigración se ha convertido en uno de los principales motores del crecimiento demográfico de la provincia de Castellón y, al mismo tiempo, en un factor decisivo para sostener la población en muchos municipios del interior que, gracias a la llegada de ciudadanos de otros países, han conseguido en los últimos años sostener actividades económicas que corrían el riesgo de desaparecer e incluso mantener escuelas abiertas. Mientras el conjunto del territorio gana habitantes en la última década y a pesar de que el problema de la despoblación sigue muy presente, hay municipios rurales que han encontrado en la llegada de residentes extranjeros una vía para frenar el declive demográfico y mantener vivos sus pueblos.
Que el crecimiento demográfico de la provincia en la última década está sostenido en gran medida por la población foránea resulta evidente al comprobar los datos estadísticos. Según los últimos datos provisionales del Instituto Nacional de Estadística (INE), Castellón alcanzó los 644.199 residentes el pasado 1 de abril de 2026, tras sumar 3.271 nuevos habitantes en solo el primer trimestre del año. De ese aumento, 2.616 personas —el 80% del crecimiento trimestral— corresponden a población extranjera. En total, 130.576 residentes de la provincia tienen nacionalidad extranjera, lo que equivale ya al 20% del censo. En el último año, Castellón ha incorporado 13.814 nuevos habitantes.
Este impulso migratorio también está dejando huella en el interior castellonense, donde la pérdida de población y el envejecimiento amenazan desde hace décadas la continuidad de muchos municipios. Los datos de los censos anuales del Institut Valencià d'Estadística (IVE) muestran que entre 2021 y 2025 la población extranjera ha aumentado en 49 de los 85 municipios de la provincia con menos de 1.000 habitantes. Esto supone que casi seis de cada diez pueblos pequeños (57,6%) han ganado vecinos procedentes de otros países en los últimos cuatro años.
La tendencia no se limita al ámbito rural. En el conjunto de Castellón, la población extranjera crece en 107 de los 135 municipios, es decir, en casi ocho de cada diez localidades. Solo en 11 municipios el número de residentes extranjeros se ha mantenido estable, mientras que en 17 ha descendido.
Un indicador especialmente revelador del papel que está desempeñando la inmigración es que entre 2021 y 2025 un total de 35 municipios de la provincia han perdido población de nacionalidad española mientras, al mismo tiempo, aumentaba el número de residentes extranjeros. Esta situación afecta a algo más de una cuarta parte del territorio provincial, ya que representa cerca del 26% de los 135 municipios castellonenses. El patrón evidencia cómo la llegada de población procedente de otros países está compensando, e incluso revirtiendo parcialmente, el retroceso de la población autóctona.
Los datos permiten cuantificar con claridad este fenómeno. En Catí, la población con nacionalidad española se redujo en 22 personas entre 2021 y 2025, al pasar de 650 a 628 residentes, mientras que la extranjera aumentó en 45, de 67 a 112. En Cervera del Maestre, los españoles descendieron en 19 vecinos (de 468 a 449), pero el número de extranjeros creció en 60, de 122 a 182. Un fenómeno similar se observa en la Vilavella, donde la población española disminuyó en 97 personas (de 3.076 a 2.979), mientras la extranjera pasó de 36 a 89 residentes, con 53 más. El caso más significativo en términos absolutos es el de la Vall d'Uixó: pese a perder 165 habitantes de nacionalidad española, de 29.149 a 28.984, el municipio incorporó 798 residentes extranjeros adicionales, al pasar de 2.438 a 3.236.
Los pueblos donde más crece la población extranjera
Los datos evidencian que la inmigración no se concentra exclusivamente en las grandes ciudades o en los municipios turísticos del litoral. También alcanza a pequeñas localidades del interior, donde la incorporación de unas pocas decenas de habitantes puede suponer un cambio significativo para la sostenibilidad demográfica y económica del municipio.
Entre los municipios de menos de 1.000 habitantes, los mayores incrementos en términos absolutos se registran en Bejís, que pasa de 15 a 48 residentes extranjeros, con 33 personas más en apenas cuatro años; Culla, con un aumento de 31 vecinos procedentes de otros países (de 27 a 58); Alfondeguilla y Canet lo Roig, ambos con 29 nuevos residentes extranjeros; y Teresa, donde la cifra se cuadruplica al pasar de 7 a 29 personas.

- Imagen de archivo de Montanejos.
A estos casos se suman otros municipios del interior donde el crecimiento también resulta especialmente significativo. Montanejos ha duplicado prácticamente su población extranjera, al pasar de 76 a 156 residentes, con 80 personas más. Cervera del Maestre suma 60 nuevos vecinos de nacionalidad extranjera, al aumentar de 122 a 182. En Catí, el número de extranjeros ha crecido de 67 a 112, lo que supone un incremento del 67% y 45 residentes más. Y Navajas protagoniza uno de los aumentos más destacados, al pasar de 59 a 148 personas extranjeras, con 89 más y un crecimiento del 151%.
Si se analiza la evolución en términos porcentuales, algunos casos resultan aún más llamativos. Villanueva de Viver multiplica por diez su población extranjera, al pasar de una sola persona en 2021 a diez en 2025, lo que supone un incremento del 900% y nueve residentes más. Herbers registra el segundo mayor aumento relativo, al crecer de 1 a 8 personas extranjeras, con siete vecinos más y una subida del 700%. Montán suma 16 nuevos vecinos procedentes de otros países, al pasar de 6 a 22, lo que equivale a un crecimiento del 267%.
La despoblación persiste en parte del interior
Pese al impacto positivo de la inmigración, la tendencia no logra revertir completamente el retroceso demográfico en una parte del interior castellonense. Entre 2021 y 2025, un total de 27 municipios de la provincia continúan perdiendo población, y todos ellos son localidades de pequeño tamaño.
El dato pone de manifiesto que, aunque la llegada de población extranjera está actuando como un importante factor de contención y en muchos casos compensa la pérdida de residentes españoles, no siempre resulta suficiente para invertir la tendencia. En algunos municipios, el saldo migratorio positivo atenúa la caída, pero no logra neutralizar factores estructurales como el envejecimiento, la baja natalidad, la escasez de empleo o la limitada disponibilidad de servicios.
Varias de estas localidades figuran también entre los municipios donde crece la población extranjera, como Atzeneta del Maestrat, Benafer, Culla, La Salzadella, Traiguera o Palanques. Esto confirma que la inmigración está amortiguando el descenso demográfico, aunque todavía no consigue traducirse en un aumento neto del número total de habitantes.
Un factor clave para sostener el medio rural
En pueblos con apenas unos cientos de habitantes, la llegada de diez, veinte o treinta nuevos vecinos puede marcar una diferencia sustancial. Su presencia contribuye a mantener abiertos comercios, escuelas, consultorios y otros servicios esenciales, además de dinamizar la economía local y reforzar el tejido social.
La experiencia de Castellón confirma así una tendencia observada en numerosas zonas rurales españolas: la inmigración actúa como un soporte demográfico cada vez más relevante frente al envejecimiento y la despoblación. En una provincia donde uno de cada cinco habitantes ya es extranjero y donde cuatro de cada cinco nuevos residentes llegan desde otros países, estos vecinos se han convertido en un elemento esencial para garantizar el futuro tanto de las ciudades como de los pequeños pueblos del interior.
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