VALÈNCIA. Imagina crecer en un entorno social y familiar que fomenta desde la infancia la entrega de tu vida a una organización religiosa. Imagina a una niña que construye su identidad alrededor de una supuesta vocación que la obligará a permanecer célibe y a cumplir a rajatabla, durante todos los días de su vida, una larguísima lista de normas y mortificaciones.
Marina Pereda (Miranda de Ebro, 1989) tenía catorce años cuando la “casaron” con Dios. El enlace se selló con un anillo -elemento que le recordaba constantemente que su cuerpo ya no era suyo- y un “testamento” mediante el cual se comprometía a ceder todos sus bienes presentes y futuros a fundaciones y asociaciones vinculadas al Opus Dei. Parecía que todas las cartas de su vida estaban echadas, pero consiguió salir.
Sin embargo, la integración completa en el mundo exterior no fue inmediata; requirió mucha terapia y un episodio catártico: la escritura de una obra teatral en la que contaba, con cierto distanciamiento irónico, la experiencia de una chica que abandona la Obra y tiene que construir su identidad prácticamente desde cero en un mundo que en muchos sentidos todavía le resulta extraño y ajeno.
Coescrita junto a su amiga de infancia Maitane Aspe y llevada a escena por la compañía Malos Hijos, La Obra contribuyó a romper un gran tabú en la sociedad española. “Mi intención no era criticar a la organización, porque yo en ese momento todavía pensaba que esto me había pasado a mí por ser como era. Lo que yo necesitaba en aquel momento, casi para poder vivir, era tender un puente entre mi experiencia y el mundo, porque sentía que había algo incomunicable -explica Marina-. La pieza se estrenó en salas pequeñas, pero tuvo buena acogida, y lo que me impactó fue lo que pasaba a la salida. La gente se quedaba hablando. Algunos exmiembros me decían que nunca habían hablado de esto con nadie y que era muy fuerte para ellos ver esa historia representada. Desde la película Camino (Javier Fesser, 2008) no se había hecho ninguna película, documental o libro que tratase sobre este tema. Pero lo que de verdad me marcó fue darme cuenta de que lo que yo creía una experiencia aislada no era puntual. Entonces me di cuenta de que tenía que seguir investigando”.
Este año salió a la luz La Obra (Aguilar-Random House, 2026), libro autobiográfico en el que Marina cuenta su historia y nos permite descubrir muchos aspectos poco conocidos sobre el funcionamiento de este grupo coercitivo.

-En un momento del libro dice que, a pesar de haberte desvinculado del Opus Dei hace muchos años, todavía te sientes a veces que eres una “traidora entre los tuyos”.
-Hay que tener en cuenta que el Opus Dei atraviesa toda tu realidad familiar y cotidiana; no solo está presente en el colegio, sino en los “clubs”, en la educación que recibes en casa y en esas figuras de numerarios o sacerdotes que vienen a comer a casa y que conforman parte del núcleo familiar, aunque no sean de sangre. Son vínculos muy potentes, así que no es extraño que haya muchas personas salgan del Opus Dei pero no quieran hablar de este tema, porque de alguna manera sienten que es una traición a los vínculos que has generado desde la infancia.
-¿Cómo reaccionaron tus padres ante tu salida?
-Mis padres no son el centro de la historia que cuento en el libro, pero sí doy algunas pinceladas. Cuando me voy de la Obra, mis padres me acogen en su casa, aunque no se habla demasiado del tema. Y a medida que empiezo a hablar públicamente, las posiciones de mi madre y mi padre son diferentes entre ellos. Esto pasa en muchas familias vinculadas al Opus: el nivel de adhesión tiene muchos grises. Hay siempre una cierta incomodidad que comprendo. La sensación de que has dado a tus hijos lo que pensabas que era lo mejor para ellos, y que ellos parece que te están reprochando algo. Pero yo nunca olvido que ellos también han sufrido esta manipulación. Que respeten que yo esté haciendo esto ya me parece un privilegio, porque hay familias donde esto no pasaría.
