VALÈNCIA. La semana que queda atrás ha sido intensa en la agenda política valenciana. La huelga educativa indefinida iniciada el pasado lunes 11 de mayo ha supuesto una convulsión en la Comunitat, con manifestaciones multitudinarias, fuerte impacto mediático y, sobre todo, un grave trastorno para alumnos y padres.
Ante esta situación, la obligada mirada se dirige hacia el Consell que preside Juanfran Pérez Llorca y al conjunto de fuerzas sindicales que han acordado, tras infructuosas negociaciones previas, llevar a una situación límite al sistema educativo.
Así, más allá del contenido de las negociaciones, de las que ha estado informando detalladamente este diario, llama la atención la manera de operar del Gobierno valenciano en la que es una de las grandes crisis -probablemente la mayor- desde que Pérez Llorca sustituyó a Carlos Mazón al frente de la Generalitat hace algo más de cinco meses.
Uno de los factores destacados es la forma de enfrentarse a los medios de comunicación a la hora de gestionar esta crisis. La consellera de Educación, Carmen Ortí, como responsable del área, está siendo la principal cara visible de este conflicto, también el propio Pérez Llorca o el titular de Hacienda, José Antonio Rovira.

- La consellera de Educación de la Comunidad Valenciana, Carmen Ortí. Foto: ROBER SOLSONA / EP
Sin embargo, la responsable de Educación no se ha prodigado ante los medios. La consellera atendió a los periodistas el jueves de la anterior semana, tras la reunión de la mesa sectorial que fracasó. Desde entonces, sólo volvió a comparecer de manera pública siete días después. De nuevo, con motivo de una mesa sectorial que terminó sin acuerdo. Entre medias, sólo respondió sobre la situación en À Punt y TVE. A lo largo de estos días, delegó en su secretario autonómico Daniel McEvoy la misión de enfrentarse a los periodistas el día del inicio de la huelga.
Mucho más al margen ha estado el presidente de la Generalitat. Pérez Llorca no se ha prodigado con declaraciones antes los medios y ha tenido una agenda más bien corta esta semana: apenas cinco actos (un par de visitas a eventos deportivos, una cita empresarial en Utiel, un evento compartido con el presidente de la Diputación, Vicente Mompó, y una intervención para un medio de comunicación en Barcelona). Desde el jueves por la tarde, el jefe del Consell ha tenido la agenda pública vacía, mientras este viernes se desarrollaba en Valencia una manifestación multitudinaria de los docentes.
Es evidente, por tanto, que Pérez Llorca ha decidido delegar el peso de la crisis en su consellera de Educación. Algo que le ha afeado públicamente la líder del PSPV-PSOE, Diana Morant, quien le reclamaba su asistencia "en primera persona" a la mesa de negociación prevista para el lunes.
Una posición ante la que replicaba el secretario general del PPCV, Carlos Gil, que rechazaba de plano que tuviera que ser Pérez Llorca quien encabezara las negociaciones. "Nosotros tenemos una estructura del Consell donde hay una Conselleria de Educación que es la competente en negociar este tipo de aspectos y el presidente, por supuesto, está continuamente al tanto de esta cuestión, pero la implicación en las negociaciones debe corresponder a la consellera delegada en la materia", sentenció, lo que ponía de manifiesto que la defensa del Consell viene a recaer en el partido, donde también han reaccionado estos días el síndic en Les Corts, Nando Pastor, o la portavoz de Educación, Beatriz Gascó.
Pero esta desconexión -al menos en la exposición pública- sobre la crisis educativa también se ha percibido en el Consell. Más allá de discreta intensidad de la agenda en el Ejecutivo estos días - por ejemplo Rovira tampoco tuvo actividad pública este viernes - el Gobierno valenciano no celebró pleno este viernes. Una jornada que justamente coincidía con la gran manifestación unitaria en Valencia.
Una actitud en cierto modo esquiva por parte del presidente de la Generalitat, que, salvo una pronta solución del conflicto, puede terminar dañando la imagen del jefe del Consell, no sólo por la propia problemática concreta, sino por la poca sensación de liderazgo que habría transmitido Pérez Llorca a lo largo de la crisis.