Entrevista

CULTURA

Castellón como inspiración y destino: tres escritores convierten la provincia en territorio literario

Letras del Mediterráneo premia a Alfonso Mateo-Sagasta, Ana Covadonga y Sonia Valiente

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CASTELLÓ. Tres voces, tres géneros y un mismo territorio como punto de encuentro. Alfonso Mateo-Sagasta, Ana Covadonga y Sonia Valiente han sido reconocidos en distintas categorías de las Letras del Mediterráneo, el certamen que impulsa la Diputación de Castellón para situar la provincia en el mapa literario nacional. Desde la novela histórica hasta la negra y el thriller de base periodística, los tres comparten una misma premisa: convertir Castellón en escenario vivo de sus tramas, no como simple decorado, sino como territorio con identidad propia, memoria y pulsión narrativa. 

-¿Cuál es el proceso de estudio y documentación para escribir una novela histórica, Alfonso?

-Alfonso Mateo-Sagasta: En mi caso, una novela histórica me lleva entre dos y cuatro años. Una parte muy importante de ese tiempo es documentación, en la que invierto alrededor de año y medio o dos años dedicados exclusivamente a leer ensayos sobre la época y literatura de autores contemporáneos al periodo que quiero desarrollar. Me nutro mucho de la literatura del momento. En esta novela ambientada en Castellón coincidió que ya estaba estudiando el siglo XIX, un periodo especialmente interesante en esta provincia, así que parte del trabajo previo ya estaba avanzado.

-Ana, eres policía nacional de profesión. Entiendo que son muchas las ventajas que te da tu trabajo a la hora de escribir novela negra, ¿pero hay algún inconveniente?

-Ana Covadonga: Existe un límite que no quiero sobrepasar, y por eso tengo claro que no he de abordar los métodos de investigación que no son de dominio público. Hay técnicas que todos conocen y que puedo utilizar en la novela, pero hay otras que no considero adecuado revelar. No creo que mis novelas las vaya a leer alguien del crimen organizado, pero nunca se sabe. Dicho esto, las ventajas superan con creces cualquier inconveniente. Estoy documentada de primera mano. Si tengo dudas sobre delitos tecnológicos, llamo a un compañero y le pregunto. Además, el ambiente de una comisaría solo lo conoces realmente si lo vives. Yo escribo desde la perspectiva de inspectores, que es mi ámbito profesional, y hasta ahora me he mantenido ahí.

-¿Qué te dicen tus compañeros en la comisaría?

-Están muy presentes. De hecho, el protagonista de esta novela lleva el nombre de un compañero de grupo. Muchas veces, en mitad de una investigación, me dicen: “De esto tienes que escribir”. Me cuentan historias, los más veteranos especialmente, y en la policía se viven situaciones increíbles, tanto buenas como malas. Todo eso es una fuente de riqueza enorme. Además, consumo mucho true crime y novela negra. Con mi trabajo, casi era inevitable acabar escribiendo este género. Ah, por cierto, están todos mis compañeros policías coaccionados para comprar la novela. (risas).

Foto: ANTONIO PRADAS

-Sonia, ¿encontraremos retazos de no ficción, género que manejas tan bien, en este libro?

-Sonia Valiente: Muchísimos. Como periodista me gusta partir de hechos reales y ficcionarlos. En esta novela recreo el último vuelo del dirigible Hindenburg, que en 1937 sufrió una gran deflagración y marcó el final de esa forma de aviación. Lo traslado a la actualidad y replico ese vuelo sin escalas desde Frankfurt hasta Nueva Jersey. Me interesaba especialmente el uso del hidrógeno, altamente inflamable, frente al helio, cuyas reservas estaban en Estados Unidos en un contexto de tensión prebélica. Aquella carrera por dominar el aire era, en cierto modo, la conquista de la última frontera, como hoy lo es el espacio. La novela tiene una base de documentación muy sólida, tanto en lo técnico como en cuestiones energéticas, y también en procedimientos médicos, con ciertos matices que rozan la distopía.

–¿Y dónde está Castellón en tu historia?

-Castellón está por todas partes. Una de mis obsesiones literarias es la suerte, y mi protagonista vive en Castellón, regenta una tienda en la calle Enmedio y está obsesionado con el éxito. Me interesaba reflexionar sobre la fugacidad del éxito y esa especie de triunfo vacío que vemos en Instagram y en las redes sociales. En mi libro hay una persona que no tiene talento conocido pero quiere perseguir a un escritor que embarca en este vuelo de la suerte. Además, tengo un vínculo personal muy fuerte y arraigado con la provincia. He veraneado en Alcocebre. Mis padres han vivido durante muchos años en Alcalà, porque mi madre nació en Vinaròs, por lo que la parte de trabajar la documentación en relación con la provincia me la he ahorrado. De hecho, en todas mis novelas aparecen personajes valencianos. En esta, aunque es la más internacional que he escrito, Castellón hay personas de la terreta.

