Una carta al mes para escapar de las pantallas: los ‘mail clubs’ llevan el arte al buzón

Diseño e ilustración

ILUSTRACIÓN Y DISEÑO A LA CARTA

La valenciana Helena López y la madrileña Selena Poirot envían cada mes cientos de sobres con ilustraciones, cartas y pequeños detalles para coleccionar, como parte de un movimiento que reivindica algo que guardar frente a las suscripciones a contenidos que no se pueden tocar

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VALÈNCIA. Cada mes miles de personas pagan por ver series y películas en streaming o escuchar música en alguna plataforma. Pero entre esas cuotas mensuales empieza a hacerse hueco otra suscripción: la de recibir un sobre en el buzón. Dentro aparecen ilustraciones, recetas de cocina, pequeños apuntes sobre ciencia y naturaleza, también sobre feminismo o cartas que hablan del duelo. Son los llamados mail clubs, proyectos con los que distintas creadoras han decidido compartir su trabajo por correo postal.

“La gente está cansada de pagar suscripciones por todo y no tener nada suyo. Nada que puedan guardar, reutilizar, releer, prestar… Pasa con la música, pasa con las películas, pero también se dice que va a pasar con los juegos de la Play, que ya no serán físicos”, resume Helena López, conocida en sus redes como ‘nisttica’. Esta valenciana empezó en mayo su mail club con 17 suscriptoras y ya supera el centenar. La naturaleza guía sus ilustraciones, mientras que en las cartas comparte experiencias personales y reflexiones sobre temas como el duelo o las inseguridades. “Lo que me llega por mensaje directo es que estas personas agradecen ese momento de sentarse con calma a leer la carta”.

También lo ve así Selena Poirot, creadora de ‘La Freesiadonna’, un mail club dedicado a descubrir plantas y flores muchas veces prohibidas. “La gente viene a nosotras por las redes, buscando salir de las redes. Suena contradictorio, pero es así”. Hace tiempo que los mail clubs empezaron a extenderse por Estados Unidos y Europa. Y, aunque no todas las tendencias encuentran la misma acogida al llegar a España, los clubs de cartas también se han hecho un hueco aquí a través de las redes sociales. Casi cada mes aparece una nueva propuesta y algunos llegan a enviar hasta 700 cartas por entrega.

  • Láminas de Selena -

Poirot recuerda que, frente a otro tipo de suscripciones, ellas muestran todo el proceso creativo que hay detrás y eso crea un vínculo todavía más estrecho con personas que están acostumbradas a no tener ni una película o canción en propiedad. “Últimamente estaba centrada en el diseño de joyas y había abandonado las ilustraciones. Tenía ganas de retomar el hábito de dibujar y vi que los mail clubs estaban extendiéndose por diferentes países, pero no sabía si aquí iba a calar mucho, porque es un concepto muy nuevo. Pero lo ha hecho, ha funcionado, y creo que es gracias a todas mis compañeras”, señala esta artista madrileña, nacida en París. 

La creadora de ‘La Freesiadonna’ atribuye el éxito que están teniendo los mail clubs a la variedad de propuestas y de artistas que hay detrás. “Es una forma de poder elegir y gracias a ello se ha abierto un nuevo mercado”, afirma. Fue precisamente ese brote de propuestas lo que animó a Helena López a crear su propio proyecto. “Vi por redes que mis compañeras se animaron a hacerlo y me empecé a interesar también. Había dejado un trabajo estable para dedicarme a la ilustración y la creación de contenido creativo, y si me lanzaba a ello tenía que hacerme autónoma, con lo que eso supone, pero al final me embarqué en ello, porque logras conectar muchísimo con tus seguidores. Les entregas un pedacito de ti que pueden tocar”. 

El trabajo detrás de cada carta

Madrid, València y Barcelona son, por ese orden, las provincias donde López tiene más suscriptoras. Cuando llevó los primeros sobres a Correos, la cartera de su pueblo le preguntó si se iba a casar. De alguna forma podría decirse que sí, ya que poner en marcha un club de cartas también supone asumir un compromiso que hay que renovar mes a mes. “Es una responsabilidad extra: la gente te paga para dar ese servicio regularmente”, explica. La valenciana se organiza por semanas: primero plantea la siguiente edición, prepara las ilustraciones y la carta y luego dedica alrededor de una semana y media a montar los envíos, firmar, escribir nombres y colocar etiquetas. Entre unas tareas y otras, el club no desaparece nunca de su agenda.

Eso sí, la tarea más difícil llega incluso cuando no hay suscriptoras. Y es que antes del primer sobre toca decidir qué se quiere contar. López bautizó su proyecto como ‘Nature Mail Club’ y encuentra en cada estación los motivos para sus diseños. En agosto fue el mundo marino y en octubre las calabazas, los murciélagos y los gatos negros. A partir de esa idea ha ido dando forma a las piezas del sobre, aunque la carta no tiene por qué seguir el mismo camino. “La temática del mes no suele ser: es otoño, voy a hablar de otoño. Es más el sentimiento que me provoca ese mes”, explica. En agosto, el recuerdo de su abuelo la llevó a escribir sobre el duelo. “El principal objetivo no es solo que la gente tenga mi trabajo en casa, sino que me puedan conocer”, afirma.

