Óscar Bernàcer: "Vivimos en una sociedad que penaliza mucho los errores"

Entrevista

Cine

El director debuta con el thriller rural Eixam, que acaba de estrenarse en el  Atlàntida Mallorca Film Fest y llegará a los cines el 4 de septiembre

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VALÈNCIA. Las carreras profesionales no siempre siguen una línea recta. A veces, los anhelos esperan pacientemente su momento, en el caso del cine, guardados en un cajón, hasta que se alcanza la trayectoria, los arrestos o una combinación de los precedentes con el azar, para romper mano. Ese ha sido el periplo vital de realizador mallorquín Óscar Bernàcer, quien tras una sólida trayectoria en el documental, el cortometraje y la producción entre las cabezas pensantes y ejecutantes de Nakamura, acaba de estrenar en la sección Talent Balear del Atlàntida Mallorca Film Fest su primer largometraje de ficción, Eixam.

Este thriller rural protagonizado por Pablo Molinero y Cristina Fernández Pintado llegará a los cines el próximo 4 de septiembre, pero ya se ha visto en la tierra natal de este realizador y productor afincado en València, que ha estrenado en los cines Rívoli, que se encuentran a tan solo 15 minutos de casa de su padres.

- ¿De dónde surge esa mirada al mundo de las abejas, que habitualmente consideramos idílico y ordenado?

- Sí, además la abeja es uno de los insectos más importantes para la humanidad por su carácter polinizador; tiene una tarea vital en el equilibrio de la naturaleza. Hay una mirada idílica, pero también de respeto y misterio hacia esa marcialidad con la que trabajan. Tienen un patrón en grupo espectacular. Por un lado está esa apariencia idílica que luego guarda oscuridad, pero por otro, parecen la única esperanza de supervivencia. Hace poco vi una una serie sobre abejas en Disney + que me dejó alucinado.

- A pesar de haber firmado un thriller con un poso pesimista, ¿mantienes cierta esperanza en las comunidades autogestionadas?

- La película no pone el foco en juzgar a una comunidad autogestionada. Eixam utiliza el entorno de la aldea para plantear preguntas sobre la organización social. Lo enseñamos a pequeña escala, pero es extrapolable a las grandes ciudades y a los municipios. El tamaño reducido nos ha venido bien para generar esa sensación de olla a presión y de espacio asfixiante, a pesar de estar rodando en la montaña y en espacios abiertos. De lo que hablamos al final es de relaciones humanas, de relaciones de poder y de conceptos como la libertad, la seguridad y las segundas oportunidades.

- ¿Estás señalando entonces que ante un error o un fracaso pecamos de pensar que no hay alternativa?

- Vivimos en una sociedad que penaliza mucho los errores. A nivel económico, cuando no puedes seguir adelante con un proyecto y tienes que reestructurar tu vida, lo económico pesa muchísimo. En los últimos años, tanto en redes como a través de ciertas personalidades, se utiliza el malestar general para lanzar un mensaje purista e individualista: "Si lo haces bien, te va a ir bien; si no te esfuerzas, te va a ir mal". Y eso es mentira. Te puedes esforzar y que te vaya mal. El mensaje que está calando es que todo depende en gran parte de ti, como si tú fueras responsable de todo.

 Estamos en una sociedad que siempre está capitalizando absolutamente todo y creo que cuando las cosas no van bien, cuando nos sentimos desamparados o las cosas no funcionan, es interesante que pensemos que el grupo puede ayudarnos, pero desde los medios y los altavoces de las redes sociales se está desprestigiando mucho el trabajo colectivo.

La trama traslada a la audiencia a una aldea aislada en la montaña donde un grupo de desheredados convive en una comunidad utópica que ofrece segunda oportunidad a todos aquellos que lo han perdido todo. Este es el caso de Lluc, el protagonista, que llega a este paraje tras tocar fondo, solo para descubrir que en ese aparente paraíso el precio que le exigen pagar por su seguridad y una convivencia equitativa es su propia libertad.

Como apunta la guionista Joana M. Ortueta, Malpàs es «un lugar donde el espectador querría vivir, hasta que de la mano del protagonista va descubriendo el reverso oscuro de ese paraíso. La historia se va oscureciendo imperceptiblemente hasta que la necesidad de huir lo impregna todo”.

 

- El origen del proyecto lo fechas en 2005, cuando rodabas un documental sobre una liga de fútbol femenino de inmigrantes, y les acompañasteis a una manifestación donde se coreaban proclamas contra el precio de la vivienda. Dada la evolución de esta crisis social, ¿sientes que la película es hoy más necesaria que nunca?

- Cuando di el paso con mi pareja de comprar un piso, lo hicimos con un salto al vacío, porque el alquiler era imposible. El año pasado hubo 112 desahucios al día en España y tres de cada cuatro eran inquilinos. Es demoledor. La sensación de desprotección es cada vez mayor y parece que el Estado no pueda responder. Es un mensaje que me parece súperpeligroso, porque las instituciones y los movimientos sociales son fundamentales para caminar hacia un lugar más justo.

- Esa proclama de que "solo el pueblo salva al pueblo", ¿puede resultar peligrosa?

- Tiene una lectura muy romántica y bonita, pero también esa segunda lectura peligrosa. Yo fui algunas veces a echar una mano durante la dana, no todas las que pude ni las que me hubiese gustado, y aquellos días, según con quién hablabas, reparabas en perfiles que identificabas muy rápido, de personas que tienen una opinión bastante negativa de la política y de los partidos, de lo que realmente puede hacer lo la administración para ayudarte.

