CASTELLÓ. En plena semana de las fiestas de la Magdalena, el teatro se suma a la celebración con una propuesta que promete carcajadas sin complejos. La actriz Elisa Matilla llega al Teatre Principal de Castelló para presentar ‘Inmaduros’, una comedia sobre las contradicciones sentimentales a cualquier edad en la que comparte escenario con Carlos Sobera. Bajo la dirección de Juan Luis Iborra, la función retrata a dos hombres recién separados que, entre “miércoles locos” y citas improvisadas, intentan volver al mercado amoroso sin haber aprendido del todo a gestionar sus emociones.
Con amplia trayectoria en teatro, cine y televisión, Elisa Matilla defiende de principio a fin una función que propone, como ella nos explica, humor puro, improvisación y un pellizco final de reflexión que se combinan en una obra pensada, ante todo, para que el público salga del patio de butacas con la mejor medicina posible: la risa compartida.
—¿Lo de ‘Inmaduros’ va por los dos hombres actores que están en el escenario?
—‘Inmaduros’ va de la gente que no crece emocionalmente. Tenemos a dos hombres en el escenario que se acaban de separar de sus mujeres y quieren salir para volver a relacionarse con gente. Tienen ya una edad, y lo que les pasa es que emocionalmente no saben abrirse y abordar lo que les está sucediendo. En la función vemos cómo ellos se acercan y charlan con las mujeres. Primero lo hacen con chicas de 30 años y luego con otras de 50. Y ahí vemos el caos en el que están metidos, y nos muestran lo que el personaje de Carlos Sobera llama miércoles locos. La obra se desarrolla en tres actos y corresponden a tres miércoles distintos.

—¿Noches para ligar?
—Sí. Noches locas en las que intentan ligar. Los vamos a ver interactuando con cuatro mujeres de distinta edad y distinto carácter. Es una función muy divertida, cuyo único ánimo es entretener a la gente que venga a vernos. Es más que probable que alguno que otro se sienta identificado con los personajes en momentos de la función, porque hay ciertas cosas que reconocemos que nos ha pasado.
—¿No teméis que el público piense que les queréis dar lecciones?
—No lo hacemos. En esta obra abordamos la madurez emocional que tienen los personajes y lo difíciles que son las relaciones. No es fácil conectar con todas las cosas que hay ahora y que no existían no hace tanto, como las redes sociales. Nos hemos desacostumbrado un poco a ligar, y de eso charlamos en ‘Inmaduros’. Pero insisto, lo que buscamos es que la gente se ría y pase un buen rato.
En esta obra abordamos la madurez emocional que tienen los personajes y lo difíciles que son las relaciones
—En la lectura del texto y sabiendo el reparto que te iba a acompañar, ¿se puede intuir de antemano que la obra va a funcionar?
—Sí. Es muy difícil que a estas alturas se te escape algo así. Es cierto que en alguna ocasión puede que hayas tenido un texto entre manos que te pareciera maravilloso y luego, por lo que sea, no haya acabado de funcionar y no haya llegado tanto al público como imaginabas. Pero ese es un error que se da pocas veces. Porque, insisto, incluso en las primeras lecturas que hacemos del texto, ya sabemos que va a gustar más o menos.
—¿Ayuda también lo mucho que os conoce el director Juan Luis Iborra?
—Es una persona con la que Ángel Pardo y yo ya hemos trabajado muchísimo, y saca siempre lo mejor de nosotros. De hecho, cambia cosas del texto y lo adapta de la versión argentina de Juan Vera y Daniel Cúparo para encajar mejor con nosotros. Los papeles están un poco diferentes y, por ejemplo, ha conseguido acercar a mi manera de trabajar el personaje de Valeria que interpreto y que en nuestra versión es un poco terremoto y de fuegos artificiales.
—¿Llevas muchas producciones con Carlos Sobera?
—Si no me equivoco, es la cuarta función que hago con Carlos y con Ángel Pardo llevaré unas nueve.
—¿Habéis dado con la tecla de aquello que demanda el público?
