CASTELLÓ. Este martes en Castelló tenemos una ocasión magnífica para disfrutar de una de las orquestas de cámara más reconocidas del mundo: la English Chamber Orchestra. Pero si faltaba algún aliciente para acercarse al concierto del Auditori (19.30 horas), el director principal invitado es el valenciano Roberto Forés Veses, titular de la Orquesta de Extremadura con una trayectoria avalada por su labor al frente de la Orchestre National d’Auvergne en Francia, las producciones que ha liderado en plazas como Zúrich y su formación en la Academia Sibelius en Helsinki.
Forés entiende la música como un trabajo colectivo en el que la preparación individual, la confianza entre los músicos y el conocimiento profundo de las obras resultan fundamentales para alcanzar una interpretación común. Así lo explica en conversación con Castellón Plaza horas antes del recital que este pasado domingo ofreció la English Chamber Orchestra en el Cadogan Hall de Londres, donde abrió el concierto de la misma manera que lo hará en el Auditori: con Arriaga y su Apertura en Re Mayor. En Castellón, eso sí, el programa lo completará con el concierto para piano número 4 y la sinfonía número 4 de Beethoven. Ocasión magnífica, como decíamos, para comprobar las razones por las que esta orquesta ha sido y es una leyenda de la música clásica.
-¿Cómo se prepara una orquesta de este nivel para la actuación en el Auditori?
-Preparamos el programa con ensayos. Ten en cuenta que una orquesta como esta no necesita el tiempo que habitualmente requiere una normal en temporada de conciertos. El ritmo de trabajo es muy elevado e intenso, y son muy eficientes. Al ser una orquesta de cámara, todo es más reducido y familiar. Nos preparamos trabajando el programa de Castelló, pero también rodando nuestro repertorio.

-¿Hay mucho trabajo antes de los ensayos?
-Sí. Tanto los músicos como yo tenemos que hacer un estudio personal antes de presentarnos a los ensayos. El ensayo es el momento de poner las ideas sobre la mesa, de llegar a una concertación, de encontrar una interpretación uniforme en la que todos estamos a gusto. Hemos de ir en la misma dirección, y eso solo puede suceder después de ese trabajo personal hecho antes, tanto por mi parte como director como por la de los músicos. Yo tengo que ser capaz de saber proponer las ideas que quiero transmitir y ellos deben llegar con su interpretación lista para que técnicamente no haya problemas. De esta manera, el trabajo a hacer en los ensayos es plasmar las ideas musicales.
-Entonces, ¿el trabajo individual de cada músico ha de estar ultimado antes de reuniros?
-Sí. Para que se entienda, el primer ensayo es un disco ya a nivel técnico. A partir de ahí, tú modelas la interpretación y haces propuestas como director. Como estamos hablando de una orquesta de cámara, todo es más familiar; estamos todos en el mismo equipo.
-¿Conoces a la perfección a cada uno de los que están delante de ti en la English Chamber Orchestra?
-Sí. Muestra de ello es que nos tratamos todos por el nombre. Nos conocemos perfectamente. Una de las cuestiones que caracteriza a la English Chamber Orchestra es la confianza que tenemos los unos con los otros. Es algo que estimo indispensable para poder hacer la música como nosotros entendemos que ha de ser. Así pues, cuando llega el momento del ensayo, estamos ya en un punto muy especial.
El ensayo es el momento de poner las ideas sobre la mesa, de llegar a una concertación, de encontrar una interpretación uniforme en la que todos estamos a gusto
-¿Los miembros de la orquesta también saben a la perfección lo que tú les vas a exigir?
-Nos conocemos tanto que conocen cuáles son mis ideas musicales y por dónde voy a ir con cada obra. Añado algo más: yo también sé por dónde van ellos. Hay propuestas musicales que salen de los músicos y que estoy encantado de escuchar. Hacemos música juntos.
-¿El repertorio para Castelló lo has preparado tú, Roberto?
