Cine

'HEAVEN IS A CLOSED NIGHTCLUB'

Koba Gómez busca el sentido de Benidorm en las cenizas sobre las que se levantó Terra Mítica

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VALÈNCIA. El archivo aparece como suelen aparecer las cosas íntimas que más incomodan: tarde y desde el fondo de un armario. Koba Gómez no era consciente del archivo que tenía al alcance de su mano hasta que su padre le habló de una maleta guardada en el piso de abajo, “llena de diapositivas”, con fotografías de una Benidorm desaparecida y “un vídeo del incendio de Terra Mítica”.

Ese hallazgo es el punto de partida de Heaven is a closed nightclub, una película-ensayo que se construye desde un archivo familiar para interrogar una historia colectiva sobre Benidorm: “De repente me vi inmersa en un proceso de descubrimiento de una naturaleza, de un pasado, de una forma de vivir Benidorm de la que yo no era consciente”. El siguiente paso fue preguntarse qué había pasado entre aquellas imágenes y la ciudad en la que ha nacido y crecido.

El archivo exigía contexto. Gómez levanta la película acudiendo a las voces de su familia, a grabaciones domésticas sobre conflictos medioambientales de la zona, y a las imágenes del incendio de 1992 que arrasó la pinada de Sierra Cortina; un episodio conocido, pero raramente pensado: “Se sabe que hubo un incendio y luego se construyó Terra Mítica, pero no hay una memoria colectiva del proceso”, señala.

Lo que la película propone no es una reconstrucción cronológica ni un reportaje de investigación, sino una pregunta lanzada tanto al plano íntimo [la identidad y el archivo familiar] como al colectivo [cuándo se rompió definitivamente la vida en Benidorm]. “Me encontré todo ese archivo en el fondo de un armario, un pasado de reivindicación muy intenso que se había ido olvidando”, señala el director com reflejo de lo que también ha sucedido colectivamente. Un pasado que parece haber sido arrinconado a propósito en una ciudad que “se ha convertido en lo que es hoy manteniendo esta idea de especulación y explotación constante”.

Benidorm aparece así como un territorio difícil de habitar simbólicamente. Gómez pone palabras a una experiencia compartida por quienes han crecido en ciudades convertidas en espectáculo: “Para mí era muy normal ser de Benidorm, pero al salir te confrontas con una imagen externa completamente anulada”. Una imagen que no contempla la posibilidad de arraigo: “Estamos sometidos a un discurso muy infantilizante sobre cómo vivir la ciudad”, afirma, en referencia a un modelo urbano pensado “para pasar, consumir, disfrutar y marcharse”.

Y esa mirada exterior acaba filtrándose hacia dentro: “Te hace cuestionarte muchísimo cómo has estado habitando la ciudad”, admite. La película introduce aquí una grieta generacional: la experiencia de su padre, militante comunista que decide instalarse en Benidorm, frente a la suya, marcada por la precarización y la clausura de horizontes culturales. “La forma de vivir de mi padre era más luminosa, en el sentido de que había esperanza de cambiar las cosas; la mía es más de convivir con las luces y las sombras”, reconoce.

Las imágenes de archivo intensifican esa conciencia porque, en realidad, porque son imágenes relativamente recientes [de la década de los 90, principalmente]. Ahí están, además de los incendios,  los vertidos sin depurar o a los residuos arrojados al entorno natural. “Yo he habitado la ciudad de una manera normalizada y de repente soy consciente de que me he estado bañando en sitios contaminados. ¿Cómo puede ser que estos problemas medioambientales no se plantearan, o que no importara que se quedaran ahí?”.

El archivo, insiste, obliga a mirar donde nunca se miró. “Redirige la mirada hacia otro lugar, hacia donde se guardan las consecuencias de todas esas decisiones”: frente a la playa como centro de gravedad permanente de la ciudad, Gómez (y su familia) se dirigen a la montaña. Frente a la postal, el vertedero que carga con las consecuencias del turismo de sol y playa.

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Generar un reflejo en el montaje

Ese gesto se prolonga en las imágenes actuales de Terra Mítica, montadas sin voces en off ni narración alguna. Gómez se acerca al parque desde la montaña, atendiendo primero al sonido. “Es un espacio que genera muchísimos sonidos, chillidos entre el miedo y la diversión, pero no sabes de dónde vienen”. El resultado es un paisaje extraño, donde la naturaleza convive con una maquinaria que no se detiene —“Mirases donde mirases, ese sonido estaba ahí y te atrapaba”.

Terra Mítica aparece así como una condensación de lógicas más amplias. “Es desorientador porque son todos los lugares a la vez”, explica, al describir la superposición de estilos, épocas y simulacros. Una imagen que dialoga directamente con Benidorm: “Allí todo sucede al mismo tiempo y lo tenemos normalizado”.

Las relaciones entre el archivo familiar y las imágenes del presente se construyeron después: “Todo convivió en el montaje. Me interesaba poner juntas esas dos imágenes: un Benidorm comunista, reivindicativo, y el Benidorm actual”. El efecto es casi fantasmagórico, como si ese pasado fuera una invención. Pero no lo es. —“Es la tierra donde hemos crecido y a la que pertenecemos”, recuerda.

Heaven is a closed nightclub se presentará en València el próximo 13 de febrero en Pols.

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