—Nos conocemos mucho, y eso se traslada al escenario. A Sobera le gusta que la función esté viva y que los actores no dejen de improvisar. Antes de la función ya le suelo preguntar a Carlos qué es lo que me tiene preparado, porque siempre ocurre algo cuando está él. Me dice cosas fuera del texto o me cambia las cosas de sitio… Pero no está mal porque en alguna ocasión ha sido tan gracioso y ha funcionado tan bien, lo que ha provocado que lo hayamos incorporado al texto.

—¿No te supone un esfuerzo extra esa atención a lo que Sobera pueda hacer en directo?
—Puede, pero lo que hace Carlos está muy bien hecho por su parte. Estar en alerta en el escenario es muy bueno para la función. Hay que estar pendiente de todo lo que sucede a tu alrededor. Ten en cuenta que precisamente Sobera es una persona que está muy acostumbrada al directo, y eso se nota. Es muy fácil sacar provecho de este tipo de situaciones imprevistas que suceden. Ojo, que es algo que nos gusta que ocurra porque gana la obra.
—‘La cena’ es una de las películas del momento. ¿Está ya la comedia en el espacio que merece?
—No se sabe. No lo sé, de verdad. Mira, yo durante los años 90 trabajé mucho en cine y fue una época en la que se hizo mucha comedia. Es más, es un género que llevó a mucha gente a las salas. Manuel Gómez Pereira, que ha dirigido ahora ‘La cena’, hizo muchas películas en esa época que tuvieron éxito. La gente en España iba a ver cine español. Funcionó muy bien. Luego la cosa fue a peor y empezó a funcionar relativamente. No solo ocurrió en nuestro país, porque hubo películas de fuera a las que tampoco les dio respaldo la gente. ¿El motivo? Creo que todo fue a raíz de la llegada de los monólogos, que interrumpieron el humor y los directos. Ese tipo de comedias del que hablamos se derivó al monólogo. Ahora parece que ha logrado sobreponerse un poco porque el teatro de texto y los monólogos han empezado a compartir y convivir. Ya no es como antes que en los teatros, por cada comedia te encontrabas cinco monólogos.
—¿La comedia no habla, en el fondo, siempre de temas serios?
—Sí. En este país la tragicomedia es nuestro punto fuerte. Hay grandes textos, como ‘Ay Carmela’. Es un género muy nuestro que funciona y en el que han trabajado grandes actores y autores.
Si todas las personas que estarán en el patio de butacas del Teatre Principal de Castelló se ríen a la vez, eso es una catarsis tremenda
—En cualquier caso, ¿no es lo que veremos con ‘Inmaduros’, verdad?
—No. Para nada. Esta función que llevamos a Castellón es una comedia pura y dura. Un texto que quiere divertir y punto. Aquí no hay drama más allá de un pellizco final de Juan Luis, porque a él le gusta rematar así las obras, y por eso hay algo de reflexión justo al acabar. Pero solo buscamos risas. Yo me alegro profundamente de que esté volviendo a resurgir este género y de que la gente esté volviendo a disfrutar y a reírse.
—Ya sé que es una obviedad, pero es que es muy bueno reírse…
—Es importantísimo. De nuestra función uno sale sanado y curado del teatro. Y te digo una cosa, reírse en comunidad sana el doble. Si todas las personas que estarán en el patio de butacas del Teatre Principal de Castelló se ríen a la vez, eso es una catarsis tremenda. A fuerza sales de allí con ganas de pasártelo bien y estar con los amigos tomándote una cervecita.
—¿Cómo se contrarresta el estar siempre con la maleta preparada para recorrer los teatros haciendo bolos?
—Demasiado bien, porque ya no se hacen giras de maleta. Yo conocí esas salidas que se hacían antes, donde igual estabas 20 días sin volver a casa, y esto es otra cosa. El transporte no tiene nada que ver con el de hace unas décadas, y además los teatros suelen programar funciones de un día. La cosa ha cambiado. Sabes que los fines de semana vas a estar fuera de casa sí o sí, pero a mí me encanta llevar mi vida en una maleta.
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