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Los tres actores se ponen al frente de El homenaje, la nueva serie de SkyShowtime, una historia familiar atravesada por la ambición, el poder y una relación tan apasionada como compleja. Amorós, Ríos y Molina analizan sus personajes y los conflictos que los empujan al límite.

P. En El homenaje dais vida, en el caso de Ángela Molina y Georgina Amorós, a Norma Bianchi en sus dos etapas, y en el de Manu Ríos a Adolfo en su etapa joven. ¿Qué os atrajo de estos papeles sobre el guion? ¿Qué os llamó la atención de esta familia tan particular?

Georgina Amorós. Muy particular, sí. A mí, concretamente, lo primero que leí fue el primer capítulo, que es donde tenemos sobre todo la presentación de los personajes y de esta historia de amor tan fogosa, tan pasional. Me encantó cómo estaba escrito. Me parecía muy divertido rodar escenas tan extremas, porque la verdad es que todas las escenas que tenemos son muy especiales, muy extremas. Y sobre todo también el hecho de poder trabajar con Manu, que es uno de mis mejores amigos, era un ingrediente que claramente me motivaba muchísimo para disfrutar y pasarlo muy bien haciendo de estos dos personajes.

Manu Ríos. Un poco Bonnie and Clyde. En mi caso, igual. El guion cuando lo recibí lo devoré, y eso ya es una señal increíble. Estaba enganchadísimo a la historia de estos personajes. Creo que cada uno tiene muchísimas contradicciones. Y, evidentemente, hacer una serie junto a una de tus amigas, con escenas tan jugosas y tan locas, y con un reparto como Ángela Molina, Luis Tosar o Eusebio Poncela, era todo un regalo.

 

P. Es un thriller con una estructura muy atractiva que deja participar al espectador en ese descubrimiento de la historia. En el caso de los personajes jóvenes, Adolfo y Norma son seductores, pero con sombras. ¿Qué os llamó en particular de ellos?

Manu Ríos. La complejidad de sus cabezas y entender el origen, de dónde vienen, cómo se crean estos personajes tan adictos al poder y tan ciegos ante la humanidad. Hay algo muy deshumano en el futuro de la historia, pero era interesante entender de dónde viene eso. La historia de amor entre Norma y Adolfo es auténtica, es real, se aman, pero hay factores que complican toda su trama, como la enfermedad mental de Norma, la bipolaridad. También, ahora reflexionando, eran otros tiempos donde no había este conocimiento ni se sabía cómo gestionar o afrontar estas enfermedades. Había algo muy jugoso que investigar ahí, trabajar la vulnerabilidad en unos personajes que aparentemente son solo oscuros y malignos.

Georgina Amorós. Hay como las luces y las sombras. Tenemos escenas luminosas, muy bonitas, pero también todo lo contrario. Poder trabajar ambos extremos, por un lado esa parte del amor tan bonito y de flechazo y, por otro, la parte oscura, era súper atractivo.

P. Ángela, en tu caso interpretas a Norma en una etapa más avanzada. ¿Es más fácil o más complicado construir el personaje teniendo la referencia del trabajo de Georgina?

Ángela Molina. Yo tenía claro que yo era Georgina desde el origen, tanto ella como yo al final. He partido desde una unidad. Ella ha vivido mi parte de juventud, pero yo ya sentía esa parte que ella ha interpretado como mía. No he hecho ninguna separación. No me resultaba extraño porque era imposible: yo abordo la vejez y ella la juventud, y eso se suma y crea esta unidad que es esa persona.

Es bonito ver el desarrollo de este ser desde que es joven, con esa conciencia tan lúdica, tan extraña, tan extraordinariamente egocéntrica, pero tan libre al mismo tiempo y tan enferma también. Es un personaje de una mente laberíntica que ni ella misma puede controlar. Y eso es muy raro de sentir cuando lo interpretas, porque no puedes dominarlo: te domina a ti.

 

P. Hay una frase que sobrevuela la serie: “La familia es la única empresa de la que no puedes dimitir”. ¿Por qué nos atraen tanto estas historias de conflictos familiares?

Ángela Molina. Puede que en parte sea porque son tan diferentes de nuestras vidas que nos resultan inéditas y necesitamos reflexionar sobre ellas. Cuando ves una serie, imaginas que otros también la están viendo, y se genera una reflexión común. Aquí se habla de violencia, poder, ambición… y como espectadores podemos preguntarnos qué les lleva hasta ahí, cómo puede ser que se deshumanicen hasta ese punto de jugar con la vida de los demás.

Georgina Amorós. Personalmente, no estoy nada de acuerdo con esa frase. Siento que también deberías poder dimitir de tu familia. Es un lugar del que te deberías poder ir igual que de otros vínculos. Creo que precisamente eso es lo que lleva a esta familia a hacer lo que hace: sentir que la sangre está por encima de todo, incluso cuando se dan dinámicas perversas. Aguantan cosas que no permitirías a otras personas, y eso es lo que les lleva a volverse completamente locos.

Ángela Molina. La sangre es la sangre, pero también puedes cuestionarte hasta dónde quieres pertenecer a eso.

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