CULTURA

APRENDER FOTOGRAFÍA

¿Sabemos mirar? Un taller y un cuaderno para aprender a leer imágenes en la era de las pantallas

Cerca de 200 estudiantes participaron en Segorbe en un taller impulsado por el fotógrafo Julián Barón, que invitaba a leer la fotografía desde la emoción y el pensamiento

  • Un grupo de estudiantes durante una de las sesiones de 'El ojo que escucha'.
Suscríbe al canal de whatsapp

Suscríbete al canal de Whatsapp

Siempre al día de las últimas noticias

Suscríbe nuestro newsletter

Suscríbete nuestro newsletter

Siempre al día de las últimas noticias

CASTELLÓ. ¿Sabemos leer imágenes? ¿Cómo se lee algo que no tiene sujeto ni predicado, ni palabras que nos guíen? Esa fue la pregunta que el fotógrafo castellonense Julián Barón lanzó a un grupo de estudiantes que asistían al taller El ojo que escucha, impulsado por la Comisión Delegada de la Fundación Bancaja en Segorbe y celebrado el pasado mes de diciembre en la sala de exposiciones Casa Garcerán, coincidiendo con el XXX Salón Fotográfico Ciudad de Segorbe. Ante la pregunta, muchos respondieron que “no”. Una reacción que dio pie a uno de los momentos más reveladores de la actividad. “Sois la generación más expuesta y más inmersa en el lenguaje visual”, les planteaba Barón a los alumnos, y añadía: “sabéis hacerlo mejor que nadie. Os comunicáis constantemente por WhatsApp o por redes sociales, a través de emoticonos, con un signo puramente visual. O incluso con una fotografía, que, de repente, ya no necesita palabras”. 

Lo que ocurre, como recuerda Barón, es que vivimos rodeados de imágenes que nos emocionan, nos afectan y nos hacen sentir cosas, pero no siempre somos conscientes de cómo las recibimos ni de qué pensamientos activan en nosotros. Miramos mucho, pero miramos rápido, y pocas veces nos detenemos a pensar qué vemos exactamente. “Las imágenes nos hablan todo el tiempo, pero a menudo no las escuchamos. Mirar no es solo abrir los ojos; es pensar, sentir, recordar, imaginar”, plantea Barón. Y es precisamente ahí donde se situaba el taller: en lograr activar una mirada más atenta y estimular la reflexión artística entre jóvenes que se relacionan en un contexto saturado de estímulos visuales.

En su puesta en marcha, el taller contó con cerca de 200 estudiantes de tercero de la ESO y Bachiller artístico de los centros IES Cueva Santa, Seminario Menor Diocesano, Colegio La Milagrosa e IES Alto Palancia. A lo largo de las sesiones, se les invitó a preguntarse qué ven en una imagen, qué sienten al observarla, qué piensan de ella -qué ideas o mensajes les sugiere- y también qué queda fuera del encuadre, qué es eso que no aparece en la foto, pero intuyen que está. 

Como punto de partida, Barón trabajó con una antigua fotografía suya y entregó al alumnado un cuaderno didáctico (con diseño de Laura Carrascosa) dónde se planteaban todas estas cuestiones. En la imagen se podía ver a una niña de espaldas, frente a dos gigantes y cabezudos, mientras que la calle del fondo parecía vacía, ajena a cualquier fiesta. A partir de esa escena, el taller propuso descomponer la imagen en diferentes capas: en el plano del sentir, hay quien podía sentir ternura, risa contenida o miedo; en el del pensar, surgió la idea de que el miedo también forma parte de la infancia y de que, a veces, lo que asusta es lo que más nos atrae; en lo que no se ve, Barón aludía a sensaciones invisibles como “la respiración que se acorta” al encontrarse de frente con esas figuras.

“El ejercicio nos ayuda a dividir ese caos de la mirada en qué veo, qué pienso, qué siento y qué no se ve, para atender cada parte por separado y conseguir que la lectura e interpretación no sea solo más ordenada, sino también más completa. Al final, esto también nos ayuda a conocernos más, que es otro de los objetivos”, señala Barón.  

