Nerea Pérez de las Heras publica ‘Fantasma’: “Me falta una pierna, pero mi voz sigue siendo la misma”

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VALÈNCIA. El domingo 23 de julio de 2023, “mientras el país votaba” para las elecciones generales, la periodista y comunicadora española Nerea Pérez de las Heras estaba bañándose en el agua turquesa de Menorca. Mientras estaba en un viaje con su pareja y sus amigas, le ocurrió un accidente fatal: la hélice de un barco se la arrancó del cuerpo y Nerea pasó a ser una persona independiente de su pierna, de la que habla ya en pasado. Ahora, ese dolor y todos los aprendizajes de ese accidente se relatan en Fantasma (Alfaguara), una novela que navega entre la autobiografía y el ensayo y que se presentará este martes 20 de octubre en la librería valenciana Bangarang, con una conversación conducida por el escritor Christo Casas.

Viajando a un verano de hace tres años, y comprendiendo el cuerpo y la mente de la autora, Fantasma habla de la memoria del cuerpo, y de cómo ha aprendido a comprender su nueva vida como mujer amputada a través de diferentes capítulos que van, por orden de llegada, desde El hospital y El amor hasta La fama, El dolor y El tiempo. También se habla de La prótesis y de Lo extraño, llegando en la parte final del libro hasta El mar, donde nace esta historia. Con una pierna prostética de quince mil euros con la que puede hacer de todo menos correr -porque eso sería un suplemento de siete mil euros- la autora muestra su nuevo cuerpo en esta novela que habla sobre la fortaleza del ser humano y su capacidad de adaptación.

 

-¿Cómo te sientes ahora que Fantasma ha visto la luz?

 

-Pues muy impactada, y a la vez contenta. A efectos prácticos, estoy bien, porque ya no tengo el zumbido en la cabeza de tener que escribir. Ahora he pasado esta etapa de escritura y memoria y es un alivio muy grande. También estoy contenta de que esta novela llegue a las lectoras, da vértigo, pero hasta el momento estoy recibiendo un feedback muy bonito de esta historia. También estoy recibiendo las reacciones de los escritores que me gustan, que me están diciendo que les ha gustado y para mí eso es todo un mundo.

 

-En tu anterior trabajo, Feminismo para torpes (2019), también escribes desde el “yo”, aunque desde otro prisma, ¿cómo de importante es para ti contar con esa voz propia para contar tu historia?

 

-Creo que es mi manera de crear; es casi una inercia narrativa, porque es como hago el resto de mi trabajo. Voy de lo pequeño a lo estructural, y es mi manera de contar quien soy. Lo hago igual en televisión y en mis columnas, aunque Fantasma cuenta con un ritmo mucho más literario.

 

-El libro combina la narrativa con la autobiografía, generando un relato que cuenta con mucha profundidad y a la vez bastante ritmo, ¿cuáles son las claves para hacerlo?

 

-El libro trata de ser literario mientras genera algunas imágenes sobre mi historia, y además intento mantener el ritmo, que te diría que ha sido lo más ambicioso. También cuenta con bastantes novelas referentes, como el Manifiesto Cyborg de Donna Haraway. Es cierto que al principio intenté ser muy exhaustiva con las novelas referentes, intenté abarcar muchísimo y de una bibliografía iba a unas cinco y luego a otras cinco.

 

Encontré muchos datos e historias muy interesantes, y lo que hice fue ponerlos al servicio del relato. Me he dejado llevar de una manera instintiva por las voces que más me llaman, aunque solo incluyo las que encajan con la novela para que se entienda bien la historia. Ha sido un proceso tan divertido como abrumador. Abrumador también para mi pareja, a la que en cada momento le comentaba lo que había descubierto.

 

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-En el libro mencionas también algunos momentos clave del posoperatorio, como cuando te encargan una columna para hablar del beso no consentido de Rubiales a la futbolista Jenni Hermoso. Un encargo que te llega cuando aún nadie sabía lo de tu amputación, ¿cómo se sintió ese encargo y volver a escribir siendo Nerea?

 

-Creo que, aunque me faltara una pierna, mi voz seguía siendo la misma, y lo sigue siendo ahora; está intacta. Ciertamente, con el paso del tiempo, mi escritura se ha visto contaminada por el trauma y por la pérdida, y que el duelo no acaba nunca. 

 

-Por otro lado, en el capítulo de La fama, escribes también de cuando comunicas por redes sociales el accidente y te empiezan a llegar encargos para que hables del tema, o para que te conviertas en imagen de esta misma historia, ¿qué te hace pensar esa especie de “privilegio”?

 

-Se me da voz un poco por quién soy y lo que ha pasado, pero lo cierto es que estaba abrumada, también contenta y sí que me sentía privilegiada. La lesión genera en mi mente una imagen de película de terror, algo que me mantuvo muy asustada y creo que con este tipo de encargos siento también una especie de amor muy diferente y un cariño bastante único. 

 

-Otro de los temas que se aborda es esa “toxicidad tóxica” que se aplica a las personas disidentes con términos como “campeona” o “superheroína” por haber superado algo, o estar en ello.

 

-Creo que esa comunicación se genera siempre de gente que no ha pasado este tipo de procesos, aunque evidentemente lo hacen desde el amor. Existe una admiración condescendiente con la que se trata a las personas con una discapacidad o con cierta condición física. A mí no me gusta que me traten de campeona por ser una mujer amputada que consigue subir la escalera en el metro.

 

Los mensajes de superación están bien, suelen nacer desde el cariño, pero hay que parar un poco con la “campeonización”; es una cosa que hay que abandonar, igual que pasa con los libros de mujeres extraordinarias que se centran en figuras como la de Frida Kahlo o Marie Curie. Pueden resultar referentes, pero no hay que elevarlos de esa manera.

 

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