-Los tres compartís la premisa de que el escenario debe ser la provincia de Castellón. ¿Os ha limitado o abierto nuevas oportunidades?

-Alfonso: En mi caso ha sido algo natural. La novela aborda la Primera República y, en 1873, Castellón vivió simultáneamente el cantón y el levantamiento carlista en el norte de la provincia. Eso me permitía recorrer gran parte del territorio, Morella, Castell de Cabres, Alcalà de Xivert, Sant Mateu, Segorbe o Castellón de la Plana. Ha sido un reto interesante explicar las tensiones entre republicanos unitarios y federales y la evolución ideológica de figuras como Castelar, Salmerón o Pi Margall son uña y carne en el año 69 y en el 73 ya no tienen nada que ver. Vemos cómo se va desvirtuando la ideología de lo que es la construcción de la república de abajo a arriba, y luego cómo se van convirtiendo de arriba a abajo. Escribo sobre ese proceso con Castellón como telón de fondo.

-¿Ana, tú nos dibujas algún asesinato en la provincia? ?

-Ana: Sí, claro. Yo no conocía Castellón personalmente, pero me he documentado a fondo. He querido que los lectores locales se reconozcan en los escenarios, dichos y costumbres, y que los de fuera sientan curiosidad por visitarlos. Eso sí, la historia incluye algo de sangre. Intento combinar la novela negra con enclaves emblemáticos de la provincia para lograr una simbiosis atractiva.

Foto: ANTONIO PRADAS

-Hoy es posible documentarse sobre cualquier lugar a través de internet…

-Alfonso: Sí y no. Puedes, pero es algo superficial. Quizá le falte color si lo hace de esa manera. La literatura se nutre de muchas más cosas que lo que encuentras en la red. Aunque mira Salgari, que no salió en su vida de su casa y nos contó las aventuras de Sandokan, del tigre de la Malasia, Borneo, todos veíamos a la perla de la UAM. Describió un mundo alucinante de piratas, aventuras y tal y no salió de su casa. O sea que todo es relativo. ¿Cómo lo hacía? Pues con un atlas miserable que tenía. La mente del escritor genera universos, aunque insisto, la percepción de los sitios sí cambia cuando respiras el aire del lugar y cuando lo ves. 

-Ana: Internet ayuda, pero no basta. Hablar con personas que viven allí aporta ese matiz auténtico que no encuentras en la red. Creo que no te puedes limitar a eso, por eso yo, como al ser policía, al final nos mandan a cada uno a un sitio de España. Pues he hablado con compañeros que sí que viven en Castellón y eso sí que te da ese plus de autóctono, pero al final el conocimiento, lo que dices tú, es superficial. 

-¿Qué aportan los premios a la trayectoria de un escritor?

-Alfonso: Nos da una presencia. En literatura cada novela es volver a empezar y es volver a convencer al lector de que eso merece la pena ser leído. Un premio te da ese arranque inicial, esos primeros momentos de contacto con el lector para invitarle a que se lea el libro. Eso para mí es fundamental. El premio, por otra parte, es un estímulo, porque yo estoy trabajando sobre el siglo XIX, pero el hecho de tener una ayuda y tener un apoyo para escribir es un estímulo para la investigación en general, o sea que es una aportación más a tu carrera de escritor. 

-Sonia: En mi opinión, que las instituciones públicas apoyen a la cultura es impresionante. Hemos de tener en cuenta que anualmente se publican 91.000 libros al año, y esta distinción te posiciona en la mesa de novedades de otro modo porque lleva un marchamo de calidad. Y luego hay otra cosa muy importante, que es dar a conocer con mucho orgullo el nombre de Castellón a nivel nacional. Ojalá miles de lectores conozcan los enclaves que nombramos. Si la Diputación de Castellón siga con este proyecto, que ahora lleva 29 novelas publicadas en estas ocho ediciones, será porque funciona. 

-¿En qué es diferente este premio, Alfonso?

-No engaña a nadie. Es un premio limpio, en el cual te dicen mira, vamos a premiar por este motivo porque nos da la gana. Esto es un premio diferente, vamos a dar este premio con unas condiciones muy claras. Es decir, vamos a reconocer tu trayectoria y hay una condición, que es que la novela debe estar centrada en Castellón. Es fenomenal, porque no solo es la visibilidad y la promoción que supone sino que además es un apoyo para acabar el trabajo. También hay que tener en cuenta la realidad económica del sector. Los autores cobramos por derechos de autor y los adelantos han disminuido mucho. Es de locos. Aquí hay que tener mucha afición para dedicarse a la literatura. Un apoyo así ayuda a culminar proyectos que llevan años de trabajo.

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