-Además de este libro, participaste en el documental El minuto heroico, dirigido por la periodista Mònica Terribas, que arroja luz sobre muchos aspectos desconocidos sobre el funcionamiento interno de la organización y su sistema de abusos y coerciones: desde el sistema de captación de menores hasta el trabajo en régimen de semiesclavitud de las numerarias auxiliares ¿Te consta que haya aumentado el número de personas que se han desvinculado de la Obra a raíz de esto?
-Creo que es muy difícil que alguien que está dentro salga a raíz de un libro o un documental. Recuerdo que cuando salió la película Camino vinieron a explicarnos que era mejor no verla, que estaba llena de clichés, que era sensacionalista. Con El minuto heroico hicieron lo mismo: enviaron mensajes por WhatsApp, organizaron charlas de alerta, publicaron en su web su propia versión de los hechos. Lo que sí ha pasado es que hay exmiembros que nunca habían hablado y que ahora han sentido que por fin tenían algo que poder enseñar a sus amigos o a su pareja actual para que entiendan lo que ellos o ellas vivieron.
-Tu historia ayuda a derribar muchas de las ideas erróneas que muchas personas tienen sobre el Opus Dei. Una de ellas es que solo es una “secta de pijos”. La realidad es mucho más compleja (y terrible).
-En el fondo, al Opus Dei le viene muy bien que las críticas desde fuera sean muy estigmatizantes, poco precisas y lanzadas desde cierta superioridad, porque les ayuda a desacreditar cualquier opinión externa y reforzar las ideas del grupo. “¿Veis como no nos entienden?” “¿Veis cómo no saben de lo que hablan?”. Cuando estás dentro, y eso me ha pasado a mí, el hecho de que la palabra “opusina” se utilizase popularmente de forma despectiva y para hablar de gente rica, cuando sabes que no lo eres, te lleva a desestimar cualquier crítica externa.
-Trampas económicas y trabajo no reconocido
-Dentro de la jerarquía del Opus Dei, hay tres grandes categorías de miembros femeninos célibes. La numeraria es la figura de más estatus. Son mujeres con estudios universitarios, que viven en centros del Opus Dei y dedican su vida a las labores apostólicas de la organización. Las numerarias auxiliares son mujeres de extracción humilde y por lo general sin estudios y reclutadas muy especialmente en países latinoamericanos. También viven en los centros y hacen voto de celibato, pero su "vocación" consiste en realizar el trabajo doméstico de esos centros: cocinar, limpiar, lavar. Trabajan en un sistema que se ha calificado de servidumbre, porque muchas entran siendo menores y trabajan sin contrato ni cotización.

- Foto: Marta Ribes
Marina fue agregada, una categoría intermedia y menos conocida. A diferencia de las numerarias, las agregadas no están obligadas a vivir en los centros del Opus Dei: pueden vivir con su familia o en un piso compartido con amigas. Mantienen una vida más integrada en el mundo exterior, pero sí asumen el celibato y una vinculación espiritual y disciplinar con la organización.
-Tú vienes de una familia numerosa que llegaba a pasar apuros económicos. Las becas para ti fueron esenciales, pero también eran una trampa. Te becaron para estudiar en Bilbao, y años más tarde te convencieron para estudiar Comunicación Audiovisual en la Universidad de Navarra, en lugar de una “universidad pública de rojos”. Saliste en 2011 con 22 años y una deuda de 27.000 euros sin aval.
-Al ser agregada, yo podía vivir con mis padres o en un piso, pero cuando entré con catorce años me dijeron que “para que mi vocación no se apagase” por estar demasiado en contacto con el mundo exterior y en un colegio público, lo mejor era que me fuese a estudiar a Bilbao, con una beca para un colegio privado del Opus que había aparecido de un donante anónimo. Me dijeron que podía estudiar y trabajar a la vez limpiando en un centro junto a numerarias auxiliares para sufragar mi comida y alojamiento. Estuve trabajando durante dos años y siendo menor; sin contrato y manejando maquinaria en una cocina industrial. Cuando años después pedí que se me reconociese ese trabajo en la vida laboral, la respuesta fue: “Tú no trabajaste allí, eras voluntaria”. Me sorprendió mucho esa negación tan radical y tan directa. Y luego está el testamento. Todo te lo dibujan como si viniera casi de Dios, solo así eres capaz de firmar un cheque en blanco. El testamento implica que todos los bienes que puedas recibir o generar en el futuro se los quedan ellos, a través de fundaciones y asociaciones. Son la pantalla: pueden ser asociaciones legítimas, pero solo las llevan personas del Opus Dei y financian colegios, universidades y clubes.
