CULTURA

Gigovatio y Mamotreto, dos bandas adultas en la joven escena musical de Castellón

Ambas afloraron hace tres años para sumarse a una escena variada en géneros y poblada

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Gigovatio y Mamotreto son dos proyectos musicales de Castellón, bandas que afloraron hace tres años para sumarse al reciente paisaje musical; una escena variada en géneros y poblada, en gran parte, por músicos jóvenes de la generación Z o Millenial.

Manu Grandío, guitarra y voz en Gigovatio, Juan P, guitarra y voz en Mamotreto, y Héctor Nácher a las baquetas; forman así dos dúos musicales que comparten batería. Aunque recientes, ambas bandas traen una historia más dilatada en el tiempo, pues sus integrantes nacieron entre el 76 y el 86. Pero como todos empezaron a tocar sobre los 14.

El batería Héctor Nácher ya había tocado en grupos como Mindwarp y Úvula a finales de los 90: “Tuvimos una especie de cierta relevancia local, pero al final se disolvió. Yo decidí no tocar durante 17 años. Hasta que me reenganché a la música”. Se juntó con los otros dos guitaras para crear Mamotreto y Gigovatio, “Y las historias se entrecruzan en tanto que Juan P y Manu ya habían tocado juntos”

Un anuncio en la tienda de discos Tipo

Juan P conoció a Manu junto a otros grupos a principios de los 2000, “debía tener alrededor de 20, la cosa es que ellos no tenían cantante. Yo cantaba en privado, me daba vergüenza cantar en público. Pero vi el cartel en el Tipo y como forma de combatir la timidez llamé”, narra.

Manu Grandío cuenta cómo después de aquel grupo que se llamaba Down Way Alley, Juan P y él volvieron a coincidir en Los 400 golpes, luego en Celacanto. “Como les pasa a todos los grupos, al final va la cosa evolucionando, uno se acaba, sale otro…”, añade Juan P.

La funcionalidad del dúo                 

Cada banda tiene publicados 2 y 3 discos, cargados de un buen número de temas cañeros, rápidos o pesados, desafiantes, intrincados… El último álbum de Mamotreto ‘El significado del Vacío’ ha llegado fresco este mismo enero de 2025, y unos meses antes llegó el trabajo de Gigovatio, ‘Post-presentimiento’, en octubre de 2024. Ambos discos fueron grabados casi simultáneamente en Rocketes con Alberto Sales.

Manu: “Es verdad que hemos estado bastante activos”.

Nácher: “Creo que una de las cosas que facilita el trabajo y elimina problemas es que seamos grupúsculos de dos personas. Agiliza la toma de decisiones. Pero no es una oposición radical a que las bandas tengan muchos miembros, es una cuestión funcional”.

¿Qué tienen en común Gigovatio y Mamotreto?

“Pues aquí está, un psicópata”, bromea Héctor. Personalmente, se me antoja que la vibra de las palabras que eligieron para bautizar a sus grupos puede ser también descriptiva del sonido que reproducen en sus instrumentos.

Héctor: “En el caso de Mamotreto fue Juan P quien puso sobre la mesa ese nombre, que es casi una onomatopeya, suena a lo que es, y expresa una idea de corporalidad, solidez y contundencia que casa muy bien con la sonoridad de la banda”.

Juan P: “En realidad se le ocurrió a mi pareja Mariona, estábamos en un puerto, vimos un barco gigantesco y dijo ‘¿qué hace ahí ese mamotreto?’. Era más grande que el propio puerto, con tonos oxidados. Y a mí por lo menos me mola cómo suenan ese tipo de palabras del castellano, muy sonoras”.

Manu: “Gigovatio hacía tiempo que lo quería usar para algo, lo saqué de la peli de ‘Regreso al futuro 1’, ahí Doc dice ‘1,21 gigovatios’, es un error puesto a propósito. Me hizo gracia y sí que tiene algo de relación con el sonido; como una unidad de medida de potencia, como que transmite la caña. A lo mejor Gigovatio tira más hacia el punk y tal vez Mamotreto es más metal, pero al final hay bastante solape”.

