¿Puede repetirse la Dana de 2024? Qué significa una inundación con un periodo de retorno de 2.000 años

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La revisión del Patricova incorpora este escenario extremo a la cartografía de peligrosidad tras analizar miles de registros de lluvia y utilizar modelos hidrológicos e hidráulicos para simular cómo se comporta el agua en la Comunitat

  • El barranco del Poyo en Paiporta, afectado por la Dana del 29 de octubre de 2024.
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VALÈNCIA. ¿Qué significa que una gran inundación como la de la Dana de 2024 tenga un periodo de retorno de 2.000 años? ¿Es un episodio que solo puede ocurrir una vez cada dos milenios? La cifra puede llevar a pensar que tendrán que pasar siglos antes de que vuelva a producirse una inundación como la que asoló la provincia de Valencia hace casi dos años. Sin embargo, el periodo de retorno no funciona como una cuenta atrás. Se trata de una estimación estadística de la probabilidad de que se alcance o supere una determinada magnitud en un lugar concreto.

Esta distinción está detrás de uno de los cambios del nuevo Plan de Acción Territorial sobre Prevención del Riesgo de Inundación en la Comunitat Valenciana (Patricova), cuya actualización se presentó este jueves en el IVAM. El documento incorpora a la cartografía un escenario de inundación con un periodo de retorno de 2.000 años, junto a los de 25, 100 y 500 años que ya contemplaba el plan vigente. Para delimitar las zonas expuestas a estos episodios, el equipo interdisciplinar que ha elaborado la revisión del Patricova ha empleado modelos hidrológicos e hidráulicos con los que simular cómo responde cada cuenca ante lluvias extremas y cómo se desplaza el agua por el territorio.

Periodo de retorno de 2.000 años

Un periodo de retorno de 2.000 años equivale a una probabilidad anual de excedencia del 0,05% o, dicho de otra manera, una posibilidad entre 2.000 de que, en un año determinado y en un lugar concreto, se alcance o supere la magnitud analizada. No significa que el episodio vaya a repetirse exactamente cada dos mil años ni que no pueda volver a ocurrir al año siguiente. La probabilidad se calcula para cada año, por lo que dos episodios extremos pueden sucederse en un intervalo corto, aunque la posibilidad de alcanzar esa magnitud en un año sea reducida.

Félix Francés, catedrático de Ingeniería Hidráulica de la Universitat Politècnica de València (UPV) y coordinador del equipo que ha elaborado la revisión del Patricova, recurre a la Lotería de Navidad para ilustrar esa diferencia: "¿Te puede tocar el Gordo con 50 números? Sí, pero es poco probable. ¿Te va a tocar en tu vida alguna vez el Gordo comprando todos los años 50 números? Puede que sí, pero lo más probable es que no". El símil ayuda a entender por qué un fenómeno poco frecuente no es imposible. Pero, en el caso de las inundaciones, hay otra precisión importante: el periodo de retorno varía en función de qué se mida y dónde.

No es lo mismo calcular la frecuencia estadística de una precipitación extrema en un punto que la de un determinado caudal en un cauce o la de una inundación que alcanza una población. "Este periodo de retorno de 2.000 años está pensado desde el punto de vista de la inundación en un sitio concreto", explica Francés. La escala territorial también importa. La probabilidad de que una inundación de determinada magnitud afecte a un punto específico no es la misma que la de que un episodio extremo provoque daños en algún lugar de un territorio mucho más amplio, como en el conjunto de la Comunitat Valenciana.

Los modelos que permiten calcular hasta dónde puede llegar el agua

Para revisar la cartografía de peligrosidad, el equipo ha trabajado con registros de 1.090 pluviómetros de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) y de los sistemas de información hidrológica. Los datos abarcan el periodo comprendido entre 1951 y 2024 y suman 11.720 registros analizados para el estudio regional de precipitaciones máximas diarias. Esta base permite comparar la Dana de octubre de 2024 con otros episodios extremos documentados.

