Cine

'Un altre home': el pequeño gran drama de la cotidianidad capturado en una eficaz película

David Moragas firma una película aparentemente sencilla, se diría que discreta, con algunas virtudes impecables como su capacidad para captar el drama de una vida sin dramas

  • Marc (Lluís Marqués) y Eudald (Quim Àvila) no pasan por su mejor momento en ‘Un altre home’.
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VALÈNCIA. Las miradas naturalistas de cineastas hoy consolidados como Carla Simón o Carlos Marqués-Marcet abrieron, hace ahora más de una década, una vía plausible en el cine español. No era un camino del lenguaje que no estuviera ya transitado, pues gran parte del alumnado aventajado (también en la cuestión de clase) de la ESCAC —la escuela de cine catalana por excelencia—, ya había expresado sus inquietudes artísticas a través de la puesta en escena realista y el abordaje de lo íntimo en métodos de trabajo actoral y largas secuencias sin cortes. No era, pues, una vía expresiva: era ante todo una prueba de viabilidad económica que animaba a productoras y distribuidoras a apostar por determinado cine, y determinados cineastas.

Esta vía, que han recorrido cineastas como Gerard Oms en Molt lluny, Clara Roquet en Libertad, Pilar Palomero en La maternal o Lucía Alemany en La inocència, también nos ha dado la posibilidad de conocer a directores más jóvenes como Elena Martín en Júlia ist y Creatura, o David Moragas en A Stormy Night

Todas ellas son películas que abordan, de alguna forma, asuntos de lo que se considera esfera privada y que nos apelan a todos: el despertar sexual, el embarazo no deseado, la sexualidad armarizada, los miedos asociados a crecer y amar distinto, la complejización de la vida y el deseo con cada aniversario. 

Ahora el último mencionado, David Moragas, vuelve al cine con una película que hereda esta sensibilidad y la traslada a un drama que es, sin duda, un salto cualitativo con respecto a su anterior largometraje. La historia de una pareja gay cuya vida en la Barcelona de hoy se ve alterada por la llegada de un vecino muy guapo. Un drama eficaz, sin efectismos ni manierismos formales, que se crece en la repetición, en el detalle y en unas interpretaciones entregadas de Lluis Marqués, Bruna Cusí y Quim Àvila

  • Marc y Eudald descubren al vecino de enfrente. -

La cotidianidad como peldaño imposible

Marc (Lluís Marqués) es un diseñador de éxito que vive un buen momento profesional. Puede pagarse un buen piso en la gentrificadísima selva de Barcelona, que comparte con su pareja Eudald (Quim Àvila), a quien no le va tan bien en su carrera como actor, aunque no se queja. Llevan juntos varios años y la consuetudinaria convivencia ha hecho mella en su trato para con el otro. Apenas tienen relaciones sexuales, se les ha apagado la llama y no se animan el uno al otro como lo hacían antes. 

La llegada de un vecino también gay (José David Cerda que no dice una sola frase y aun así está estupendo), a quien gustan de ver sin camiseta y en calzoncillos cuando sale al balcón a fumarse un cigarro, altera el interior de Marc. El deseo por el otro se enciende, se tuerce y se manifiesta de formas sorprendentes. 

Se le pueden criticar, discursivamente, algunos dejes que la película parece no ser consciente de arrastrar a lo largo de todo el metraje. El cliché de la promiscuidad sexual dentro del colectivo homosexual surge aquí repetidamente, incluso se castiga con un personaje que tiene dudas de haber contraído VIH. También parece condenar moralmente dicho cliché, con una escena de un incómodo y no consensuado intercambio de parejas.

Y su perspectiva de clase puede dificultar la conexión emocional con su protagonista: Un altre home es, fundamentalmente, una película muy pija. Dos tíos que viven en un pisazo, tienen buenos trabajos y parejas bellas y estables que les aman, están tristes. Y su relación empieza a resolverse con la adquisición de un casoplón idílico alejado de Barcelona. Bien por ellos.  

  • Marta (Bruna Cusí) altera la vida de Marc de formas que sorprenden al propio protagonista. -

A pesar de todo, en Un altre home Moragas capta con pericia y tacto los problemas de un día a día felizmente repetitivo. Monótono y por eso mismo percibido como una losa para el protagonista, Marc. Aunque pronto, el guion escrito por el mismo Moragas, entiende que la cotidianidad no existe más allá de como relación con nuestro tiempo vivido en gerundio. El día a día está dinamitado de pequeños eventos que se salen de toda ‘normalidad’ y alteran cada evento haciéndolo único. 

Esto se personifica en el personaje de Marta (Bruna Cusí), la hermana de Marc. Una mujer que en lo profesional también tiene una situación exitosa, pero en lo personal no supera la muerte de su madre, sospecha que su hijo es homosexual, y se ha quedado embarazada de nuevo, pero no quiere ni tenerlo ni decírselo a su marido. Su día a día irrumpe en el de Marc como un huracán: una vida llena de cambios y retos que afecta a la suya propia.  

En su retrato de ese espejismo de cotidianidad, el vecino sexy es la excusa para el desarrollo de un bello drama sobre una pareja normal, con problemas normales, también dentro del colectivo LGTBIQ+. Lo que hace que la película crezca en los detalles, en esa atención por el pequeño gesto que es, sin duda, gran significante. 

Un ejemplo: Marc tiene claustrofobia, así que no puede usar el ascensor para subir hasta su piso. Utiliza siempre las escaleras. Eudald, en cambio, podría subir a su piso en ascensor, pero decide subir a pie siempre que está con Marc. Le acompaña, en un pequeño ascenso diario, que requiere esfuerzo, pero que está dispuesto a hacer. Peldaño a peldaño, por amor. 

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