Los sonidos en que se mueven

A Héctor a veces le cuesta decidir para cuál de las dos bandas son idóneas sus ideas porque “podrían funcionar según cómo arropen musicalmente ellos”.

Manu: “En realidad tenemos muchas ideas, si fuéramos escasos de material sí que sería…”

Héctor: “El problema es gestionar el darles forma, darles coherencia, convertirlas en una canción que sea algo más que una suma de partes yuxtapuestas”.

Definen Gigovatio como una montaña rusa de muchas piezas, un puzle de estructuras poco comunes “nos liamos mucho, demasiado a lo mejor. Nos atrae la complejidad”. “Nos gusta la melodía, lo oscuro también, la velocidad, lo pesado, cerca del punk”.

Héctor: “También intentamos componer desde el respeto a la persona que lo tenga que oír, no estrictamente desde respetarlo, sino también -realmente- de faltarle al respeto. En el sentido de que sea desafiante, tenga frescura, no sea un refrito de nuestras influencias, sino un destilado de nuestras intenciones. Ha quedado horrible” -los tres bromean con el barroquismo de la frase-.

No cabe duda, el que estas bandas sean capaces de entretenerse tanto en la ideación de sus composiciones musicales, al detalle, es reflejo de una notable profundidad del lenguaje en general. “La culpa es de los autodefinidos, me llenaron la cabeza de palabras”, cierra Nácher.

Las preocupaciones líricas en los temas en Gigovatio

Manu suele escribir letra, pero Héctor también colabora. Son temáticas abstractas, aunque en ‘Ya Estoy Bien’ “podríamos decir que trata sobre salud mental y curro”.

Para Héctor es indisoluble: “Han sido dos cosas que en m i biografía han colisionado varias veces. Esas impresiones están plasmadas en esa letra, en el disco también. El curro es parte de nuestras preocupaciones. La obsesión de Juan P son los pedales, la nuestra es el curro”, bromea.

En ambos grupos tiene precedencia la música o la melodía. En Mamotreto “entran frases de relatos de ciencia ficción, movidas de horror cósmico, de Lovecraft, o a veces imágenes… un poco de lo que sugiere la música”.

Mamotreto es un dúo pero suenan cuatro instrumentos, explica Juan P: “por la limitación de no tener bajista la guitarra que llevo es muy grave, está en la misma tesitura que un bajo, en la misma octava. Para las partes que hay alguna armonía probé varias cosas y finalmente me quedé con un sinte de bajos, lo controlo con el pie, como un teclado de pie. Y la voz, ah sí”.

Juan P y Manu tocan la guitarra desde los 14, “eso que hay una guitarra en tu casa como por casualidad”.

Héctor: “Yo no recuerdo muy bien, la aproximación sí que fue muy punk y aprendiendo de cualquier manera. Y luego pasé casi dos décadas sin ser músico, y en realidad no es algo que me otorgue identidad de manera indisoluble; yo toco música pero no soy músico, podría ser otra cosa, es una actividad pero no una esencia definitiva, no me preguntéis cosas”.

¿Qué ha cambiado durante su recorrido?

Juan P: “Hay una etapa inicial en la que tienes mogollón de ilusión pero no sabes tocar, es un aprendizaje, y a la vez con muchas ganas, todo viene de nuevo, todo impacta, en fin. Y luego ya, con el tiempo a lo mejor aprende uno a tocar, pero es todo más… no te coge de nuevo, no te sorprende tanto”. En la experiencia musical de Juan P lo que no ha cambiado nunca es su gusto por los pedales de distorsión y una obsesión por los sonidos graves “siempre probando distorsiones, insatisfecho porque hay que buscar una mejor”.

