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Más de 20 años de diálogo en Benicàssim: la Librería Noviembre valora y comparte la emoción de la lectura

La tienda, abierta en 2004 como L'Àmbit, conecta a autores y público mediante una cuidada agenda de actividades

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CASTELLÓ. Contra pronóstico, las librerías físicas resisten en la actualidad como uno de los últimos puntos de mediación cultural directa. De esta manera, frente a la lógica acelerada de las plataformas digitales, que han copado en los últimos tiempos la atención, estos locales conservan una función que trasciende la mera transacción: representan espacios abiertos de conversación, descubrimiento y prescripción. En su interior, los establecimientos actúan como un filtro y una guía en un ecosistema editorial cada vez más saturado, mientras que el lector encuentra, más que un catálogo, una experiencia compartida. En Benicàssim, la Librería Noviembre navega entre la literatura como un proyecto que se decanta por su vertiente cultural para convertir el acto de leer en una práctica colectiva.

El origen de la tienda benicense, situada en el número 3 de la calle Mestre Segarra, se remonta al año 2004, cuando Cèlia Puchol Mònica Bernat impulsaron la apertura de su primera librería, L'Àmbit, a partir de "una necesidad de cambio en la actividad profesional y un interés por el libro y la lectura". El planteamiento inicial, más intuitivo que estratégico, ha evolucionado durante más de dos décadas en paralelo a las transformaciones experimentadas por el sector. "Ha evolucionado mucho, principalmente en la gestión interna propiciada por las herramientas tecnológicas y la formación constante", explican las propietarias. No obstante, el núcleo del proyecto se ha mantenido estable durante su amplia trayectoria con el objetivo de crear paulatinamente "un espacio acogedor donde el lector se sienta a gusto, que propicie la conversación con los libros y también con otros lectores". El enfoque explica, en parte, la transición en 2015 hacia la actual Librería Noviembre, una nueva etapa vinculada a la apertura al hábitat digital y al afianzamiento de un sello propio.

Noviembre: de punto de venta a espacio de mediación cultural

Con ello, el cambio de nombre no significó una ruptura, sino una ampliación del modelo. En este sentido, la librería incrementó su papel como agente cultural a través de presentaciones, lecturas o encuentros con autores, en una programación que no responde a la acumulación de eventos, sino a una lógica selectiva. "La programación debe tener un sentido, buscamos que aporte perspectivas interesantes a los lectores", apunta Puchol y Bernat, en un contexto donde "el tiempo y los recursos" marcan el límite operativo. La positiva respuesta del público local ha sostenido la apuesta durante la última década. En paralelo, la dimensión digital —página web y redes sociales— ha funcionado como un complemento, particularmente para facilitar el acceso al libro en municipios sin tiendas especializadas, aunque sin desplazar la centralidad del espacio físico.

  • La librería reivindica un catálogo propio basado en la experiencia y la calidad. -

A tal efecto, la relación entre el lector y el libro se articula en la Librería Noviembre desde una práctica cotidiana de recomendación. "Cuando leemos un libro y vemos sus aportaciones, la emoción que provoca, nos falta tiempo para compartirlo", explican. Del impulso surgen tanto las prescripciones individuales como las actividades públicas agendadas cada mes. El céntrico establecimiento se convierte así en un nodo donde confluyen intereses, afinidades y trayectorias lectoras. Dentro de este ecosistema, la obra funciona como un elemento vertebrador, aunque también como un motor para generar conexiones.

Por su parte, el catálogo del local refleja una lógica similar de equilibrio entre el criterio y el mercado. Frente a la creciente automatización derivada de las grandes superficies, la librería reivindica la construcción de un fondo propio, fundamentado en la experiencia acumulada y en la calidad de las obras. "La selección de novedades es el infierno en la tierra, y a la vez es estimulante", admiten con ironía, en referencia a la sobreproducción editorial. La decisión para la incorporación definitiva implica un trabajo constante de filtrado. "La elección tiene que mantener un equilibrio entre apuestas seguras en su aspecto comercial y otras más personales o arriesgadas". La tensión resultante, lejos de suponer un obstáculo, define la personalidad del comercio y garantiza una oferta diversa.

El significado de la literatura: la conexión con el autor

Los encuentros con autores han contribuido a construir una comunidad lectora que trasciende la compra puntual. De este modo, escritores, poetas, ilustradores y pensadores han visitado el local y han generado, según las libreras, "momentos especiales, en los que nos hemos emocionado y hemos aprendido lo que significa la literatura". Más allá del evento en sí mismo, las citas funcionan como experiencias compartidas que estrechan el vínculo entre los asistentes y el espacio. Así, el establecimiento no solo programa cultura, sino que la activa desde la proximidad. El papel de una librería independiente en el tejido urbano adquiere una dimensión allende el sector editorial. "El hecho de disponer de una librería física, a pie de calle, es importante para la vida de los municipios", subrayan.

  • El comercio no solo programa cultura, sino que la activa desde la proximidad. -

En resumen, la escena cotidiana —entrar, encontrarse y conversar— articula una idiosincrasia basada en la proximidad, a la que se suma la función específica del libro como vehículo de conocimiento y compañía. "Ofrece bibliodiversidad, y los libros alimentan el espíritu", apuntan. Con más de veinte años de trayectoria, la Librería Noviembre se mueve entre la consolidación y la incertidumbre propia del sector. De esta manera, ante el discurso de la resistencia, Puchol y Bernat prefieren una lectura más abierta. "Nos gusta pensar que somos un espacio donde todos son bienvenidos", señalan. La idea de hospitalidad condensa el trabajo que ha permitido al proyecto crecer sin perder su escala ni su sentido. En Benicàssim, entre estanterías y conversaciones, el comercio camina como un lugar donde la lectura no se agota en el libro, sino que se expande en comunidad.

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