Sin embargo, el análisis de las precipitaciones es solo una parte del trabajo. Para estimar cómo puede traducirse la lluvia en una inundación, el estudio incorpora modelos hidrológicos e hidráulicos que reproducen dos procesos: la transformación de la precipitación en escorrentía y caudal, y el recorrido del agua por los cauces y el terreno, incluidos los posibles desbordamientos. En ese cálculo intervienen factores que van más allá de la cantidad de lluvia acumulada.

  • Imagen de archivo del barranco del Poyo a su paso por Paiporta.- Foto: ROBER SOLSONA/EP

También influyen la distribución de la tormenta en el espacio y en el tiempo, la respuesta de la cuenca, la topografía y las características de los cauces y de las zonas por las que puede extenderse el agua. De ahí que una precipitación extraordinaria no se traduzca necesariamente en una inundación de la misma magnitud en todos los puntos afectados.

Los modelos permiten combinar esas variables para estimar la peligrosidad y representar las zonas que podrían inundarse en distintos escenarios. En esta primera fase, la revisión se ha aplicado a cuatro ámbitos: el Alto Magro, el Bajo Magro, los barrancos de l'Horta Sud y el Bajo Turia aguas abajo de Loriguilla. La metodología está prevista para extenderse al resto de la Comunitat Valenciana.

La Dana superó el periodo de retorno de 2.000 años

Asimismo, los resultados obtenidos de este trabajo permiten dimensionar la excepcionalidad de las lluvias registradas durante la Dana, aunque las cifras deben interpretarse según el fenómeno al que se refieren. Durante la presentación del Patricova, Francés señaló que los 772 milímetros de precipitación diaria registrados en 2024 en la rambla del Poyo superaron el umbral correspondiente a un periodo de retorno de 2.000 años para la lluvia en ese punto, según los modelos utilizados.

Esa estimación se refiere a la precipitación, no a la inundación que sufrieron los municipios afectados. En su explicación, Francés distinguió ambos fenómenos: situó por encima de los 2.000 años el periodo de retorno de la lluvia en Turís, mientras que estimó en torno a los 1.000 años el correspondiente a la inundación en la zona de Picanya y Paiporta. Se trata de cálculos distintos, porque miden variables diferentes: la lluvia registrada en un punto y la magnitud de la inundación resultante en otro ámbito.

La diferencia responde a cómo funciona una cuenca durante un episodio extremo. La lluvia caída alimenta la escorrentía y los caudales que circulan por los cauces, pero la inundación que finalmente se produce también depende de las características del terreno y de la distribución de las precipitaciones. Por eso, que una lluvia supere un umbral estadístico de 2.000 años en un punto no significa que la inundación tenga ese mismo periodo de retorno en todos los municipios afectados.

¿Por qué el nuevo Patricova incorpora este escenario?

La revisión del Patricova amplía los escenarios representados en la cartografía de peligrosidad. A los periodos de retorno de 25, 100 y 500 años se suma el de 2.000 años, que permite contemplar inundaciones muy poco frecuentes, pero con capacidad para causar daños graves. Además, el plan establece siete niveles de peligrosidad para representar de forma más detallada la frecuencia y la magnitud de los episodios.

En ese sentido, el vicepresidente tercero y conseller de Medio Ambiente, Infraestructuras, Territorio y de la Recuperación, Vicente Martínez Mus, defendió la necesidad de revisar los mapas tras lo ocurrido en octubre de 2024. "La Dana evidenció que la realidad de la inundación superó los escenarios que reflejaban nuestras cartografías de riesgo", afirmó.

  • Martínez Mus durante la presentación del nuevo Patricova este jueves en el IVAM. - Foto: GVA

Martínez Mus sostuvo que los estudios "confirman la necesidad de intervenir en las cuencas de manera integral, combinando infraestructuras hidráulicas, restauración hidrológico-forestal y soluciones basadas en la naturaleza". Por tanto, incorporar el escenario de 2.000 años no permite anticipar cuándo llegará la próxima gran inundación ni garantiza que un mapa pueda recoger todos los efectos de un episodio extremo.

Su finalidad es ampliar los escenarios que se tienen en cuenta al evaluar la peligrosidad y planificar los usos del territorio. Una probabilidad baja no equivale a una imposibilidad: también los fenómenos menos frecuentes deben contemplarse cuando sus consecuencias pueden ser devastadoras.

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