CASTELLÓ. La Sala Sant Miquel de la Fundació Caixa Castelló acogió ayer la conversación-coloquio «Quisiera crear un jardín (y verlo crecer). Entre el arte y la tierra», protagonizada por Vicent Todolí, una de las figuras más relevantes de la gestión cultural y la curaduría de arte contemporáneo a nivel internacional. Ante un numeroso público, Todolí compartió una reflexión que trascendió el ámbito artístico para adentrarse en cuestiones relacionadas con el paisaje, la memoria, la agricultura, la libertad intelectual y la experiencia del tiempo. La conversación tomó como punto de partida su proyecto Todolí Citrus, el singular jardín botánico que ha desarrollado durante más de dos décadas en su localidad natal de Palmera y que reúne centenares de variedades de cítricos procedentes de todo el mundo.
Durante el encuentro, Todolí explicó cómo aquel proyecto nació inicialmente con la voluntad de preservar un fragmento del paisaje agrícola valenciano amenazado por la transformación urbanística. Sin embargo, con el paso de los años, el jardín acabó convirtiéndose también en un espacio de conocimiento y de reflexión personal. «La tierra te devuelve mucho más de lo que le das», recordó, aludiendo a una idea que ha expresado en diversas ocasiones y que resume la profunda transformación que la experiencia del cultivo ha supuesto en su vida.
La conversación, dirigida por Alfredo Llopico, técnico de cultura de la institución castellonense, abordó la relación entre los ritmos acelerados de la contemporaneidad y la temporalidad lenta de la naturaleza. Para Todolí, trabajar la tierra permite comprender el tiempo de una manera diferente, más vinculada a los procesos, a la observación y a la atención sostenida. En este sentido, defendió el jardín como un espacio donde reaprender a mirar y a escuchar, pero también como una forma de resistencia frente a la homogeneización cultural y territorial.
Reconocer el valor cultural de la agricultura y el paisaje
El director y comisario valenciano reivindicó asimismo la necesidad de reconocer el valor cultural de la agricultura y del paisaje, recordando que los territorios agrícolas constituyen una parte esencial de la memoria colectiva. En su opinión, el progreso pierde sentido cuando implica la destrucción irreversible de aquello que nos conecta con nuestra historia y con nuestro entorno.
La segunda parte del diálogo se centró en su trayectoria profesional y en su concepción de las instituciones culturales. Todolí defendió el papel de los museos como espacios de conocimiento, pensamiento crítico y experimentación, alejados tanto de la lógica del mercado como de la obsesión por las cifras. Reivindicó la independencia intelectual como condición indispensable para desarrollar proyectos culturales sólidos y recordó que la función de las instituciones no consiste en competir entre sí, sino en aportar perspectivas singulares sobre la realidad contemporánea.
A lo largo de la conversación apareció de manera recurrente una idea que atraviesa toda su trayectoria: la importancia de la libertad. Libertad para pensar, para crear, para cuestionar lo establecido y para construir proyectos capaces de mantener una identidad propia frente a las dinámicas de uniformización que caracterizan nuestro tiempo. La actividad permitió descubrir una faceta menos conocida de Vicent Todolí, la del jardinero y observador del paisaje, y puso de manifiesto cómo muchas de las preguntas que han guiado su trabajo en el mundo del arte encuentran continuidad hoy en su relación con la tierra. Dos ámbitos aparentemente distintos que, en su caso, convergen en una misma defensa de la diversidad, la singularidad y el conocimiento.