  • Láminas de Selena -

Selena Poirot encontró su hilo conductor en un libro sobre plantas prohibidas que recibió en Navidad. Aunque después ha incorporado otras especies que le gustan, agradece haber tomado aquella decisión: “Le agradezco a la Selena del pasado haber elegido una temática, porque pensar una nueva todos los meses no sabría gestionarlo. Me generaría mucho estrés”. La planta elegida aparece en una lámina con sus características al dorso y se traslada al resto de las piezas, entre pegatinas y extras que cambian con cada entrega.

Todo comparte una estética que la misma define como dark cute. “Juego con un diseño mono, pero al mismo tiempo tampoco es tan mono”. Sus flores y plantas tienen caras, un rasgo que empezó a explorar también con frutas y que ha acabado dando forma a ese universo entre lo tierno y lo inquietante. Una vez fuera del sobre, las ilustraciones pasan a decorar las casas de quienes las reciben o se incorporan a sus composiciones de scrapbooking. En esos usos encuentra la artista parte del atractivo del club, que invita a dedicar un rato a hacer cosas lejos de una pantalla.

Por su parte, elaborar solo los bocetos de la ilustración principal puede costarle tres días. Si suma el resto de las piezas, la impresión y la preparación de los sobres, calcula que dedica cerca de una semana de trabajo a cada entrega. “Te lleva una semana, pero rápidamente estás con el siguiente pack. Es como que no te da tiempo”, cuenta.

  • Láminas de Helena -

Una forma de sostener el trabajo creativo

Además del tiempo dedicado a diseñar y escribir, su trabajo también pasa por hacer cuentas y encontrar un equilibrio. “Invierto mucho en material e imprenta y los primeros meses estaba mordiéndome las uñas”, confiesa la creadora valenciana. Cada baja le generaba muchas dudas, aunque con el tiempo fue viendo que unas suscriptoras se iban, mientras otras llegaban. “Empecé a respirar al pasar la barrera de las cincuenta, porque ahí ya era solvente”, afirma López. 

Esa base le ha permitido mejorar los materiales, el papel y los sobres, pero también ganar tranquilidad para pensar en el club a largo plazo. Tanto que ya está planificando las entregas de 2027 y 2028. Por ahora, asegura, el proyecto le aporta mucho más de lo que le exige: “Me ha abierto un mundo, una puerta para conectar con mi arte”.

Poirot, que envía entre 150 y 200 cartas según el mes, también encuentra en el club cierta estabilidad. “Como autónoma, me da mucha tranquilidad económica. Ese apoyo es muy difícil de conseguir con el resto de mi trabajo”, señala. Por eso, al fijar la cuota en poco menos de diez euros, pensó en que fuera un gasto que sus suscriptoras pudieran asumir cada mes. “De alguna manera, tú me ayudas con la cuota de autónoma y yo ofrezco mi trabajo a un precio razonable”, explica.

La creadora reconoce, no obstante, que ese apoyo al club no se traduce necesariamente en nuevos pedidos de joyería, la otra faceta de su trabajo a la que dedica gran parte de su tiempo. Si bien alguna suscriptora le ha comprado una pieza, considera que son públicos distintos: “Hago una joyería que no es para todo el mundo”, afirma Poirot, quien entiende que alguien disfrute de sus ilustraciones y quiera tenerlas en casa sin querer llevar sus diseños puestos. Con ese público propio, su intención es dar continuidad al club y adaptarlo a lo que le pidan sus suscriptoras. Se plantea ampliar la temática o incorporar algún extra: “Por mi parte, me gustaría mantener ‘La Freesiadonna’ mucho tiempo”.

  • Láminas de Helena -

Entre quienes reciben sus sobres, hay quien encuentra también una forma de volver a sus recuerdos. “Mi abuelo era amante de las flores. En nuestro campo tenía no una, sino dos paredes con sus correspondientes maceteros largos solo para poder cultivar las rarezas que le gustaran”, le escribió Javier a Selena. “Recibir correos de este tipo me hace pensar muchísimo en él y aprender aún más de una de las cosas que tanto le gustaban”.

A Helena López también le llegan mensajes de quienes se reconocen en sus cartas. “Todos los meses me llegan mensajes que me hacen llorar”, cuenta. Algunas suscriptoras le dicen que se han sentido reflejadas o que necesitaban hablar de los temas que ella había llevado al papel. “Al final del día, eso es lo más gratificante, más que diez suscriptoras más o menos”.

La valenciana ya se sabe los nombres y las direcciones de las primeras que se apuntaron. Algunas, a su vez, la conocen lo suficiente como para intuir por qué ha pintado algo. No imaginaba esa cercanía cuando preparó los primeros sobres, pero la ha ido descubriendo con cada entrega. “Es una red que se teje, mucho más allá de la pantalla”.

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