Arte y fotografía

Las lecciones de Julio González que resuenan un siglo después: "El artista no debe ceder ante el público"

  • Imagen de archivo de la exposición Ser artista en el IVAM.
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VALÈNCIA. Hablar de Julio González (Barcelona, 1876 - Arcueil, Francia, 1942) es hablar de uno de los artistas fundamentales en el desarrollo de la vanguardia del siglo XX. Su formación como artesano en el taller de su padre fue clave para moldear al que acabaría siendo considerado maestro de la escultura en hierro, una fructífera trayectoria que tuvo su punto álgido con La Montserrat, una obra que representa el dolor y la angustia ante la guerra y que fue expuesta en el pabellón de la República Española en la Exposición Internacional de París de 1937.

El legado del artista, del que este 2026 se conmemora el 150 aniversario de su nacimiento, está estrechamente vinculado con una València que levantó uno de sus principales museos con su obra como piedra angular. La donación de Carmen Martínez y Viviane Grimminger puso los cimientos del actual Institut Valencià d’Art Modern (IVAM), que esta misma semana conmemora la efeméride -precisamente en un 27 de marzo en el que, en 1942, falleció- con la inauguración de la muestra La mujer en la obra de Julio González, comisariada por Brigitte Leal.

Ríos de tinta han corrido en torno a la innovadora obra de Julio González, piezas que forman parte de algunas de las principales colecciones de arte moderno del mundo y mediante las que se cuenta parte de la historia del arte de la primera mitad del siglo XX. La obra habla, los estudiosos hablan pero, ¿qué dice el propio artista?

En este aniversario es momento de recuperar su producción pero también su voz, una voz con la que compartió su particular mirada y que, también, usó para dar algunas claves sobre cómo entiende él el arte, unas reflexiones que casi un siglo después siguen siendo relevantes. “Los verdaderos artistas son de su tiempo. No puede ser de otro modo, porque, si es cierto que la época da sus artistas, es porque los artistas han fijado esta época”. 

Corría el año 1935, uno antes del inicio de la guerra civil española, cuando González firmó estas palabras para la prestigiosa publicación francesa Cahiers d’Art, que iniciaba el curso con un número dedicado a analizar el estado del “arte actual” a través de una encuesta en la que participaron distintos artistas y marchantes de arte con los que realizó una radiografía global de la escena creativa del presente. 

En su respuesta a la revista, número registrado en la biblioteca y centro de documentación del IVAM, ofrece una reflexión sobre la posición del artista incluso cuando no es comprendido en su tiempo. “Tanto si el público lo entiende como si no, el artista no debe ceder ante él en nada. Además, ¿para qué entenderlo? ¿Comprendemos la naturaleza? Y a pesar de ello, el público la admira de forma constante”, expresa González en su respuesta a Cahiers d’Art.

La publicación, fundada en 1926 por Christian Zervos y que paralelamente contaba con una galería regentada por Yvonne Zervos, en el que expuso el propio González, recopiló en su encuesta distintas reflexiones que incluían las del catalán que, reflexionando en torno a otras figuras como el Greco o Beethoven, urgía a los artistas a crear sin ataduras. “Si elaboras un programa a medida o permites que te impongan uno, estás permitiendo que tu mente deje de estar alerta”, señalaba, un texto que sigue siendo relevante y que deja un último mensaje del pasado para el futuro: "Lo bonito, en arte, conduce al bibelot".

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