En su experiencia, Nácher observa: “Creo que -por tu propia salud mental- debes disociar lo que estás haciendo de la obtención de repercusión o de éxito. Tienes que tener una elevada tolerancia a la frustración y, para gestionar eso, ser capaz de distanciar que el grupo vaya bien o vaya mal a nivel éxito. Tienes que tener siempre presente por qué lo haces; porque te mola, porque te expresas, porque te satisface a nivel individual o a nivel colectivo”.

Su relación con la escena musical de Castellón

Héctor expone: “A nivel de escena estoy un poco sumido en la perplejidad, no acabo de entender muy bien las diferentes escenas que hay, cómo funcionan, cuáles son sus códigos ni cómo operan, y esto también a nivel de salud mental creo que es algo que debería hacerme mirar”.

Manu: “Las anteriores bandas en que tocábamos había más movimiento alrededor, en la época de Los 400 golpes teníamos más hueco, nos seguía más peña. Los colegas a lo mejor se daban más coba. Pero creo que es por la edad, los grupos de veinti algo están rodeados, tienen sus colegas, están metidos en la escena. Conforme te vas haciendo más mayor creo que se diluye un poco, va pasando a tener menos importancia en la vida de uno el grupo, o los grupos de tus amigos o de tu círculo. Pero igual me equivoco y es que somos más malos”.

En adición, Juan P comenta: “A esa edad la gente sale más, va a los conciertos, está más en la música. En fin, tenemos 40 y la gente ya no está tan interesada, incluso a alguna gente que le gusta la música a lo mejor prefieren ir a un grupo de versiones para escuchar canciones que ya conocen. La gente de 20 años está muy abierta a oír música nueva y la gente de 40 no, de hecho a nosotros nos pasa también”.

¿La edad de los músicos influía a la hora de conseguir conciertos?

Héctor: “Eso es la expresion de un miedo que yo tenía, de que éramos señores entorno a la cuarentena, cis-hetero, y que nuestro público fuese exactamente ese. Espero que no, pero no tengo ninguna noción exacta de cuál es nuestro público, es difícil conocer ese feedback, saber quién está comprando nuestras cintas o haciendo las escuchas. Por supuesto nos gustaría tocar más a menudo pero hay cierto cuello de botella, cierta saturación, los espacios donde tocar no pueden dar salida a la cantidad de bandas que hay, tal vez eso sea una de las claves más ciertas”.

De todos modos, afirman que se han sentido bastante integrados en el circuito local. Manu: “Nos llaman de los colectivos musicales que hay en Castellón, creo que nos han llamado de todos, desde Niu de Colbies, Curry Kvlt, Underground Revolution, Niidea… nos han tenido en cuenta siempre. Y por ejemplo en Curry Kvlt está gente de una generación más joven. Entonces creo que también nos corresponde reconocer los límites de lo que es tocar en Castellón, hay un límite de veces que la gente quiere ir a ver a Gigovatio o a cualquier otra banda. Yo estoy muy a gusto y… ¿podría ser mejor? Tal vez, pero sí que siento que hay”.

Héctor explica que es un poco complicado tocar fuera de Castellón: “Como banda tienes que construir una red de networking de bandas con las que tocas y organizar un bolo aquí, un bolo allí en su ciudad… que es el modelo de intercambio más usual, pero sí, aquí no hay la infraestructura suficiente”.

Juan P: “Lo que nos gusta es tocar. Gestionar el tema bolos, escribir a gente por Instagram… eso es bastante más aburrido, pero para que un grupo se mueva hay que hacer esa faena, a veces llaman para que toques pero otras tienes que escribir tú; se hace pesado, mucha gente no responde…”.

Las dos bandas han estado tocando recientemente en el Terra y en Isósteles (Burriana), y tienen algún otro concierto por cerrar, mientras siguen componiendo.

El diálogo se va cerrando mientras hablamos de los ridículos beneficios que obtienen los músicos a través de las escuchas en plataformas. Así que cuando les pregunto si quieren decir algo más responden que “el merchand está al lado de la puerta”.

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