-Aquí en Valencia ha habido una huelga histórica en la educación pública con demandas específicas contra los concertados con colegios del Opus Dei. ¿Crees que la actual Conselleria de Educación se está tomando suficientemente en serio las implicaciones de financiar con dinero público este tipo de centros?
-No, en absoluto. Hay varios puntos aquí. Primero, no es solo que el Opus Dei tenga instituciones que reconocemos porque dicen abiertamente estar vinculadas a él. Es que hay profesionales del Opus Dei que no sabemos que lo son. Un juez, un abogado, un psicólogo. Cuando yo quise ir a un psicólogo, me recomendaron uno del Opus Dei. Yo lo deduje, pero no tenía manera de saberlo con certeza. Y cuando hay un caso de abuso en un colegio vinculado a esta organización y tú vas a denunciar, no sabes si la persona que te atiende es del Opus Dei o simpatizante o está sufriendo presiones de ellos.
Por otra parte, los colegios segregados por sexo son, en su propia jerga, “semilleros de vocaciones”. El objetivo último es que los niños acaben siendo del Opus Dei. Esta organización ha conseguido posicionar en la mente de la gente que este tipo de colegios tienen la mejor educación, pasando por alto todo lo demás. Me parece realmente peligroso.
-A raíz de las denuncias de las 44 numerarias auxiliares argentinas en 2021 por captación y explotación laboral, el Papa Francisco impulsó una reforma jurídica del Opus Dei, reduciendo parte de su autonomía institucional, ¿Crees que la Iglesia -y el nuevo Papa León XIV- está abordando realmente las denuncias contra la organización?
-Lo que hizo Francisco está bien en cierta manera, pero son cambios muy superficiales. A raíz de la denuncia de las auxiliares en Argentina anunció que se iban a revisar los estatutos. Antes el Opus reportaba directamente al Papa sin ningún intermediario. Ahora les han puesto como un ministerio, lo que puede interpretarse como una especie de degradación de rango. Pero cambiar los estatutos no significa que vayan a dejar de entrar menores ni que vaya a haber menos numerarias auxiliares. Significa que tienen que dejar claro qué tipo de asociación son. Además, llevan desde 2022 con idas y vueltas y todavía no se ha aprobado nada. Desde mi perspectiva, lo que va a permitir es que el Opus reformule las cosas para seguir haciendo lo mismo, pero con un lavado de cara a nivel estatutario.
-El impacto estético del Lux de Rosalía; películas como Los domingos, que de repente gustan tanto a laicos como a ciertos sectores católicos; el éxito masivo de un grupo de pop cristiano como Hakuna… ¿qué está pasando?
-En general hay un repunte en todo tipo de espiritualidades, no solo el catolicismo, y el capitalismo tiene una gran capacidad de fagocitar los deseos de la sociedad y transformarlos en algo mercantil. Eso es una realidad. Sobre Los domingos -a mí me gustó mucho la película-, me sorprende que haya personas que no vean que lo que se muestra es el proceso de captación de una menor y un adoctrinamiento. Me parece que no sabemos tener pensamiento crítico como sociedad.
Rosalía es artista, hace una performance, tiene una imagen pública y otra privada. Una cosa es tener creencias en un plano performativo y otra cosa es que eso se utilice para someter y controlar a personas dentro de una organización coercitiva. Lo que sí me parece legítimo preguntarse es por qué nos parece tan guay que Rosalía aparezca con un pañuelo en la cabeza cuando hay niñas musulmanas a quienes casi no les dejan entrar al instituto con el pelo cubierto. Ese doble rasero existe y creo que forma parte de un momento cultural y político que me preocupa.