En este caso, el taller se concibió desde el inicio como una puerta de entrada a la propia exposición del Salón Fotográfico Ciudad de Segorbe, con la voluntad de acercar las obras al público joven desde un enfoque más didáctico y participativo. No se trataba únicamente de visitar la muestra, sino de trasladar ese mismo ejercicio de lectura a una muestra colectiva, en la que las imágenes son muy distintas entre sí, al proceder de contextos y miradas diversas.

“Es una exposición que se celebra en Segorbe desde hace 30 años, una plataforma para unir a personas aficionadas a la fotografía de la zona, pero también un espacio abierto, donde llegan obras de toda España”, explica Julián Barón. El Salón se articula como un concurso con dos categorías -una de ámbito general y otra comarcal- y un jurado profesional que se reúne cada año para seleccionar y premiar las obras presentadas. A lo largo de su trayectoria han pasado figuras tan destacadas de la fotografía española como Castro Prieto o Díaz Burgos. En esta edición, la muestra reunió un total de 40 obras seleccionadas entre las 156 fotografías presentadas a concurso. 

Por lo que respecta al taller El ojo que escucha, las sesiones se organizaron en dinámicas de unas dos horas, con grupos que fueron pasando por la sala durante las mañanas del mes de diciembre. Tras una breve contextualización sobre qué es el Salón Fotográfico y su importancia en Segorbe, el grupo bajaba a la sala de exposiciones. Allí, la visita se transformaba: no se trataba de explicar obra por obra, sino de que cada grupo eligiera aquella fotografía que más le había gustado, incomodado o extrañado. A partir de esa elección, respondían las preguntas planteadas y, posteriormente, compartían las lecturas de manera voluntaria.

En ese contexto, el encuentro también sirvió para reflexionar sobre el vínculo cotidiano que tenemos con las imágenes. Barón lo planteaba desde un ejemplo muy reconocible: las fotografías familiares que llenan las casas de nuestros abuelos y abuelas, colgadas en la pared o colocadas junto al televisor, casi como “pequeños altares domésticos”. A partir de ahí surgía una pregunta sencilla: “¿para qué sirven esas imágenes?” La respuesta conducía a hablar de la potencia que tiene una fotografía para activar recuerdos y generar una energía emocional ligada al afecto, al cuidado y a la importancia que una persona tiene en la vida de otra. “Por eso nuestras abuelas las tienen ahí -explicaba Barón-, para tener siempre cerca algo que les produce un recuerdo positivo”. 

Mirar más allá del taller

La recepción del taller fue mejor de lo esperado, como reconoce Barón. La experiencia conectó con el alumnado, pero también con el profesorado, que vio en la propuesta una herramienta útil para trabajar en el aula. Tanto es así que la intención es repetir la experiencia en próximas ediciones del Salón Fotográfico. “El taller fue muy potente; como en todos los sitios, había alumnos más motivados que otros, pero en conjunto fue una experiencia muy enriquecedora”, señala el fotógrafo. 

Uno de los elementos que explica esa continuidad es, precisamente, el cuaderno que acompañaba el taller, concebido no como un material cerrado ni ligado únicamente a la exposición, sino como una herramienta flexible. Barón subraya que el ejercicio puede trasladarse a cualquier contexto: al aula, a casa o incluso se puede trabajar a partir de una imagen encontrada en un periódico del día o en Instagram. Basta con elegir una fotografía y aplicar la misma guía -qué veo, qué siento, qué pienso y qué no se ve- para activar una lectura más consciente.

Esa idea recorre todo el cuaderno, que recuerda al alumnado que no se trata de acertar, sino de mirar: “No hay respuestas correctas, solo maneras distintas de mirar”, se lee en sus páginas. 

Recibe toda la actualidad
Castellón Plaza

Recibe toda la actualidad de Castellón Plaza en tu correo