-Sí, lo he decidido yo. Siempre soy la persona que escoge las obras que se preparan para cada actuación. En este caso en concreto, me interesaba contar una historia. Así que para el programa de Castellón todo comienza con un niño de 15 años, que es Juan Crisóstomo Arriaga, un enfant prodige de Bilbao que se fue a estudiar a París a principios del siglo XIX. Es la única figura española que hay con ese nivel en ese periodo. Y a él, en este recital, le acompaña un Beethoven que, si bien no tenía 15 años cuando compuso las piezas que escucharemos, sí que era relativamente joven cuando escribe su concierto para piano. Tanto esta pieza como la sinfonía que está también en el programa son dos encargos que le hace a Beethoven algún noble o algún miembro de la nobleza. Es por eso que son dos obras que se estrenan en primer lugar en la casa del noble de turno, y luego ya en público. Me interesaba mucho contar esa conexión de la época que compartía Beethoven con ese joven español que fue Arriaga.
-Veo que el director tiene trabajo antes incluso de sentarse con sus músicos...
-Claro. A mí me gusta estudiarlo todo. No podría hacer música sin saber el contexto de esas piezas que voy a interpretar, la sociedad de la época, la biografía de los compositores, sus motivaciones, los distintos paralelismos que se dan entre ellos… Son aspectos que para mi trabajo me resultan fundamentales. Es una manera de entender esos momentos, así como conocer cuánto sucedía en Viena o París. ¿Qué significaban esas ciudades en Europa y qué conexiones se daban entre ellas? Es esencial saber las respuestas para confeccionar un programa.

-¿Cómo llegas a ser director de orquesta?
-Es que yo tenía un padre que dirigía la orquesta del conservatorio. Siempre lo vi dirigir y era algo natural en casa. Además, él tenía colegas que también se dedicaban a la dirección, y resultaba algo familiar para mí. Creo que siempre tuve esa idea, y en un momento dado empecé a trabajar como músico en la orquesta de Valencia. Eso hizo que cada semana yo estuviera con un director distinto. Como te decía antes, a mí no solo me interesaba el hecho musical de un concierto, sino ir más allá. Quiero acercarme al contexto y a la historia, pero también tener curiosidad por viajar y conocer otras culturas. No quiero ser un director que solo impone algo a sus músicos, sino ser una persona que comparte la música como filosofía. Por todo eso es por lo que tomé la decisión en su día de intentar ser director de orquesta.
-Entiendo que tu familia disfrutará especialmente de tus éxitos...
-Sí, evidentemente. Así ha sido siempre. Formo parte de una familia de músicos y, por tanto, se vive con normalidad lo que yo hago y con mucho orgullo también. Hay mucho que compartir en familia cuanto voy haciendo.
No estoy en contra de las nuevas tecnologías; tenemos que ser aliados
-¿Las nuevas tecnologías están cambiando la forma de consumir música clásica?
-La gente escucha lo que le interesa. Y si hay un disco de Beethoven que tiene tres sinfonías, igual a una persona no le apetece escuchar las tres, y lo que sí que desea es oír un movimiento de una de ellas. Eso lo posibilita el modo de consumir música hoy en día. No estoy en contra de las nuevas tecnologías; tenemos que ser aliados. Hace muchos años había un programa de radio donde se escuchaban piezas sueltas populares de música clásica. A mí me gustaba mucho, y el hecho de que ese fuera el formato me mantenía enganchado a escuchar esa música. Por ahí tenemos que ir, al igual que por el camino de ofrecer variedad en los programas y ser originales.
-¿Podría ser una fórmula para atraer a más gente a las salas de conciertos?
-Quizá necesitemos nuevos formatos. La English Chamber Orchestra, cuando sale de gira, da un concierto concreto, pero en tanto que orquesta residente, intentamos hacer formatos como los propios de hace dos siglos. En aquella época había conciertos largos en los que se mostraba a una orquesta, a un pianista o a un cantante, por ejemplo. Había mucha variedad. Esa fórmula, pero de forma reducida, es la que intentamos poner en práctica. Pero también ofrecemos variedad en la duración, programando incluso conciertos de media hora. También combinamos música de cámara y orquesta en ocasiones. Hay fórmulas que creo que pueden funcionar muy bien. Seguramente el público estaría encantado de encontrar esa variedad en los auditorios.
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