Había algún chaval que decía: "Si es que tiene narices que estemos nosotros aquí haciendo esto, esto lo tendría que estar haciendo el gobierno”. Cuando también lo estaban haciendo, pero la magnitud de lo que sucedió fue descomunal. En un desastre así, toda ayuda fue buena, pero el mensaje que acabó calando es que las administraciones son fallidas. Tienen mucho más que decir las asociaciones civiles y los grupos de trabajo colectivos que aquellos individuos que se dedican a desprestigiarlas.

 

El germen de Eixam tiene prácticamente tantos años como la productora que Bernàcer fundó junto a Jordi Llorca y la guionista Joana M. Ortueta, Nakamura Films. En esos 15 años, el cineasta ha rodado cortometrajes y documentales, y producido éxitos del cine valenciano reciente, como la adaptación de la novela gráfica de Paco Roca La casa (Álex Montoya, 2024), que se alzó con cuatro galardones en el Festival de Málaga, y Mientras seas tú (Claudia Pinto, 2023), Goya a la Mejor Película Documental. 

Su productora nació con la modesta ambición de que sus integrantes pudieran desarrollar sus proyectos personales con calma mientras continuaban trabajando como profesionales en el documental, en el guión, en la producción y en cuestiones técnicas de rodaje. Con el paso del tiempo, y destaca Bernàcer, especialmente tras la incorporación fundamental de Araceli Isaac, esta pequeña empresa de apenas cinco miembros ha experimentado un notable crecimiento profesional.

“Desde su creación hasta ahora, ha supuesto un crecimiento profesional y un refuerzo de la amistad, de lo que nos une, y a nivel profesional nos ha ayudado para ser miembros de soporte, para lanzar nuestros proyectos, los pequeños y los no tan pequeños”, resume el realizador novel, que resume su día a día en pelear mucho, trabajar más y pequeños momentos de recompensa como el que supone estrenar Eixam.

La demora en su debut la achaca a un cúmulo de circunstancias. Cuando empezó a mover el proyecto hace años, sus cortometrajes de éxito eran comedias, de modo que toda vez que “picheaba” este thriller rural, le miraban con extrañeza. 

“Intentar hacer lo que te apetece tiene un precio elevado. Hubo momentos en que pensé que nunca haría ficción y que lo mío eran los documentales. El proyecto aparecía y desaparecía como el Guadiana. Pero hace unos años se abrió la vía que ha permitido que hoy estrenemos Eixam y que mi siguiente película esté ya en postproducción. Me lo tomo como un regalo”, se reconforta.

Sin embargo, como reconoce Bernàcer el trabajo en una empresa de ese tamaño implica convivir de manera continua con la incertidumbre: “Tenemos la sensación de que hemos crecido un poquito, pero siempre con la sensación de estar  mirando al precipicio, porque con productoras así, tan pequeñitas e independientes, no sabes si hoy no caeremos o si podremos seguir avanzando, pero vamos a seguir a ver qué pasa”.

 

- Los dos protagonistas de Eixam proceden del teatro físico, en el caso de Pablo Molinero, y de la danza, en el de Cristina Fernández Pintado. ¿Ha condicionado su vínculo con las artes escénicas la expresividad de la película?

- Ha sido casualidad, pero es verdad que son dos actores con una expresividad corporal brutal. En el caso de Cristina el trabajo fue justo al contrario: ella es un torbellino y necesitábamos que actuara tranquila, muy hierática en su forma de hablar, moverse y mirar. Tuvo que contenerse bastante. Fue divertido.

- En la película también participa La Maria, voz revelación de la escena valenciana, con la que ya trabajaste para el obituario de los Premios Lola Gaos y aquí, en un funeral. 

- Al arrancar la película, quise buscar esa conexión entre creadores del País Valencià. Interpreta un personaje pequeño. Le dio cierto respeto porque no había actuado nunca, pero como sale cantando, le resultó natural. Le encantó la experiencia del rodaje y terminó componiendo e interpretando el tema final de la película, que es precioso.

- ¿Qué aportaron a la verosimilitud de la película el rodaje en enclaves de Bejís, Chelva y Calles?

- Lo que buscábamos siempre era que a nivel visual el espacio contara mucho. Teníamos que ofrecer una sensación de aislamiento y también paradisíaca, de naturaleza más agreste, más virgen. El espacio principal, que han sido las aldeas que están en Bejís, ha resultado fundamental, porque sin dejar de ser mediterránea, la montaña tiene un aspecto más continental, un espíritu más duro. Por desgracia, además, la zona había sufrido un incendio hacía poco tiempo y estaba empezando a rebrotar, lo que aportaba un plus estético ideal para el tono oscuro y lúgubre que andábamos buscando. Las casas de piedra de las aldeas eran indispensables. También rodamos en parajes como La Platjeta de Chelva, que tras la dana tenía un aspecto aún más salvaje y brutal.

 

Después de necesitar tres lustros para estrenarse en el largometraje de ficción, Bernàcer ha pillado velocidad y a finales de este año espera poder estrenar su reválida, una dramedia titulada María Martínez Ruiz no puede volver en cuya postproducción se haya inmerso: “Lleva muchísimo tiempo  porque, al estar ambientada en un programa de televisión de la época, todo el trabajo con los monitores y la ambientación es minucioso”. 

Su segunda película traslada al público al backstage de la televisión y de la sociedad española de finales de los noventa y principios de los 2000. La trama está protagonizada por la castellonense Carmen Arrufat y cuenta en su reparto con Sílvia Abril y Àlex Monner, además de una amplia presencia de actores valencianos como Sergio Caballero y Núria Herrero.

Según avanza, “es una producción que también va a generar un impacto y un debate, porque trata sobre la responsabilidad de los medios de comunicación y de quienes emiten los mensajes”.

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