Análisis

Comunitat Valenciana

Pérez Llorca, dos meses navegando entre la sombra de Mazón

  • Pérez Llorca, en un acto reciente.
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VALÈNCIA. Este martes 27 de enero se cumplen dos meses desde que se produjera en Les Corts la investidura de Juanfran Pérez Llorca como presidente de la Generalitat en sustitución de Carlos Mazón. Pese a que no es un lapso de tiempo excesivamente amplio, las semanas transcurridas sí permiten un análisis sobre las hechuras del nuevo jefe del Consell y líder, aunque sea en formato gestora, del Partido Popular de la Comunitat Valenciana.

Una de las premisas que marcaba el ascenso de Llorca, y así lo reflejaron distintos análisis periodísticos, era conocer cuánta distancia pondría el recién aterrizado líder respecto a su predecesor. Mazón, con su credibilidad notablemente dañada por su gestión -y posteriores versiones- en el día de la Dana, se había revelado transcurrido algo más de un año, como un activo tóxico para la formación popular de cara a recuperar enteros en la opinión pública valenciana. Al mismo tiempo, renegar de todo lo creado e impulsado por el presidente saliente tampoco tenía sentido, puesto que muchas de las decisiones adoptadas son políticas centrales del PPCV.

Así pues, Pérez Llorca, ha navegado estos dos meses entre la sombra de Mazón y la necesidad de ir apuntalando su propio perfil, con semejanzas y diferencias con su predecesor que, a grandes rasgos, permiten concluir que simplemente hay otro dirigente del PPCV al frente de la Generalitat con sus particularidades concretas y, sobre todo, sin la carga de haber tenido un papel relevante en la Dana.

En este sentido, el nuevo presidente ha mantenido la estabilidad con Vox que ya ostentaba su predecesor, con las dificultades conocidas de la aprobación presupuestaria -todavía no se ha avanzado en la negociación, lo que ha abocado a la prórroga- y algunas exigencias concretas como ahora con el decreto de Simplicación II, que el partido de Abascal ha decidido convertir en proyecto de ley para presentar enmiendas. Fruto del acuerdo de ambos partidos, Les Corts no tendrán sesión de control sobre el nuevo presidente hasta mediados o finales de febrero; es decir, más de 80 días después de su investidura.

Por otro lado, Pérez Llorca ha apostado por una revolución más bien comedida en el Consell, manteniendo a los pesos pesados de Mazón, incluso en algunos casos reforzándolos -como con el nombramiento de José Antonio Rovira al frente de Hacienda-. Eso sí, el nuevo presidente de la Generalitat si afrontó cierta renovación del núcleo duro del Palau de la Generalitat, aunque resituando a la mayoría de cargos que pertenecían a la guardia pretoriana del su predecesor. Unos cambios en los que, además, Pérez Llorca trató de contentar a los distintos poderes orgánicos con designaciones que contentaran a la alcaldesa de València, María José Catalá; a la líder provincial de Castellón, Marta Barrachina; o al presidente de la Diputación de Valencia, Vicente Mompó, en este último caso, con la concesión de la secretaría general de la gestora del PPCV en manos de Carlos Gil.

  • La alcaldesa de València, María José Catalá, y Pérez Llorca. -

Este interés por lo orgánico también se ha observado en la relación con Génova de Pérez Llorca. La favorita de Alberto Núñez Feijóo para suceder a Mazón era Catalá, pero las reticencias de la alcaldesa a abandonar su cargo y las propias dificultades que entrañaba una sucesión en ese puesto, contribuyeron a la aceptación del ahora exalcalde de Finestrat como nuevo inquilino del Palau. En este punto, la propuesta de nueva financiación autonómica realizada por el Gobierno de Pedro Sánchez, que beneficiaría a la Comunitat Valenciana con 3.669 millones de euros anuales más, ha sido la primera prueba de fuego para Pérez Llorca: tras unos titubeos iniciales, el presidente de la Generalitat se alineó militarmente en torno al rechazo programado por Feijóo, por lo que ha habido margen para la sorpresa en este apartado.

De hecho, unas de las banderas de Pérez Llorca desde su llegada al poder es su reiterada verbalización de su deseo de diálogo; algo que ha utilizado para promover una imagen de mano tendida en distintos ámbitos: para las asociaciones de las víctimas de la Dana; para la oposición con el ánimo de renovar los órganos estatutarios o incluso con el Gobierno de España como evidenció en su primera reunión con Pedro Sánchez. Ahora bien, esta capacidad de diálogo no ha alcanzado, al menos de momento, para sentarse a negociar la propuesta de financiación que el ejecutivo central ha puesto sobre la mesa, o para citar a la jefa de la oposición, Diana Morant, a una primera reunión en el Palau. Eso sí, esta misma semana, concretamente el martes, Pérez Llorca sí ha citado a los portavoces en Les Corts de las distintas formaciones políticas.

En cuanto a rasgos distintivos respecto a la etapa de Mazón del nuevo presidente, es en general reconocido un cambio en las formas en relación a Mazón y su equipo, especialmente en el último año donde la tensión en el Palau era notable y eso se trasladaba a la manera de interactuar del presidente y los suyos. También se ha apreciado un cambio palpable en la agenda, con un jefe del Consell pisando territorio Dana y mostrándose presente en las zonas calientes de reconstrución; además de la constitución de la comisión mixta con el Gobierno, algo que Mazón no pudo lograr pese a su insistencia y que Sánchez sí aceptó tras reunirse con Llorca.

Otro elemento diferenciador es la mayor proximidad de Pérez Llorca respecto al valenciano. El presidente ha optado por quedarse la competencia de la política lingüística en su departamento y utiliza la lengua valenciana en buena parte de sus comparecencias públicas, además de mostrar mayor sensibilidad en sus intervenciones hacia la Acadèmia Valenciana de la Llengua (AVL) ante los ataques de Vox.

Curiosamente, una decisión reciente en la que también ponía distancia con su predecesor se produjo este viernes, cuando el portavoz del Consell, Miguel Barrachina, anunció que se había decidido suprimir el límite de asesores fijado en 72 por Mazón en su día con el objetivo de "reducir la grasa" de la Administración. La decisión, según justificó el dirigente popular, se enmarca en las "nuevas necesidades" que pueda tener el Gobierno valenciano.

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